Fotografía de la estatua de Viriato, en Viseo (Portugal) donde -como en muchos otros sitios de la Península, hay tradición de haber nacido el Héroe hispánico. TRADICIONALISMO CONTRA RETROGRESISMO Y PROGRESISMO
Fue Diodoro Sículo, a principios de nuestra era, el que registró en su obra "Biblioteca" un apólogo del que cuenta el historiador que el mismo Viriato refirió a los habitantes de Tucci (pronúnciese"Tukke"; hogaño llamada Martos y en la actual provincia de Jaén). Los tuccitanos habían estado a favor de Viriato contra Roma, pero la presión y los temores habían ido formando dos bandos: los que permanecían a favor de Viriato y los que, medrosos de las Águilas de Roma y su Legiones, recelaban del caudillo celtíbero por temer represalias de la poderosa Roma, a la que cada día veían más fuerte y terrible.
Este fue el cuento que les dirigió Viriato:
"Érase una vez un hombre, ni viejo ni joven, que había tomado dos esposas. La más joven de las esposas, para asemejarlo al aspecto de la edad de ella, iba quitando de la cabeza del marido los cabellos blancos. Al mismo tiempo, la esposa mayor iba quitando los cabellos oscuros. De modo que al cabo de la depilación, él quedó calvo."
Dejemos a un lado las costumbres bigámicas de nuestros antiguos antepasados celtíberos, y centrémonos en la profunda enseñanza de este apólogo. No creemos que Viriato lo inventara en Tukke ad hoc, para reprochar a los tuccitanos que se hubieran dividido, escindiendo la originaria y natural unión indígena, dando lugar a dos banderías. Más bien todo hace pensar que se sirviera del acervo tradicional de sus nativas Lusitania o Vettonia.
El cuento tiene sabor añejo. Como los del Conde Lucanor, como los que narran los viejos para enseñanza de las mocedades. Pero además, es significativo por lo que tiene de profundo y alegórico, amén de didáctico.
Vemos así cómo el interés egoísta de la mujer mayor tanto como el de la mujer más joven terminan arruinando al hombre que, bajo su techumbre, vive con ambas. Si parece cierto que la bigamia ha desaparecido desde aquellos tiempos a estos, la afición por formar partidos banderizos no ha cesado desde los tiempos de Viriato.
Peña de Martos, Tukke, en la que se sabe por testimonios históricos que (naciera donde naciera) Viriato estuvo refugiado y tenía sus cuarteles en la guerra contra Roma.En la vieja y en la joven del apólogo hallamos dos alegorías que expresan las dos tendencias -retrogresista y progresista: los dos campos contrarios. La única forma de escapar a la depilación, quedándose más calvo que una bola de billar, es tanto para el hombre -como para España- la única vía legítima: la tradicional, la tradicionalista.
La tendencia proto-retrogresista y la proto-progresista (esbozadas en el apólogo) son contrarias. Con harta frecuencia se confunde la vía tradicional, el tradicionalismo, con la vía retrogresiva. Pero un tradicionalismo retrogresivo sería tan falaz como una comunidad amish, de esas que todavía conservan medios de locomoción como el carro tirado por bestias, visten como sus abuelos y se dejan esa peculiar barba. No, el tradicionalismo no puede ser confundido con esas actitudes. Sería un error considerar que la Tradición sea la mera conservación de formas y aspectos que reviste una comunidad en un momento de su Historia, por la razón que fuere.
Queremos acercarnos a un concepto filosófico de TRADICIÓN que nos ponga a salvo de la fosilización, del retrogresismo. En cuanto al progresismo, todo está dicho y estamos a salvo, pues siempre abominamos de él. Su malignidad tiene la misma consistidura que el pecado original: "Seréis como dioses" -que dijo la serpiente antigua.

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