LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO COMO DEMAGÓGICA ILUSIÓN MASÓNICA
La libertad absoluta del individuo es uno de los artículos del Credo laicista. Se trata de un dictamen que se expresaría así: "El hombre es libre". Todo sucede en el pensamiento, y el pensamiento "tiene que ser libre" -según afirman-, sin restricciones morales que encuentren en la trascendencia legitimidad alguna para contravenir lo que el "hombre libre" piense -y ese pensar comprende desde la opinión hasta el febril delirio- en su "libre pensamiento". Un ser humano que no alardeara de esa libertad sería como los religiosos, según estos personajes: alguien disminuído, reducido y sometido a una voluntad ajena.

El demagogo socialista y masón francés Jean Jaurès, agitando a las masas
Para un "espíritu libre" no puede existir una verdad inmutable y sagrada. Con una imagen cargada de blasfema irreverencia lo expresaba el socialista francés Jean Jaurès, en la Cámara de Diputados un 11 de febrero de 1895:
"Si el ideal mismo de Dios se hiciera visible, si Dios mismo se presentara delante de las multitudes en forma palpable, el primer deber del hombre sería de negarle obediencia y de considerarlo como un igual con quien se discute, y no como al maestro que se soporta".
Hasta tales extremos llega la suprema soberbia de aquel que se toma a sí mismo como "espíritu libre", el librepensador. Hay que discrepar con todo, hasta con Dios: debatir, dialogar si queremos, pero discutir... No obedecer... Nunca servir. No hay que aceptar a nadie por encima de uno: ni al mismo Dios si se presentara.
La masonería se ufana de haber sido, a lo largo de los siglos, portaestandarte de esta autonomía absoluta de la libertad de pensamiento. La "mayoría de edad" de la Humanidad -así la denominó Kant supone la emancipación de toda estructura que pudiera mediatizar nuestro pensamiento, que es libre, que es subjetivo, que es nuestro. Se supone que, llegados a la mayoría de edad de la Razón, los hombres no tienen que obedecer a otros hombres, sino gobernarse a sí mismos (autonomía) sin acatar lo que otros puedan ordenar. No hay autoridad. Cada cual está legitimado para hacer lo que le dé la real gana, sin más miramientos. El que no lo haga, según Nietzsche, es un camello con jorobas que carga con el "Tú debes" que otros le endosan.
Y, ahora, veamos si esto es así para los grandes emancipadores de la Humanidad, como les gusta autodenominarse a sí mismos: los masones. Y para ello fijémonos en algunos textos internos de la Masonería que, pese a lo fragmentarios que son, no dejan lugar a dudas en su explicitación de "deberes".
En la Gran Logia de Chile, allá por el año 1950, entre otras directrices emitidas en una circular tras la "tenida de Pentecostés" (las "tenidas" son las reuniones de las logias) se establecía que era obligación de los masones: "...educar a sus cónyuges y sus hijos en los principios masónicos". Y no se trata de una sugerencia, dado que puede leerse que: "Los Venerables Maestros y demás Oficiales de Logias deben vigilar, en la esfera de su acción, la enseñanza masónica y la estricta observancia de nuestros Rituales, a fin de que los Hermanos se penetren de lo que es nuestra Augusta Orden, su origen y sus métodos de enseñanza". Queda, pues, claro que no se trata de una invitación. Los hermanos "superiores" vigilarán que se cumpla lo mandado. ¿Dónde está aquí la libertad de pensamiento del iniciado masón? Puesta bajo la "autoridad" de sus "superiores". En modo alguno podría decírsenos que cada miembro de la masonería vive según su "libre pensamiento".
En la Constitución de la Masonería uruguaya podemos leer, entre otros artículos, estos dos: "Art. XXIV: "La Logia no puede desobedecer, ni enjuiciar a su Maestro". Jaurès amenazaba, más arriba lo veíamos, a Dios con polemizar con Dios si Éste se le presentara de modo visible: Dios sería "el maestro" al que no estaría dispuesto a soportar; en cambio, si el "maestro" de la Logia le ordena a Jaurès algo, obedecerá y se cuidará mucho de enjuiciar el criterio de su "superior masón". En el siguiente artículo, también de la Constitución de la Masonería de Uruguay, podemos leer: "Ar. XXVI: "Todo hermano está sometido a las leyes y a la jurisdicción masónica en que reside, aun cuando sea miembro de alguna Logia, o lo sea de otras lejanas". La libertad de pensamiento queda sometida a las leyes y reglamentos locales de la masonería. Es como si no hubiera llegado del todo la "mayoría de edad".
En definitiva, el "pensamiento libre" que los masones invocan queda reducido a un solo "pensamiento libre", el único que se les permite (por ser una obligación, digámoslo todo): el pensamiento libre consiste para ellos en rebelarse contra la religión, y más todavía si es cristiana, y con mucho más furor aún si es la católica. Por lo demás, el "pensamiento" de un masón queda sometido a la reglamentación que le marquen sus superiores masónicos y su Logia.
La "libertad de pensamiento", como vemos, es un espejismo. Se puede someter el pensamiento a los mandamientos de Dios y de la Santa Madre Iglesia... O, al final, someterlo a las arbitrariedades de un hierofante con mandil. Lo peor de todo es que, a la mayoría del personal no le hace falta estar dado de alta en una Logia para seguir sus dictados... Y, es peor, creerse exento de toda atadura, pensarse libre, absolutamente libre, como un "espíritu libre", cuando está invisiblemente amarrado a las consignas masónicas que expelen los medios de manipulación de masas.
En la Iglesia Católica sabemos que la puerta de la obediencia conduce a la auténtica libertad.
En las logias, la puerta de la presunta libertad conduce a la servidumbre de los adeptos y el sometimiento de las almas a los dictados que imponen los invisibles.

1 comentarios:
Muy bueno.
Hablando de Jaures, se sigue repitiendo la mentira de que fue asesinado por un miembro de la Action Française, Raoul Villain. Por ej. en Wikipedia y otros sitios "populares" de Internet.
Los otros días un sitio francés reprodujo el artículo de dicho diario (Action Française), donde se desmentía completamente el asunto, probando con documentación que Raoul Villain nunca había pertenecido a AF y que, por el contrario, era militante de Le Sillon, el famoso grupo democristiano dirigido por Marc Sagnier y condenado por San Pío X.
A veces parece que el "miente, miente que algo queda" atribuido a Voltaire, se ha convertido en regla de vida para muchos.
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