jueves, 15 de julio de 2010

ESTÍO DE EXCEPCIÓN

Allí donde ahora estoy no hay relojes. Suena la sirena que marca nuestros tiempos. La vida se ve reducida a su mínima expresión: se cubren las necesidades fisiológicas (el sueño con harta insatisfacción) y se trabaja. Del trabajo hacemos una oración y de la oración, una alabanza al Altísimo.

Supongo que la gente se pasea por la arena de las playas, reeditando un falso paraíso edénico, donde nadie tapa sus vergüenzas. Descansa la generalidad de la población, pero unos cuantos tenemos un verano distinto: "alternativo" dirían los mojigatos modernos. Excepcional diría yo, como los "estados de excepción".

Es una vida que durará unos meses. Después volveremos a la rutina y, con la rutina, regresaremos al hogar. Todos los aquí presentes, volverán a su casa. Tengo la experiencia hecha: retornarán, si Dios quiere, a la casa; pero no serán los mismos. El paso por la disciplina los habrá enreciado.

En un mundo de blandos, ellos serán más fuertes. Si en algo puedo ayudarles a tal fin será por la gracia del Dios Uno y Trino. Las personas pueden decepcionarnos. Hasta los que nos prometieron su amor incondicional terminan haciéndolo. Pero sé de Uno que es Trino que es de fiar. Siempre confío en Él, pues Él -el Dios del extraño mutismo que habla a través de lo más común- nunca me ha decepcionado.