
Retrato de Ramón de Basterra
"Se desmoronó la gran España, se dispersaron los españoles del globo.
Tejamos ahora la Sobrespaña. Unamos a lo superhispanos."
Tejamos ahora la Sobrespaña. Unamos a lo superhispanos."
("Vírulo, mediodía", 1927)
RECORDAMOS A RAMÓN DE BASTERRA, EN SU NATALICIO: REIVINDICAMOS SU LEGADO ESPIRITUAL
Los versos de Ramón de Basterra que encabezan este pequeño homenaje al poeta bilbaíno rezuman nietzscheísmo. Sobre la España desmoronada, dispersa, el poeta nos exhorta a tejer la "Sobrespaña", neologismo formado a guisa de "Sobrehombre" -que era como solía traducirse el "Übermensch" nietzscheísta al castellano castizo, antes de hacerse como "superhombre". Los residuos nietzscheanos proliferan en la literatura española de la transición del XIX al XX.
El poeta bilbaíno cuyo natalicio celebramos -Ramón de Basterra y Zabala- nació el 31 de agosto de 1888 y murió el 17 de junio de 1928. Con otros inquietos vascos, Basterra funda la Escuela Romana del Pirineo. Aquel grupo encontró en la revista HERMES el punto de encuentro para el desarrollo de su concepción estética, ética y política de la vida vasca y española: Rafael Sánchez Mazas, Pedro Mourlane Michelena, Fernando de la Quadra Salcedo, José Félix de Lequerica, Jacinto Mequelarena, Pedro Eguillor, Joaquín de Zuazagoitia. Si consultamos en internet, veremos que el sectarismo nacionalista ha suprimido del listado de los miembros de la Escuela Romana del Pirineo a Rafael Sánchez Mazas. (Haremos bien en suponer que por ser un eminente falangista).
La figura de Ramón de Basterra, por muy relegada que esté, sobresale por encima de la de sus compañeros. Para Eugenio d'Ors, Ramón de Basterra era "La ambición más alta que nadie y la lucha de un aprendizaje obstinado y heroico". La obra poemática de Ramón de Basterra va precedida -o simultaneada- con una labor de reflexión sobre la Historia de España, sobre el ser de España, concibiendo la idea de España por encima de las contingencias de su decadencia, apuntada por tantos y tantos. Y Basterra descubre que los destinos de España no pueden ser sino destinos imperiales; los mismos que se trazaron, desde tiempos de Trajano, pues España está vocacionada por la Providencia a conquistar, dominar, colonizar, evangelizar y, en definitiva, civilizar: "Dominio universal de España" se titula uno de sus ensayos. El verbo fecundante del catalán d'Ors está presente entre los "Imperiales del Pirineo". José L. Aranguren lo afirma así: "¿Quién podrá negar la impronta del orsismo en aquella "escuela romana del Pirineo de los Mourlane, Sánchez Mazas y Basterra?".

Trajano, el Emperador de Roma nacido en Itálica, plenitud del tipo racial hispánico
El ideal de la Escuela Romana del Pirineo es el clasicismo al que aspiran, en su cada vez mayor identificación con el ideal Imperial. Resaltan las coincidencias con la Escuela Romana de París (Ezra Pound y T. S. Eliot). El conservadurismo ideológico del grupo vasco adopta cada vez un mayor autoritarismo, reflejo de los regímenes dictatoriales que están refutando en Europa a los sistemas parlamentarios obsoletos y a las democracias ineptas, fácilmente socavadas por la revolución comunista internacional. También coinciden, los de la Escuela Romana del Pirineo, en rechazar el nacionalismo vasco y su estéril y delirante etnocentrismo separatista.
El genial Ramón de Basterra escribió "La obra de Trajano" (1921), donde dejó recogidas las impresiones e ideas que le asaltaron en su viaje por Rumanía: ahí, evocando la portentosa e ibérica figura de Trajano, Basterra encuentra las razones de la misión imperial y civilizadora de España perfilada en lo temprano de la Historia por la Trajano que debeló a los dacios y domeñó la Dacia. En mayo de 1921, Basterra estuvo en Sevilla -muy cerca de la patria natal del Emperador y pronunciará una conferencia en el Ateneo de Sevilla, en el marco del II Congreso de Historia y Geografía Hispanoamericanas: "El primer colonizador español, Trajano, y su fundación en Oriente", basada en su libro.
En esa conferencia, Basterra afirma: "Trajano es un español del que nos apartan
mil años". Los 1000 años que nos separan de Trajano no nos separa de él: justamente, lo que valora Basterra es que, incluso habiendo pasado esos mil años, la base genética está intacta, se conservan los rasgos raciales -aspecto, temple y voluntad- del remoto bético en los del andaluz del siglo XX:
"A quien dude del españolismo andaluz de Trajano le cito para que concurra al Museo del Capitolio, en Roma, y contemple su estatua. El rostro de Trajano se destaca junto al de los italianos: su aspecto físico es el del español castizo: con un chambergo pavero parecería un picador; con una montera, un espada; de todas suertes, se parece bastante a Lagartijo" -afirma Basterra.
El patriotismo de Basterra, su imperialismo superador del nacionalismo vasco racista y separatista, le han servido para ser ninguneado en los manuales de texto de Literatura, como a tantos otros.
Pero aquellos jóvenes dolorosos españoles, aquellos que padecemos "el mal de España", que aspiramos a superarla en la Sobrespaña. Aquellos a los que él sigue invocando desde sus versos lapidarios, nunca lo podrán olvidar ni lo olvidaremos.
Y, vueltos a su retrato, conmemoramos su nacimiento con gratitud por su "idea y su hazaña". Y esperamos que su obra esté muy pronto asequible al lector.
mil años". Los 1000 años que nos separan de Trajano no nos separa de él: justamente, lo que valora Basterra es que, incluso habiendo pasado esos mil años, la base genética está intacta, se conservan los rasgos raciales -aspecto, temple y voluntad- del remoto bético en los del andaluz del siglo XX:
"A quien dude del españolismo andaluz de Trajano le cito para que concurra al Museo del Capitolio, en Roma, y contemple su estatua. El rostro de Trajano se destaca junto al de los italianos: su aspecto físico es el del español castizo: con un chambergo pavero parecería un picador; con una montera, un espada; de todas suertes, se parece bastante a Lagartijo" -afirma Basterra.
El patriotismo de Basterra, su imperialismo superador del nacionalismo vasco racista y separatista, le han servido para ser ninguneado en los manuales de texto de Literatura, como a tantos otros.
Pero aquellos jóvenes dolorosos españoles, aquellos que padecemos "el mal de España", que aspiramos a superarla en la Sobrespaña. Aquellos a los que él sigue invocando desde sus versos lapidarios, nunca lo podrán olvidar ni lo olvidaremos.
Y, vueltos a su retrato, conmemoramos su nacimiento con gratitud por su "idea y su hazaña". Y esperamos que su obra esté muy pronto asequible al lector.

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