viernes, 17 de septiembre de 2010

APRENDIENDO DE LA BIEN PLANTADA


Por fin, por fin encontré a "La bien plantada", de Eugenio d'Ors y la leí con deleite. ¿Quién es La Bien Plantada? La Bien Plantada se llama Teresa, pero también la Sabiduría se llamaba para el Dante Beatriz. Teresa es de carne y hueso, pero supera lo contingente para situarse en el rango de la Categoría. Eugenio d'Ors vivía entre ángeles, por eso pudo ver transfísicamente que en Teresa se concretaba la Raza. Pero tampoco es la raza, considerada en sus parámetros biologicistas -que son los que miden los necrófilos medidores de cráneos, obsesionados por la pureza del ADN. Teresa tiene "aquella señoría que sólo puede proporcionar una larga y fiel obediencia a los designios tácitos de la raza".

La mujer, en Xenius, es el sagrario de esa Raza a la que hay que obedecer: "Porque las mujeres son los palpitantes canales por donde llega a lo futuro la sangre ancestral y toda su gracia infinita". Eugenio d'Ors descubre a Teresa en su esplendor femenino, y rinde pleitesía a la belleza distante de esa joven que es un dechado de "seny", amén de una belleza en todas sus proporciones, realización del ideal clásico contra lo barroco; del orden frente al desorden; del canon frente a lo espontáneo; de lo mediterráneo limitado frente a las nieblas nórdicas o los agostantes calores tropicales... De lo clásico contra lo romántico.

A Teresa, por ser bella, la pretenden los jóvenes. Un diputado gallego de los demócratas la ronda. La ironía antidemocrática de d'Ors es exquisita:

"Como nuestra Teresa es tan pueblo -tan profunda, fina, fielmente pueblo-, y el diputado, tan demócratra, no se han entendido. Él quiso deslumbrarla y cautivarla inmediamente. Ella con sólo verle ya advirtió los puntos que calzaba".

El diputado demócrata se nos presenta como un mediocre engreído y un superlativo ignorante que confunde la cultura con el abecedario:

"...nunca llegaría a sospechar que una mujer como Teresa, tan noble, de su Raza, tendría cultura, aunque no supiese leer".

Pero, tras celebrar que el buen sentido común de Teresa haya burlado las pretensiones del diputado bobo, Eugenio d'Ors -maestre de la Orden de La Bien Plantada- sufre, como toda la corte de los admiradores de Teresa, una profunda conmoción. Eugenio la acusa más que ninguno si cabe: Teresa se enamora de un hombre. Es así como Teresa-Categoría-Alegoría se rebaja, del mundo eidético, al mundo de la anécdota, de lo particular. El noviazgo de Teresa es sentido por Eugenio como una tragedia: Cataluña se sume en la barbarie.

"La Bien Plantada" se escribió en 1911. D'Ors había empezado su campaña "imperialista" antes del año 1905. La tesis doctoral que leyó en 1905 tenía como título "Genealogía ideal del imperialismo (Teoría del Estado-Héroe)"; el título es elocuente. La tesis se la dirigió el krausista Gumersindo de Azcárate; no podemos dejar de sonreírnos del disgusto que sentiría el krausista por hacerse cargo de una tesis doctoral con semejante tema central.

Así fueron las cosas: en un principio el catalanismo no pugnó por la secesión mostrenca e ingrata. Los catalanistas imperiales querían, como d'Ors, purificar a España del
liberalismo decimonónico, con sus chanchullos y lugares comunes, proponiéndonos una acción política intervencionista, una sociedad civil fortalecida en los valores culturales del optimismo, del clasicismo y de la voluntad. Así, pensaban ellos, transformarían a España. Cataluña sería nuestra Prusia.

"La Bien Plantada" es una de las obras más sublimes de la cultura catalana, de esa cultura catalana que no da las espaldas a España, por ser cultura y no cutrez rojoseparatista.