domingo, 5 de septiembre de 2010

EL SANTO ROSTRO REGRESA A JAÉN: 1940


LA MANSEDUMBRE DEL MÁRTIR PIERDE LO QUE EL CORAJE DE LOS HÉROES GANAN

Miembros del Partido Comunista de España en Jaén se llevaron a Francia, en su acelerada fuga, el tesoro acumulado en sus pillajes y robos. Entre los baúles que contenían su botín había uno en el que estaba el Tesoro más preciado de la Diócesis de Jaén: el Santo Rostro de Nuestro Señor Jesucristo.

Si estuviera vivo, no hubiéramos dudado en preguntarle a Ignacio Gallego, dirigiente del PCE de aquellos años y nacido en Jaén, si podría decirnos los nombres de esos facinerosos que saquearon las iglesias de Jaén y, a la hora de arramblar con todo, no repararon ni siquiera en respetar la Cara de Dios. Pero Ignacio Gallego está muerto, y a la tumba se llevó tantos y tantos secretos: crímenes cometidos en España y fuera de España, siempre al dictado de la KOMINTERN.

El arca que a nosotros nos interesa fue encontrada en un garage de Villejuif Bicetre. La gendarmería francesa se incautó de este baúl, tras su hallazgo, y detuvo a sus circunstanciales detentadores: un comunista búlgaro y el matrimonio Marset, propietario del garage y también de filiación comunista. El búlgaro y sus compinches franceses declararon ignorar la procedencia de este baúl, sin saber nada más que los sujetos que lo depositaron en su cochera: unos españoles que, según estos comunistas, eran para ellos desconocidos.

En su saqueo, los comunistas habían metido en aquella arca, a las prisas y corriendo en su saqueo, objetos preciosos en revoltijo con quincalla: lo mismo había collares de perlas que rosarios más ricos, como rosarios más modestos y abalorios, había dentaduras de oro (a saber a quiénes y cómo se las habían arrancado), bastones de mando, relicarios... Y, entre todo lo allí habido, estaba el Santo Rostro. También es curioso que se hallara un amasijo de plata del que podían verse todavía florecer las púas de los tenedores y el rabo de las cucharas que habían fundido, para tenerlo todo en un bloque argénteo mucho más portátil. También se encontró la colección de monedas antiguas de Don Lázaro Galdeano en promiscuidad con una cacharrería de cobre que, por el brillo, los comunistas pensáronse oro.

Enterado el Gobierno español del descubrimiento de este tesoro en Francia no tardó en pedir la restitución. La Embajada española en París asistió a la apertura de los cofres y así fue como se descubrió el Santo Rostro. El cristal que cubría el lienzo del Santo Rostro estaba roto. Se habían desprendido -o habían sido arrancadas- algunas piedras preciosas de las que estaban engastadas en el marco y el lazo de brillantes del tabernáculo, tampoco estaba. Según se supo después y, gracias a un recibo de la sede valenciana del Banco Español, el lazo de piedras preciosas había desaparecido en el traslado de Jaén a Valencia, donde estaba el gobierno de la República, antes de darse a la fuga, para escurrir sus responsabilidades por sus crímenes y robos. Vistas bien las cosas, no fueron exiliados, sino prófugos, forajidos internacionales.

El tesoro reunido por los comunistas de Jaén en sus pillajes por toda la provincia regresó a Jaén en la primavera del año 1940. Desde París, el corresponsal del diario YA escribía el 14 de marzo de ese año:

"Mañana por la mañana sale para España, en automóvil, la Santa Faz de Jesús que se veneraba en la Catedral de Jaén. El viernes a mediodía llegará a Irún y, posiblemente, el domingo a Madrid, donde se depositará en el Ministerio de Asuntos Exteriores hasta que el Caudillo, solemnemente, la remita a su secular morada".



Los comunistas "retornados" celebran la legalización del PCE, al inicio de la democracia: en el centro, el más viejo, Ignacio Gallego, comunista de Jaén, delincuente político y prófugo internacional.


Para hacer posible la restitución a la Catedral de Jaén de la Sagrada y Veneradísima Reliquia del Santo Rostro, trabajaron sin cejar el representante de España en Francia, D. José Félix de Lequerica, la Marquesa de la Torre, Don Felipe Rades, el Teniente Coronel Barroso y los secretarios Gasset y Díez Casuso, también el agregado de la Embajada, D. Francisco Marroquín, que fue el encargado de custodiar la Reliquia en su viaje de retorno. Una comisión de Jaén, presidida por el gobernador civil, D. Francisco Rodríguez Acosta, acompañado por la autoridad eclesiástica competente, nuestro querido D. Rafael García y García de Castro. D. Rafael era, en ese entonces, todavía vicario general del Administrador Apostólico; poco después sería exaltado a Obispo.

Parte de la comisión de Jaén que recogió en el Palacio de El Pardo la urna que contenía la Sagrada Reliquia del Santo Rostro.

El Caudillo de España, por la gracia de Dios, y Generalísimo de los Ejércitos, el Victorioso D. Francisco Franco Bahamonde, antes de entregar la Reliquia recobrada al gobernador civil y al vicario general del Administrador Apostólico, pronunció un discurso. De ese discurso extraemos estos impresionantes pasajes que nos dan una ligera idea de quién era Francisco Franco:

"Si meditáis en los hechos de esta Cruzada, si pensáis en el castigo de la barbarie roja, encontraréis un pueblo que estaba desanimado, una frivolidad presidiendo la vida española, un desvío, en resumen, de la vida recta, y así, cuando faltaba la autoridad, cuando hacen crisis las fuerzas coercitivas, queman vuestras iglesias, os arrancan vuestras reliquias ante la mansedumbre de los mártires; pero no lo harían contra la acción de los héroes. "¿Por qué no reaccionó -y no digo sólo la provincia de Jaén-, por qué no reaccionaron las provincias españolas? ¿Por qué se permitió la marcha de nuestros tesoros religosos? ¿Por qué fue posible que las manos rojas de sangre ultrajaran estas joyas? Por falta de espíritu y de coraje, por la falta de fe y por la decadencia de una sociedad que ha descendido tanto que la mueve la defensa de una mujer, pero no la de la Iglesia. Y es que la fe estuvo viva en vosotras, pero no en los hombres. "Permitidme que os hable con franqueza: hay que hacer que renazca la fe para que no vuelva jamás a repetirse este sonrojo. Que si esta vez ha vuelto vuestra Reliquia, porque Dios lo ha querido, peude un día no considerarnos dignos de ella. Que a su amparo renazca nuestra fe; pero que en el camino de Dios tengamos hombres con más coraje y mujeres con menos carmines."

Franco, volviéndose al Excmo. Sr. Obispo Doctor Eijo y Garay, le interpeló:

"Recibid, Excmo. Sr. Obispo, esta sagrada joya y ante ella jurad defenderla y que nadie logre jamás ultrajarla. ¿Lo juráis?"

Y ante la pregunta imperial de Francisco Franco, Monseñor Eijo y Garay y toda la delegación de Jaén -también aquellos que allí estaban, aunque no fueran de Jaén- gritaron a una, plenos los pulmones de aire y el corazón de emoción:

-¡SÍ, JURAMOS!

Y el Santo Rostro regresó a la Santa Catedral de Jaén, de donde lo habían sacado los delincuentes políticos del Partido Comunista de España.

Y recordaremos una de las frases proféticas de Francisco Franco:

"Que si esta vez ha vuelto vuestra Reliquia, porque Dios lo ha querido, puede un día no considerarnos dignos de ella".