"ESPAÑOLES, EL ESTADO HA MUERTO"
LA NÉMESIS SAGRADA DE JUARISTI
La lectura de "Sacra Némesis. Nuevas historias de nacionalistas vascos", de Jon Juaristi, se hace, como todos los libros que le hemos leído, con sumo gusto e interés: son libros bien estructurados, donde no falta la anécdota autobiográfica, donde el poder evocador de este poeta vasco, siempre nos depara sorpresas. Y, siempre que lo leemos, vamos a la caza sin que no nos cobremos buenas piezas, esas que se han perdido en el bosque originario de los nacionalismos secesionistas. Con "El bucle melancólico", Juaristi inauguró una obra que parece no acabar. La vastedad de su cultura filológica y filosófica, también histórica (como no podía ser menos), hace de Jon Juaristi uno de los ensayistas españoles que más nos congratula leer.
Invito a la lectura de "Sacra Némesis". Su fina ironía nos hará esbozar una sonrisa, a la par que descubrimos nuevas claves para interpretar hacia donde van las cosas. Pero lo que nos heló la sangre fueron las últimas páginas. Después de recorrer la metamorfosis del nacionalismo vasco -desde el integrismo aranista hasta el nacionalismo étnico, pasando por el nacionalismo revolucionario encarnado en la ETA del finifranquismo-, dos reflexiones de Juaristi nos hicieron pensar. Vamos a ellas, y no las voy a poner por estricto orden de paginación original:
1º "Proclamar que la normal participación política en las instituciones, el ejercicio del derecho al voto, de la libertad de expresión y manifestación son formas de resistencia contra el terrorismo es retórica vacía. Contra la violencia, no hay otra defensa que la violencia. La del Estado o la privada. Y es contradictorio e incoherente apelar a la vez a la lealtad constitucional y a la resistencia de los ciudadanos. Yo también lo hice, y me equivoqué, porque semejantes consignas no pueden sino aumentar la confusión y la desesperanza de sus destinatarios y acelerar así la derrota. [...] Ante la disolución del Estado, el individuo no cuenta con otra protección que la de su comunidad, si es que tiene alguna. En el País Vasco, solo existe, hoy por hoy, una comunidad: la abertzale. Fuera de ella, uno está a la intemperie. No hay ninguna comunidad democrática, ninguna comunidad española, ninguna comunidad no nacionalista, sino una muchedumbre de individuos aislados, votantes de un partido u otro, ciudadanos de un Estado que ha renunciado hace ya mucho tiempo a defenderlos con un mínimo de eficacia" (páginas 303-304.)
Aquí se pone el dedo en la llaga. Juaristi está hablándonos de la indefensión que siente cualquier disidente en Vascongadas. También, ¿por qué no? En cualquier parte del territorio de esto que sigue llamándose por inercia España -y que algunos, quijotescamente, seguimos empeñados que así siga siendo cueste lo que cueste. Analizando el párrafo, aun a riesgo de hacerlo más someramente de lo que convendría:
- a) La resistencia "democrática" es una farsa. ¿Dónde está el cacareado "espíritu de Ermua"? ¿Ubi sunt...? Toda esa pantomima diseñada por mentecatos y cobardes que se pintan las manos de blanco y corean, como un rebaño deplorable, consignas nihilistas como el: "ETA aquí tienes nuestra nuca". Y satisfechos con su talante pacifista, se van a su casa o al bar, a seguir viviendo en la abyección, sin pensar que tal vez pueden ser las próximas víctimas. ¿Se puede ser más imbécil? La "lucha democrática", la "resistencia democrática", el "patriotismo constitucional"... Y toda la retahíla de monsergas inanes, están condenadas a ser las mamporreras del terrorismo, cuando no la triste, penosa e impotente relación sexual de un macaco capón. Pero en ellas, en esa feria de la tontería, en esas engañifas, se complace la clase política (desde la izquierda a la derecha); así se regalan los oídos, ponen rostros compungidos de estreñido demócrata ante el féretro de las víctimas y se animan, los unos a los otros, a la victoria final: de la derrota en la derrota... A la catástrofe final. Eso es. El Espíritu de Ermua era un levantamiento popular, era ver a los cachorros de ETA comiéndose las uñas tras un escaparate, por miedo a ser linchados; era ver pateados por la calles de Pamplona a los simpatizantes de la capucha... Ese era el espíritu de Ermua, y vosotros -políticos indecentes- lo viciásteis con vuestra baba democrática. Y, así, con vuestras milongas, políticos vividores y parásitos, se viene aplazando la solución final de la lacra terrorista.
- b) Como bien apunta Juaristi, la solución no puede ser otra que la violencia. Pero una violencia legítima -a diferencia de aquella en que se especializó el corrupto felipismo (hablamos de los GAL). Pero...
- c) Juaristi afirma que: No existe comunidad democrática, tampoco española. La sociedad civil siempre que intenta su organización fracasa. El Estado está montado sobre una inmensa montaña de mierda, compuesta por intereses extranjeros que impiden a España levantar cabeza, que nos quieren sumidos en la servidumbre; el Estado, articulado en estructuras partitocráticas, teme a la sociedad civil: teme que la sociedad civil pueda adquirir una madurez social que la lleve a extraer la última consecuencia de todo este despropósito, esto es: que los partidos políticos son un cáncer. Por eso el Estado, allí donde ve un levantamiento espontáneo -como el que tuvo lugar con la muerte de Miguel Ángel Blanco, o como tuvo lugar en El Ejido- inmediatamente envía a sus proxenetas estatales: a esos personajes que se saca de la manga, que nos presenta en los telediarios, que nos los pasea por los dominicales de los periódicos de mayor tirada... Esos "representantes" se encargarán de que aquí no haya pasado nada.
- d) Sí, Juaristi lleva razón: no hay comunidad (ese es el máximo problema que tenemos), y no la hay por habérsenos dividido en categorías políticas (que traducen o pretenden hacer tal los partidos políticos), por habernos individualizado hasta el atomismo egoísta (¿por qué piensan ustedes que se atenta contra la familia con tanto afán? Para que no haya ni el mínimo vestigio de comunidad natural.) Pero, a veces pasa que, cuando esos individuos sufren una conmoción general, se aglutinan y reaccionan espontáneamente... Y entonces montan la gorda de las gordas... Y los etarras tiemblan, y sus interlocutores políticos "españoles" también tiemblan. Y el colectivo de delincuentes inmigracionista tiembla, y sus abogados oenegeros también. Conviene abortar ese conato de sociedad que reacciona -y el político interviene: se pone a la cabeza de una pancarta, se da abrazos con el que se supone es su adversario... Y cual un azucarillo en un café, todo lo que había y pudo haber se desvanece, se pierde inexorablemente. La oportunidad fallida tiene el mismo final que el más grande amor traicionado: que nunca vuelve.
- e) Y sí, Juaristi también lleva razón: el Estado ha renunciado a defendernos. Pero, habiéndolo constatado, nos preguntamos: ¿entonces para qué sirve ese obsoleto artefacto que tanto nos cuesta y no hace maldito el gesto de protegernos? No sirve para nada, no nos engañemos. Y termino pensando que soy un anarco-tradicionalista. Por favor, que nadie me confunda con un "conservador españolista" (eso se lo dejo a los mocitos del PP cuando les da el calentón patriotero): yo, de esta España que tenemos a día de hoy, no conservaría nada. Como Bakunin, pediría un pico y me pondría a demolerla. Todo lo que se ha hecho desde Felipe II a esta parte no es otra cosa que perder. Y el desenlace de las guerras carlistas que deparó la victoria del liberalismo fue lo peor que nos pudo pasar. Conclusión: el Estado español no existe. Existe un Estado, sí: como artefacto que arrogándose el nombre de Estado español nos cobra los impuestos, nos lleva a votar y nos adoctrina velis nolis en la respetuosa aceptación de sus Mitos e imposturas.
Juaristi reconoce en ese párrafo que él se equivocó, y se equivocó al creer que es posible pretender movilizar cívica y educadamente a las masas, cuando el Estado se muestra incapaz de darles el amparo que debe a sus ciudadanos. Se equivocó al creer en el "constitucionalismo" y en eso que se dice "resistencia de los demócratas", etcétera. Y, pese a todo lo que nos separa de Juaristi, digamos que le honra el rectificar cuando se equivoca: también fue miembro de ETA, y se enmendó -como Pío Moa fue del GRAPO y también rectificó.
Leer este párrafo nos supuso un gran goce. Pues leyéndolo advertimos que era toda una confirmación a nuestro camino -a mi camino personal que, a diferencia de los que tienen que rectificar (por errar), en este caso no necesita rectificar nada. No, no es soberbia: es simplemente constatar que desde que tengo uso de razón, esto a lo que Juaristi ha llegado, es lo que yo vengo diciendo. Y por eso, personalmente he roto más de un "minuto de silencio" -lo mismo en la Universidad, que después- cuando se me pedía que lo guardara por las víctimas del terrorismo: las víctimas del terrorismo no quieren nuestro silencio (no estamos legitimados a hacer ni un minuto de silencio, mientras un guardia civil sucumbe, y una familia se destroza; mientras un erchancha muere y una familia se desmorona; un policía, o un vecino de cualquier localidad española cae muerto); el imperativo moral nos manda estallar de cólera, armarnos y atacar. Y todo silencio -el del minutito silencioso- es un cómplice cobarde que hiede a tener los calzoncillos llenos de caca por cobarde), que huele a no tener la conciencia limpia. Yo no tengo que rectificar, pues desde siempre -como muchos de mis compatriotas que me leen- lo he tenido claro. Todo el ceremonial democrático y su discurso recurrente es una pérdida de precioso tiempo que certifica el grado de amariconamiento al que han sumido a la mayor parte de una población de borregos que, berreando consignas democráticas, van felices al matadero.
No tengo, por lo tanto, otra cosa que hacer que afianzarme con ahínco en mi postura inmutable:
La única solución para España es el tradicionalismo carlista, aunque hoy por hoy carezca de la adhesión que en el siglo XIX y buena parte del XX encontró en la Santa Madre Iglesia Católica -cuyo clero, digámoslo con todo el cariño, está cazando las moscas de Belcebú desde el Concilio Vaticano II.
PRONOSTICANDO EL AÑO 2010 EN 1999
Vamos al párrafo que nos heló la sangre. Para que el lector comprenda la razón por la cual se nos abrió la boca, como a los que se quedan pasmados, hay que decir previamente que el libro está escrito en el año 1999. Al hilo de una posible ruptura de "tregua" de ETA, afirma Juaristi que ETA atentaría de determinada manera:
"Una acción de tales características no solamente sería posible, sino inevitable, si el Gobierno español se negara a ceder a las demandas abertzales. ETA necesitaría entonces hacer una demostración de fuerza. De lo contrario, perdería toda su capacidad intimidatoria y el proceso soberanista, en su conjunto, se vería gravemente comprometido. Hay que suponer, además, que, según la lógica de la guerra interminable, este atentado tendría lugar en el territorio de la nación enemiga (el IRA golpeó en Londres), lo que crearía un malestar en la población española y la enfrentaría a la intransigencia de su Gobierno" (páginas 301-302.)Entienda el lector que, leer esto en 2010, después de los horribles atentados del 11-M de 2004, no tiene otra lectura que la que tiene. Juaristi estaba pronosticando lo que, a la postre, acabó sucediendo en las vísperas de aquellas elecciones. El resultado fue la victoria de esta calamidad pública cuyo nombre y apellidos he prometido no mencionar en esta bitácora, de todos conocido por su estúpida figura pública. Pero esa figura pública, surgida del charco de sangre de nuestros compatriotas, no tiene noción del honor ni de la vergüenza. Y los que con él siguen, tampoco.


1 comentarios:
Para enmarcar.
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