lunes, 4 de octubre de 2010

DE MONTEJURRA 1976

Romería en Montejurra, años 60

DE LAS TURBIAS CLOACAS DE LA TRANSICIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA

La edición de "España en la memoria", correspondiente al domingo 3 de octubre, ha tenido como tema central el Carlismo y el Requeté. Si bien hemos de felicitarnos por este paso adelante que consiste en presentarnos ante la opinión pública, se nos suscitan varias cuestiones tras haber visto dicho programa. Y para no dejarlo para luego, mejor lo hacemos ahora en caliente -pero con la serenidad que requiere algo tan importante para nosotros como el carlismo.

En primer lugar, en el programa se ha mostrado el carlismo que intervino en la Cruzada Nacional de 1936-1939. La presentación del magnífico libro compuesto por Pablo Larraz Andía y Víctor Sierra-Sesúmaga, "Requetés. De las trincheras al olvido" (pinchando sobre el título, puede leerse una recensión de Embajador en el Infierno), así lo mandaba. Se ha omitido explicar el carlismo desde sus orígenes (ex ovo omnia), y se ha optado en el programa por presentarlo "in media res"; no obstante, el programa ha servido para aproximar más al español a una realidad histórica que muchos prefieren orillar. Y eso es digno de celebrar.

Si algo nos ha disgustado del programa es esa sensación que se ha podido transmitir de estar hablando de cosas pasadas, de algo bonito, pero muerto y más tieso que la mojama. Y de eso, amigos de INTERECONOMÍA, pues no, va a ser que no y nada de nada. Se agradece que ustedes den cabida al carlismo, pero que nadie pueda leer -pues leería mal- que estamos dispuestos a ceder el testigo, conformándonos con estremecernos con las glorias del pasado. Que nadie piense que, como esto ya está acabado, aquí hay que ser "práctico" y votar al Partido Popular. Esa conclusión será negada por cualquier carlista que se precie; nunca nos hemos distinguido por nuestro sentido pragmático.

Y, en otro orden de cosas, nos hubiera gustado, es cierto, que ya que en el programa se ha hablado del desarrollo del carlismo tras la victoria de Franco, se hubiera tocado más a fondo cuestiones que son clave para entender el punto en que ahora estamos. Y esas cuestiones han sido aludidas, pero han dejado en nosotros la miel en los labios.

¿Qué pasó en Montejurra el 9 de mayo de 1976?

Montejurra, Monte Sagrado de la Santa Tradición

La fuerza del carlismo era todavía en 1976 muy respetable y considerable. Estábamos en plena transición -una época que por reciente, todavía está por estudiar más a fondo. Se estaba en plena faena estableciendo en España lo que para España habían diseñado en otra parte, que no era España: un modelo democrático a la estadounidense. Una democracia partitocrática, fundada sobre mitos que se irían instalando en la opinión pública. Bipartidismo: un partido a la izquierda (PSOE) y un partido a la derecha (Alianza Popular) eran el fin, para eso -por la calle del medio- enfilaría UCD hacia su bifurcación final, posicionándose unos con el PSOE y otros con AP.

A la izquierda, los comunistas -traicionados otra vez por Santiago Carrillo- y la CNT -ninguneada como si no hubiera existido- fueron anulados. A la derecha, fue anulada Fuerza Nueva. Estos eran los malos, claro: la extrema izquierda, los primeros y la extrema derecha los segundos. El Falangismo fragmentado en un rompecabezas de microfalanges reacias a prescindir del legado de José Antonio, según la hermenéutica de textos. Y los carlistas, ni a la izquierda ni a la derecha, pues nacimos antes, ahí estábamos... De romería en Montejurra.

Y, claro, nos la hicieron todavía peor. Primero, Hugo apostando por el socialismo autogestionario, en versión secularizada del aggiornamiento eclesiástico, tras el CV II. Y, al otro lado, los partidarios de Don Sixto. Con ello se ofrecía a la opinión pública un carlismo escindido. Pero no bastaba con eso, había que ahondar más en la división, y tuvieron que montar la que se montó en Montejurra. Era urgente liquidarnos de la escena política, meternos en las catacumbas.

Y estas cosas hay que estudiarlas más a fondo. Y poco nos equivocaremos si encontramos culpables (o, como poco, cómplices), en última instancia, a los que salieron gananciosos con todo ese follón.

Manuel Fraga Iribarne jurando los Principios del Movimiento

El juicio que merecieron los acontecimientos de Montejurra a D. Alfonso Ossorio, ministro de la Presidencia con el primer gobierno de Juan Carlos y, posteriormente, por ser confidente y de la privanza de Adolfo Suárez, nombrado vicepresidente segundo del Gobierno de Suárez, nos deja en la incertidumbre:

"En mi opinión, aplicando a los hechos un criterio puramente lógico, creo que los enfrentamientos que se produjeron junto al monasterio de Irache fueron fortuitos; que los que tuvieron por escenario la cumbre de Montejurra fueron premeditados y que alguien, de alguna manera, deseó que así sucediese. ¿Quiénes fueron los terroristas? Lo ignoro; no sé la respuesta".
(Alfonso Ossorio, "Trayectoria política de un ministro de la Corona", 1980.)

El encargado de realizar las investigaciones sobre la mariamorena que se armó en Montejurra sería Manuel Fraga Iribarne, a su regreso de Venezuela -pues se encontraba allí el 9 de mayo de 1976.

Lo que pasó en Montejurra no está todavía esclarecido. La versión que cunde es la que acusa a unos carlistas (los de Sixto) de abrir fuego contra otros carlistas (los de Hugo). Es la versión que le interesaba al poder: a la monarquía emanada del franquismo, a Henri Kissinger & Co. Pero, ¿quién había urdido toda la trama? ¿quién salía reforzado con todo ese jaleazo? Hasta un personaje como D. Alfonso Ossorio -nada sospechoso de carlismo, por cierto- puede afirmar que los tiros "fueron premeditados y que alguien, de alguna manera, deseó que así sucediese".

Manuel Fraga Iribarne investigó. Él sabrá mejor que nadie, bajo el bombín británico con que se cubría la cabeza en aquel entonces, lo que en Montejurra sucedió. A la larga, muchos de aquellos carlistas terminaron votando a Alianza Popular, y hoy lo hacen a su mutante, el Partido Popular.

Y va siendo hora de recuperar la unión, la comunión de todos.

2 comentarios:

Reke Ride dijo...

Es un tema de ésos a lo expediente JFK. Para mi, a riesgo de desvariar, a quien mas interesaba la infiltración marxista en el Carlismo y su autoaniquilación, fue a la derecha liberal española. Mas claro agua.

Un abrazo Maestro

Pelayo dijo...

Apreciado Maestro:
Enhorabuena por la entrada. Sin embargo en mi opinión deja muchos claroscuros. Lo mejor sin duda es atenerse a testimonios de carlistas presentes en aquella trágica jornada. A este respecto me parece muy interesante la documentación aportada en esta página, sobre todo la entrevista a Pepe Arturo Márquez de Prado: http://www.geocities.ws/montejurra1976/

No obstante aún hay más documentos sobre dicha jornada. Como la última entrevista pública del Rey Javier I, concedida a la revista "La Actualidad Española" donde desautoriza públicamente a Carlos Hugo, o una carta que Don Javier dirige a su prima Doña Enriqueta señalando que en Montejurra 76 "los carlistas hemos vencido a los revolucionarios".

En fin, fueron momentos durísimos y el desenlace fue fatal. Pero es necesario contextualizarlo a una etapa de enorme violencia política, con cientos de muertos cada año en España por violencia revolucionaria separatista y marxista. Más de veinte carlistas fueron asesinados durante aquellos años a manos de los que venian ocupando Montejurra invitados por Carlos Hugo. Lo que seria de lerdos es pretender que los requetés fuesen a enfentarse a una concentración revolucionaria (que es en lo que habia convertido Carlos Hugo la Sagrada Montaña de la Tradición que era Montejurra) desarmados. Hay que tener presente como se la gastaban los huguistas, con conexiones con ETA y con bombas contra periódicos carlistas: http://montejurralealtad.blogspot.com/2010/08/xl-del-atentado-contra-el-pensamiento.html

A la postre Montejurra 76 fue instrumentalizado por el gobierno ucedista. Pero lo que jamás se podrá negar es la valentía y la rectitud de intención de Don Sixto y de los carlistas que lo acompañaron ese día para parar los pies a una izquierda revolucionaria y separatista que intentó secuestrar Montejurra.