martes 26 de octubre de 2010
LAS MODAS Y LOS MODOS
LAS MODAS, RIDÍCULAS Y CORRUPTORAS
Nos cuenta Madame Campan, en "Esplendor y ocaso de María Antonieta" que:
"Todas querían lucir al instante los mismos adornos que la reina, y llevar aquellas plumas y guirnaldas a las que su belleza, entonces deslumbrante, prestaba un encanto infinito. Aumentaron considerablemente los gastos de las damas jóvenes, con las quejas consiguientes de sus madres y maridos; algunas contrajeron deudas; y hubo desagradables escenas de familia y matrimonios desavenidos. Comenzó a rumorearse que la reina acabaría arruinando a todas las damas francesas".
Y en 1617 escribía fray Antonio Marqués, ermitaño de San Agustín, en "Afeite y mundo mujeril" que:
"No hay polilla ni carcoma que así gaste los bienes y hacienda de una casa, por opulenta que sea, como la mujer vana y amiga de bien parecer. Sino miren hoy en España y verán en muchas casas las haciendas, de unas menoscabadas, de otras empeñadas y de otras consumidas y deshechas, como la sal en el agua, por las galas de las mujeres, que cuanto más mira la cara más destruye la casa."
Continuaba Madame Campan pintándonos el extremo ridículo al que habían llegado las modas de la aristocracia cortesana:
"La moda sufrió continuos cambios y los peinados alcanzaron tal altura con el andamiaje de gasas, flores y plumas, que las señoras no encontraban coches suficientemente altos y se las veía a menudo ir con la cabeza gacha o sacarla por la puertecilla. Otras optaron por arrodillarse, para dominar de un modo más seguro el ridículo edificio con que se habían sobrecargado."
Y nos pinta fray Antonio Marqués, en el libro más arriba dicho, el destino de aquellas cabezas, tras la muerte y su consecuente corrupción cadavérica:
"...la cabeza, para quien se inventaron tantas galas, rizos y listones, hecha cabeza de tiñoso pelada, sin adorno y llena de mal olor".
Las cabezas de María Antonieta y de sus nobles damas nunca resplandecieron más que cuando fueron cortadas por la guillotina, transformando a las mejores de aquellas -que habían sido tan frívolas- en espléndidos ejemplares, en nobles víctimas... Y hasta en mártires de Dios.
Es menester que grupos pensantes y actuantes transformen las modas corrompidas de la sociedad, pues cuando una sociedad no cambia sus modas decadentes... Termina corrompiéndose por el efecto de esas mismas modas. Y la barbarie acaba por devastarla.
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2 comentarios:
Es curioso, lo que cuenta esta Madame Campan es similar a lo que contaban los cronistas de la época de Luis XIV, cuando la nobleza vendía lo que no tenía (y hasta se endeudaba) para ir a vivir cerca de la Corte, por supuesto que en un "palacio" que marcara su status, provocando luego la ruina de numerosas familias. Así muchos protagonistas de las jornadas revolucionarias provenían de familias nobles arruinadas, llenas de resentimiento contra sus primos ricos.
Maestro Gelimer,
Saudações!
Recomendo a leitura do texto de Giacomo Leopardi "Diálógo da moda e a morte".
Sobre a moda, vale também lembrar as palavras de G.Thibon: "A moda é a ditadura do efêmero que se exerce sobre os desertores da eternidade".
Fernando
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