viernes, 15 de octubre de 2010

VALLE-INCLÁN Y SU PANFLETO ALIADÓFILO


LOS MONSTRUOS QUE VIO VALLE-INCLÁN

Un autor muestra su calidad literaria cuando, hasta en un panfleto partidista, es capaz de conseguir combinar las palabras que producen las más portentosas imágenes. Recientemente lo hemos podido comprobar leyendo "La media noche. Visión estelar de un momento de guerra", de Ramón María del Valle-Inclán. En 1916, Valle-Inclán viaja al frente de batalla, muy cerca de Verdún, como corresponsal de EL IMPARCIAL y LA NACIÓN. Aquella experiencia de reportero bélico cuajó en "La media noche". La postura francófila de Valle-Inclán era notoria.

El supuesto reportaje se convierte en la mano de Valle-Inclán (lo decimos por su manquera) en un libelo francófilo a la par que antigermánico. No hay ecuanimidad alguna; queda descartada toda justificación para el enemigo tudesco. Los "boches" son presentados como bárbaros, haciendo "una guerra de tribu porque su civilización aún no es bastante vieja para poder crear normas superiores de conciencia" (cualquiera diría esto si se tuviera en cuenta la de filósofos, músicos y poetas que ha dado el mundo germánico: sin entrar en bizantinismos). Los alemanes son vistos como una horda incivilizada y criminal. Y toda la simpatía del autor gallego se reserva para Francia. Pero, si ponemos a un lado esa petulante injusticia de aliadófilo, esa manía contra Alemania que le lleva a deshumanizar al ejército teutónico de la Primera Guerra Mundial, Valle-Inclán todavía puede ser defendido como un auténtico autor, uno de los más grandes que hemos tenido, incluso en la calidad literaria (estrictamente literaria y nunca ideológica) de ese panfleto hecho por encargo de los franceses.

Vean esta imagen con la que describe a los pilotos aéreos de la Gran Guerra:

"Vestidos con pieles, con grandes gafas redondas y redondos cascos de cuero, tienen una forma embrionaria y una evocación oscura de monstruos científicos".

Esta descripción para sí la quisiera Ernst Jünger; y lo decimos nosotros, germanófilos confesos que hemos aprendido mucho en "Tempestades de acero". Cuando leemos a Valle-Inclán, al igual que a otros escritores, sentimos cierta nostalgia por la belleza de una prosa que todavía es capaz de hacernos simpático a alguien tan alejado de nuestras ideas como fue Valle-Inclán, que -no lo olvidemos- fue teósofo, por mucho que ejerciera como "carlista". El carlismo estético de Valle-Inclán es algo que, ni siquiera alegando la probada amistad con el Rey Carlos, puede convencernos.

2 comentarios:

Soldado Vikingo dijo...

Por lo que tengo entendido, Valle Inclán fue muy progresista. Lo único que he leído de él fue "Luces de bohemia".

Un chouan dijo...

Visitar el campo de batalla de Verdún, el cementerio, el osario, las trincheras, el museo... es algo que recomiendo especialmente a cualquiera que tenga la oportunidad.
Sin duda la representación más interesante y, en cierto modo, ecuánime, de la gran guerra del 14, es la película "Joyeux Noël". La escena inicial de los tres niños recitando poesía es inolvidable.