REFUTACIÓN DE UNA FRASE TÓPICA POR EL MISMO AUTOR SUPUESTO DE LA MISMA
"El carlismo se cura viajando". Una de esas frases que se le atribuyen a Pío Baroja. Una de esas frases que han cumplido y cumplen una función descalificadora, dicha por presuntos emisores cultos que no han leído lo suficiente a Pío Baroja.
En la trilogía "Las agonías de nuestro tiempo" del escritor vasco, formada por "El gran torbellino del mundo", "Las veleidades de la fortuna" y "Los amores tardíos", el protagonista es José Larrañaga, un vasco que viaja por Europa. Las novelas de esta trilogía encajaron las impresiones que Baroja tuvo de Europa tras un viaje que realizó por Alemania, Holanda y Dinamarca con su amigo Paul Schmitz. Del personaje principal, José Larrañaga, ha podido decir un estudioso del novelista que "trazó Pío Baroja el tipo humano que quizá refleja más ampliamente lo que pudiéramos llamar "el lado bueno" del propio autor".
¿Qué piensa Baroja de esa actividad de viajar? Tendríamos que suponer que si es cierto que "El carlismo se cura viajando", el carlismo habría que verlo como una especie de "enfermedad" o "tara", y el viaje sería la terapia que vendría a paliar dicho presunto mal. Pero, miremos lo que su "alter ego": Larrañaga -"la cara amable" de Baroja- le dice a su interlocutora; este párrafo constituye una declaración de lo que Baroja pensaba de la actividad viajera:
"...hay una pequeña cultura del viajar y del saber dos o tres idiomas. Es una cultura muy ínfima. Hay gente que supone que a cada traqueteo del tren, o a cada balanceo del barco, el hombre debe irse sublimando. No creo que se pueda aprender gran cosa viajando más que algo muy superficial. Esa ciencia de unas cuantas cosas prácticas no tiene valor ninguno. Si el máximum del conocimiento fuera saber dos o tres idiomas y andar en el tren, todos los que tienen algún dinero serían sabios en poco tiempo. Viendo pueblos se adquiere una cierta cultura; pero es una cultura de viajantes de comercio, de intérpretes y de cocottes que saben decir cuatro o cinco frases en cinco o seis idiomas diferentes".
En el caso de ser cierto que Baroja hubiera pronunciado o escrito esa frase que se le atribuye: "El carlismo se cura viajando", el autor parece que cambió de opinión. El carlismo -en el caso de ser una patología; cosa que no lo es- no tiene como tratamiento curativo el viajar.
La frase tópica de Baroja que parecía justificar un cosmopolitismo tan moderno es insostenible. Si verdaderamente dicho lugar común lo acuñó Pío Baroja, tendríamos otra contradicción más de las muchas que podemos encontrar en nuestros autores noventayochistas. Pero, quien tenga el atrevimiento de achacársela a Baroja, que lo demuestre cotejándola con este pasaje categórico que reproducimos arriba, y que niega en firme las supuestas virtudes que infunde el viaje entre los modernos.
Viajando no se cura nada... Ni el carlismo.
BIBLIOGRAFÍA:
Baroja, Pío, "Las veleidades de la fortuna", Primera parte "Hostilidad conyugal", capítulo VI "Explicaciones de Pepita", Espasa-Calpe, Madrid, 1980, pág. 44.
Pérez, Francisco, "Los curas en Baroja", trabajo publicado entre los que conforman el libro "Pío Baroja", edición de Javier Martínez Palacio, Editorial Taurus, Madrid, 1979.

2 comentarios:
Yo, que he viajado y viajo bastante, y que hablo y escribo con corrección, aparte de la lengua de Cervantes, las de Shakespeare, Balzac y Goethe, le doy la razón.
Cada vez conozco a más a gente que, no contenta con no pensar y decir más que sandeces en su lengua materna, aprende a decirlas en varios idiomas con la misma desfachatez. Y por otra parte, conozco a muchísima gente que considera que haber pasado el verano en una playa del Caribe o haber visitado diez capitales europeas en tres días, les convierte en cultos e ilustrados.
Viajar puede ser sin duda una experiencia enriquecedora, pero al igual que otras como leer o ir al teatro, no siempre es así y, desde luego, exige un esfuerzo intelectual y, en casi todas las ocasiones, moral.
El dominio de varias lenguas cultas es una herramienta inestimable para el estudio y el pensamiento pero, como toda herramienta, hay que saber usarla.
Las fronteras que limitan el horizonte de un ignorante están en su cabeza, y cruzar fronteras geográficas no le hará superarlas.
Hace unos años, turisteando con mi mujer por Portugal, le pedí a un viejo pescador de Portimao que me permitiera embarcarme con él. El hombre accedió y salimos temprano a la mañana siguiente. Mientras pescábamos y hablábamos un poco de todo, más que nada de Eusebio y fútbol, me preguntó qué andabamos haciendo por ahí, tan lejos de nuestra casa. Conociendo un poco, nomás, atiné a decirle. El hombre guardó un breve silencio y luego me dijo: "Una vez fuí a Albufeira..."
Y claro, ¿para qué ir más lejos, si en Portimao estaban su familia, su barco, y sus redes?
En fin...recordé este asunto...
muchos saludos.
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