JOSÉ MARÍA HINOJOSA LASARTE
Canción final
A Rafael Alberti
Y qué se me importa a mí,
que la helada se deshiele.
Y qué se me importa a mí,
que los pájaros no vuelen.
Y que los barcos más barcos,
solo por la mar naveguen.
Si tengo en ciernes un campo
de margaritas de nieve.
Durante más de tres décadas, la "cultura" y la "enseñanza" en nuestra España han sido confeccionadas con el mayor de los sectarismos. Nadie culpe a Rodríguez Zapatero de hacer a las claras lo que todos han hecho a la chita callando, y lo que ha consentido la derecha liberal y aséptica de los gobiernos de Adolfo Suárez y José María Aznar. Todos han contribuido a hacernos pensar que la cultura, la única cultura española, a la fuerza tenga que equivaler a la creación artística de todo aquel artista que sea posible de reivindicar por la izquierda.
Gracias a un artículo imprescindible publicado en El Matiner Carlí (José María Hinojosa Lasarte: Tradición política y Vanguardia artística), sabemos que José María Hinojosa fue el poeta que fue y el mártir que es. Pero a José María Hinojosa Lasarte pocos lo quieren recordar. Por eso, hemos de ser nosotros los carlistas los que lo recuerden. Y es que la memoria falla. Incluso le falla a uno de aquellos a los que reclama la mal llamada "Memoria Histórica" de las izquierdas revanchistas: Rafael Alberti.
Al comunista Rafael Alberti le dedicó el carlista José María ese bello poema que habla de un campo de margaritas en ciernes. Era otro tiempo, cuando todavía no se habían abrazado los unos contra los otros en un abrazo de muerte. Pero, hemos de decir que a Rafael Alberti le fallaba la memoria, o prefiere reconstruir el pasado a gusto de sus intereses políticos.
En sus famosas memorias, publicadas bajo el título "La arboleda perdida", Alberti nos dice que -acompañado de José María Hinojosa- fue a visitar a Juan Ramón Jiménez. Y entonces da una superficial y equívoca pincelada del poeta (amigo en la poesía, enemigo en la política), diciendo: "José María Hinojosa, "el vívido, gráfico poeta agreste", hijo de ricos hacendados malagueños, caído bajo las balas de sus propios campesinos en las confusas horas iniciales de la guerra civil".
Y entonces, aquí empieza la cosa: O poco sabía Alberti del triste final de José María, lo cual indica una imperdonable negligencia para con la relación más grande que pueden tener los hombres: la amistad. O es que Alberti prefiere falsificar los hechos reales, cargando las tintas sobre la condición de "rico hacendado" de la familia Hinojosa (como si la hacienda fuese un delito; cosa muy comunista) y como si, por ser rico, los propios "campesinos" de Hinojosa lo hubieran asesinado por una supuesta opresión que ejerciera el rico/malo sobre los pobres/buenos, todo ello envuelto en la confusión de las "horas iniciales" del conflicto.
Veremos que todo eso que "recuerda" el desagradecido Rafael Alberti es, simplemente, una mentira diseñada según los parámetros del "morbo marxista" (el marxismo es una enfermedad mental y un mal que arraiga en el alma).
El carlista José María Hinojosa Lasarte era abogado de profesión, con bufete propio en Málaga y defendía, nos recuerda El Matiner Carlí, "de modo desinteresado y voluntario a las gentes más humildes de su pueblo, Campillos. Uno de sus triunfos más importantes fue la absolución ante el Tribunal Supremo de varios vecinos de Campillos acusados injustamente de tenencia ilícita de armas durante los disturbios provocados por la huelga revolucionaria de 1934."
Queda por averiguar la condición política de aquellos a los que defendió por tenencia ilícita de armas en 1934: ¿serían anarquistas? ¿comunistas? ¿socialistas? ¿carlistas? El investigador que quiera esclarecer la verdad histórica y biográfica de este poeta silenciado tiene aquí un buen filón donde hincar el diente.
Santiago Carrillo, Dolores La Pasionaria y Rafael Alberti, reinsertados en la transición democrática hasta la exaltación cívicaPero no queda ahí la cosa. D. José María fue un hombre comprometido con su tierra y sus vecinos, haciendo todo lo que está en su mano para mejorar el servicio de aguas a muchos munipios andaluces. Nos dice El Matiner Carlí: "También destacará como gestor técnico durante el periodo al frente de la Delegación del Gobierno en los Servicios Hidráulicos del Sur de España, llevando multitud de obras públicas, en una gestión impecable, a multitud de pueblos andaluces."
D. José María no es, pues, una especie de terrateniente despótico que se mereciera -por un suponer- las balas de sus oprimidos jornaleros que justicieramente se revolvieron contra él en los inicios del conflicto armado de 1936.
Veamos de qué manera sucumbe el poeta José María Hinojosa.
Tras el 18 de julio de 1936 es encarcelado por ser notorio su posicionamiento en las filas del carlismo. Con él serán encarcelados su padre, su hermano y el familiar de otro miembro del 27: un hermano del poeta Manuel Altolaguirre. Son llevados a la Prisión Provincial de Málaga. Por lo tanto, no están en Campillos, el pueblo donde hemos de suponer que la familia Hinojosa tenía sus bienes raíces. El 22 de agosto de 1936 la aviación nacional bombardea y la milicianada anarquista, furiosa, asalta la cárcel política, para represaliar a los presos políticos que allí tienen recluidos la II República. Después de ser vilmente torturados, el medio centenar de presos es llevado a las tapias del Cementerio de San Rafael de Málaga, donde son pasados por las armas.
Así fue como terminó la vida de D. José María Hinojosa Lasarte, poeta carlista de la Generación del 27 (que, por carlista, es ignorado en los manuales de texto de Historia de la Literatura, donde sí tiene su lugar Federico García Lorca o el amnésico Rafael Alberti).
No cayó, como quiere Alberti: "bajo las balas de sus propios campesinos"; pues José María Hinojosa fue fusilado en la capital de su provincia, y no en el pueblo donde vivían los jornaleros que trabajan las posibles tierras que pudiera tener la familia Hinojosa. José María Hinojosa fue asesinado, como los cincuenta mártires que cayeron con él, por la única razón -irrazonable- que era válida para los camaradas de Rafael Alberti: la de tener Dios y Patria.
Y que Rafael Alberti llame memorias a lo que escribe en "La arboleda perdida" es tan presuntuoso y ofensivo como hacer una ley sobre las bases del resentimiento y el olvido selectivo.
Recomendamos la lectura de El Matiner Carlí, pinchando en el enlace que más arriba hemos puesto cuando citamos el artículo por su título entre paréntesis. E invitamos a recuperar la poesía de José María Hinojosa Lasarte, para hacerle justicia a su meritoria labor poética, reclamándolo como parte del acervo cultural carlista.

7 comentarios:
Interesante entrada.
El año pasado estudié a la generación del 27, y únicamente hablaban de los poetas militantes en la izquierda, jamás había oído el nombre de Hinojosa.
Alberti (hijo de una familia de clase alta de orígenes italianos) era el poeta burgués de la retaguardia, que mientras envenenaba a parte del pueblo con sus soflamas y los enviaba a morir al frente se dedicaba a pegarse la vida padre y fiestas pantagruélicas en Madrid. En una de esas fiestas irrumpió Miguel Hernández que indignado por la frivolidad de sus camaradas estalló y se acercó a Alberti para decirle: “Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta”. El poeta gaditano le animó a que lo dijera en voz alta al resto de asistentes, y Miguel lo que hizo fue escribirlo en una pizarra. Con el disgusto de María Teresa León, la querida de Alberti, hija esta también de hacendados y de militares.
Alberti siempre fue un cobarde y un miserable que se despreocupó desde el primer momento de la suerte de sus camaradas desde su cómodo y desahogado exilio. Quien logró que se aplicará la clemencia a Miguel Hernández (las leyes penales vigentes entonces condenaban a muerte, y con toda justicia, a los comisarios políticos, tal como lo fue el propio Hernández) fue el bilaureado General Varela, carlista. En el centenario del poeta oriolano se ocultan este y otros detalles de su vida y se pone sólo enfásis en la nefasta contaminación de odio marxista que sufrió. Pese a ello, en medio del fango de poesía resentida e ideologizada crecen bellos rosales de sentimiento español que tanto detestan los que se lucran de su conmemoración oficial. Sentimiento que jamás tuvo el despreciable Alberti.
España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos
de dolor y de piedra profunda para darme:
no me separarán de tus altas entrañas,
madre.
Además de morir por ti, pido una cosa:
que la mujer y el hijo que tengo, cuando pasen,
vayan hasta el rincón que habite de tu vientre,
madre.
MADRE ESPAÑA, Miguel Hernández.
Miguel Hernández se libró de la pena de muerte gracias al falangista Rafael Sánchez Mazas.
La obra poética de José María Hinojosa es muy mejor, aunque estimable y talentosa, comparada con la de Alberti y García Lorca. No podemos ponerlos en plano de igualdad poética. Hinojosa dejó de escribir pronto, para dedicarse a la política porque pensó que ahí podría hacer más por su patria y por sus gentes.
Por supuesto, su muerte es tan lamentable como la de García Lorca.
Qué maravillosos versos de Miguel Hernández que no conocía.
Gracias por la entrada.
Hola Soldado Vikingo:
Si bien es cierto que Sánchez Mazas fue uno más de los muchos de la España Nacional que intercedieron por Miguel Hernández (también lo hicieron otros escritores como Cossio, Romero Murube o Llosent) la personalidad de más peso y relevancia, quien tenia influencia real sobre quien podía aplicar la clemencia y que puso todo su empeño personal en lograr la misma fue el bilaureado General Varela. Sánchez Mazas tenia cierto peso institucional en el ámbito de la propaganda y la cultura, pero carecia de autoridad o influencia en el ambito de la justicia militar. En cualquier caso el mero hecho de que dentro de la España Nacional hubiese esa preocupación por intentar salvar tantas vidas de contrarios, con el agravante de que estaban tan recientes los crímenes y las fechorías de los rojos, contrasta con la vesania y el odio tan atroz de los rojos que ni siquiera se preocuparon de salvar a los suyos. A Miguel Hernández lo abandonaron de mala manera mientras tantos otros, empezando por Alberti, disfrutaban de un gozoso exilio.
Yo siempre digo que la cultura no debería de juzgarse por la ideología del escritor, poeta o músico. Por ejemplo, a mí me gusta mucho el estilo narrativo de las "Leyendas" de Becquer, y Becquer era liberal. ¿Acaso por eso van a ser menos hermosas sus narraciones "El rayo de luna" o "El monte de las ánimas"?.
No conozco mucho de Miguel Hernández, pero si de verdad escribió eso sobre España, seguramente sería uno de esos tantos confundidos que en el fondo eran falangistas y no lo sabían (lo digo por el hecho de que defendiera lo social junto con el nombre de España a la vez).
Lo que merece destacarse es que Alberti, en su sectarismo, incluso parece "justificar" la muerte del poeta carlista José María Hinojosa, etiquetándolo como un "terrateniente" (en jerga marxista "un enemigo de clase") y haciéndolo caer frente a los fusiles de sus supuestos jornaleros. Hay que tener el alma viciada para justificar cualquier muerte. El marxismo emponzoña el alma de sus adeptos hasta el extremo de no reconocer a un amigo.
Un saludo a todos.
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