
MARTIRIO DE JOSEP SAMSÓ I ELÍAS
"En octubre de 1934, un grupo de hombres armados entró en la rectoría de Santa María, amenazando al rector y a la gente que estaba con él, les obligaron a ir a la nave central y apilar sillas, y le ordenaron al rector que las prendiera. Samsó se negó, a pesar de las amenazas.
Aquellos hombres incendiaron un altar y algunos utensilios. Cuando pudieron llegar algunos feligreses el fuego se pudo apagar. El párroco perdonó a aquellos hombres y no quiso revelar su identidad cuando fue invitado a hacerlo por la autoridad judicial.
Desde ese día y hasta su detención en 1936, el sacerdote manifestó varias veces que se acercaba una persecución de sangre. El peligro para él y su condición de sacerdote y rector le llevó a aceptar generosamente la posibilidad del martirio, con una actitud de esperanza.
Perdón para sus ejecutores
En 1936 fue encarcelado por su condición de sacerdote. En la cárcel, siguió un horario estricto que le permitía leer el breviario, hacer meditación y organizar turnos para rezar el rosario de manera que los guardias no se dieran cuenta.
También confesó a algunos de los detenidos, convirtiéndose en catequista y apóstol para todos, mostrándose siempre amable y con ánimos y repartiendo entre los presos las cosas que le llevaban los que lo visitaban.
Su cautiverio terminó con su asesinato en el cementerio de Mataró el día 1 de septiembre de 1936.
Samsó ofreció su vida a Cristo con serenidad y murió con palabras de perdón para sus ejecutores.
Los guardias le llamaron por la mañana porque la columna de milicianos había pedido que, antes de salir hacia el frente, muriera el rector de Santa María.
Se despidió de los compañeros de prisión con su habitual "Dios sobre todo" y, con las manos atadas, fue trasladado al cementerio de Mataró.
Después de subir las escaleras, pidió que le desataran y quiso abrazar a los que lo iban a matarlo.
Les dijo que los perdonaba como Jesús lo había hecho a los que lo clavaron en la cruz.
Cuando intentaron taparle los ojos pidió que no lo hicieran, ya que quería morir mirando a la ciudad donde tenía a los feligreses que tanto amaba.
El deseo de promover su beatificación estaba muy presente desde los tiempos de su misma inmolación, especialmente en la ciudad de Mataró."
Extraído de: http://www.hispaniamartyr.org/Perdonaremos, pero no tenemos derecho a olvidar nunca la sangre de los Mártires.

























