miércoles 31 de marzo de 2010

OVIDIO ESPERANDO A CRISTO

Ovidio Nasón

DIOS HA NACIDO EN EL EXILIO, NOVELA DE VINTILA HORIA


Siempre suelo simultanear provechosas lecturas espirituales con otras. Nunca me falta un libro escrito en recio y castizo castellano, como tampoco me falta otro de espiritualidad. Y los voy alternando. Pero, últimamente he incorporado a estos libros, alguna novela extranjera. Y entre las extranjeridades, me voy a buscar en la literatura de los países del Este: el húngaro Sándor Márei... O el rumano Vintila Horia.

Yo les tengo afición a los libros de Vintila Horia desde hace muchos años. Me gustan sus novelas, aunque advierto que sus novelas no son de las del montón: de esas a que nos tienen acostumbrados. En las novelas de Vintila Horia hay meollo. Nadie como él, por ejemplo, para ponernos frente a los ojos la cuestión del exiliado, del hombre perseguido por las dictaduras inhumanas que edificó, durante el siglo XX, ese pestífero materialismo marxista, enemigo de Dios y, lógicamente, enemigo del hombre, criatura de Dios, hecha por Dios a imagen y semejanza suya. La novela que rematé ayer fue, precisamente, "Dios ha nacido en el exilio".

El frívolo, mundano y mujeriego Ovidio Nasón recobra vida en la novela de Vintila Horia "Dios ha nacido en el exilio". El poeta latino, desterrado de Roma, se nos presenta en su diario vivir, alejado de su familia, en el destino al que lo ha traspuesto Augusto. Augusto culpa al poeta de corromper a la juventud romana con sus libros que invitan a la promiscuidad sexual. El autor del "Ars amandi" es condenado a envejecer en su destierro. Desde allí escribe cartas lacrimógenas a Roma, mostrándose como un rastrero adulador que elogia con la boca a Augusta, mientras en su corazón le guarda el más envenenado de los rencores. Humano, demasiado humano. Pero es así, esperando un perdón que no llega, como Ovidio entra en contacto con la secta de Zamolxis. El conocimiento de estos pitagóricos lleva a Ovidio a saber del misterioso nacimiento del Mesías en Belén.

Desde que se produce esa revelación, la atmósfera de espera reina en la novela de Vintila Horia, que consigue hacernos participar del estado de alma de aquellos (romanos y bárbaros) que aguardan al Señor de los Señores, al Rey de Reyes. Es el Kairós. Como en todos sus libros, en este también encuentra Vintila Horia la ocasión de cuestionarse sobre la naturaleza del poder político, las bajezas de los poderosos y su sentido en el orden de la Historia.

Griegos, dacios, sármatas, romanos desfilan por estas páginas. Hombres y mujeres (taberneros, prostitutas de lujo, legionarios desertores...) con los problemas que la relación de unos con otros siempre presenta: falsas esperanzas, tráfico de intereses, amistad, traición, celos... Pero todo se ve sublimado en aquellos personajes que participan, por distintas vías, en la esperanza de lo que está pronto a suceder; a saber, el cumplimiento de las más antiguas profecías judías y dacias: el Mesías se hace patente. El Cristo viene a redimirnos.

Es muy oportuna esta novela en estos tiempos de neopaganismo. En mi opinión de lector, Vintila Horia ha logrado, a través de su arte literario, que podamos sentirnos como aquellos paganos que, hastiados de sus ídolos muertos, anhelan al Dios Vivo, Jesucristo, Rey y Sacerdote Eterno.

¿CUÁNDO SUPRIMIRÁN LOS "DEMÓCRATAS" LAS SIGLAS DEL PSOE?


PP: VIAJE AL "CENTRO" DE LA NOCHE. PSOE: PARTIDO GENOCIDA SIN PEDIR PERDÓN.

El PP se queja. Le meten en la cárcel a los "presuntos" corruptos. En las estadísticas de intención de voto (¿qué será la "intención" cuándo no existe la voluntad?) no les dan los puntos que ellos quisieran, después de haber sido chicos modositos -de perfil bajo y talante tontolerante a no más poder. En fin, el PP está quejoso... Es para estarlo. Con la crisis económica -como si la crisis moral no importara- parece mentira que la oposición no las tenga todas consigo.

Pero estos del PP nunca se enterarán. Esto es lo que pasa cuando se viene de donde se viene. Un socialista, con mucha mala leche y no menos razón, ya les advirtió -hace tiempo de esto- que el viaje que el PP hacía al centro, tardando tanto para llegar, indicaba lo lejos que venían del centro. Los socialistas siempre lo han tenido más fácil. No se han movido de la extrema izquierda desde que perdieron la Guerra Civil.

Murió Franco. Llegó Suárez con el "puedo prometer y prometo" y, en esa coyuntura tan promitente, hasta el Partido Comunista tuvo sus más y sus menos para presentarse a las elecciones "democráticas". El PSOE no tuvo problemas. Y en 1936-1939 el PSOE había cometido tantos genocidios como el PCE, la FAI o la CNT.

Después de la II Guerra Mundial, los nazis fueron "desnazificados". Se prohibieron las siglas del Partido NacionalSocialista Obrero Alemán. Se proscribió la letra del Himno Nacional "Deutschland über Alles". Se multó y se sigue multando en Alemania por alzar el brazo a la romana-hitleriana. ¿La razón? Todos sabemos que Hitler fue un genocida. ¡A la cárcel quien no lo diga! Vale, pues bien: eso es cierto. Pero, no menos cierto es que los rojos lo fueron, y ahí están vivitos y coleando; sin pedir perdón y deshaciendo a su antojo.

El PSOE mantuvo "cárceles del pueblo" durante 1936-1939. En ellas se torturó y asesinó a seres humanos. Nadie ha exigido que pidan perdón por ello.

El PSOE y el PCE alzan el puño y cantan "La Internacional", sin que nadie les multe por ello ni se lo prohiba.

El PSOE, desde la transición, pudo llamar a sus filas a todos los verdugos rojos que sobrevivieron al Franquismo (da igual si en el exilio ó bajo pseudónimo en España), y sus sayones votaron a Felipe González. Los bobos también: digo los socialistas que, sin haber hecho daño a nadie, todavía piensan que el PSOE es un partido decente.

Lo que va faltando es que se exija, en nombre de la reconciliación nacional y la MEMORIA HISTÓRICA (de sus pistolas), que se despojen de sus siglas -tanto el PSOE como PCE-, por todos los crímenes que cometieron: las matanzas y los robos perpetrados en nombre del "paraíso en la tierra".

El engaño estuvo, amigos míos, en que ellos -los rojos- volvieron con sus mismas siglas, mientras se desmenuzaba el Movimiento Nacional, fragmentándose en carlistas (divididos en huguistas y sixtinos), falangistas (divididos en una pléyade de falanges).

El PP, primero fue Alianza Popular, quiso hacer un traje de retales: por eso le salió un traje de payasos. ¿Tienen derecho a quejarse, los popós, del PSOE si no le han exigido todavía a la extrema izquierda que abandone sus siglas?

Pues, si no lo hacen, que se callen. Ya estoy hartándome de los viajeros que buscan el centro. Para eso, prefiero el libro de Luis Fernando Céline.

Lo mejor que nos puede pasar es que, dado que el PSOE no va a renunciar a sus siglas empapadas en sangre, el PP se suicide.

martes 30 de marzo de 2010

EL SANTO CÁLIZ DE LA ÚLTIMA CENA

El Santo Cáliz de Valencia

"El cáliz que los apóstoles cogieron de casa de Verónica, tenía una apariencia hermosísima y misteriosa. Había estado depositado mucho tiempo en el Templo, entre otros objetos preciosos, y era muy antiguo, tanto, que su origen y uso habían sido olvidados. Eso mismo ha pasado en la Iglesia cristiana, donde muchas joyas antiguas consagradas se han ido olvidando y cayendo en desuso. Muchas veces, enterradas en el polvo del Templo, han sido encontradas, vasijas antiguas y joyas, que se han recompuesto y vendido. De este mismo modo, y porque Dios así lo quiso, se encontró este cáliz santo que nunca se ha podido fundir debido a que no se sabe de qué material está hecho. Fue hallado por los sacerdotes en el tesoro del Templo, entre otros objetos que habían sido vendidos como antigüedades. Serafia lo compró, y había sido utilizado ya muchas veces por Jesús en las celebraciones; desde el día de la Ultima Cena pasó a ser custodiado por la sagrada comunidad cristiana. Este cáliz no siempre había tenido el mismo aspecto; y quizá en esa ocasión de la Cena, habían reunido las diferentes piezas que lo componían. Colocaron el gran cáliz sobre una bandeja, rodeado por seis pequeñas copas. El cáliz contenía a su vez un recipiente menor sobre un plato, todo ello cubierto con una tapadera redonda. En el cáliz había insertada una cuchara que podía sacarse con facilidad. Todos estos diferentes vasos estaban envueltos en paños y metidos en una bolsa de cuero, si no estoy equivocada. El gran cáliz se compone de la copa y del pie, que seguramente fue añadido con posterioridad, pues las dos partes son de distinto material. La copa tiene forma de pera, es maciza y oscura y muy bruñida; tiene adornos dorados y dos pequeñas asas para sujetarla. El pie es de oro puro, finamente labrado. En él está representada la figura de una serpiente y hay también un racimo de uva; en todo él se han engastado piedras preciosas.

El gran cáliz quedó depositado en la iglesia de Jerusalén, cerca de Santiago el Menor, y veo que todavía está allí; aparecerá un día, como ya apareció antes. Otras iglesias se repartieron las pequeñas copas que lo rodeaban; una de ellas está en Antioquía, otra en Éfeso. Pertenecían a los patriarcas, que bebían en ellas un misterioso brebaje antes de dar o recibir la bendición; yo lo he visto muchas veces.

El gran cáliz perteneció a la casa de Abraham; Melquisedec lo llevó consigo desde la tierra de Semíramis a la tierra de Canaán, donde fundó algunos asentamientos en el lugar donde después se edificaría Jerusalén. Lo utilizó en el sacrificio, cuando ofreció pan y vino en presencia de Abraham, después volvió a dejarlo en manos de este sagrado patriarca. El mismo cáliz estuvo asimismo en el Arca de Noé."

Ana Catalina Emmerick.

Es una de las revelaciones particulares que tuvo Beata Ana Catalina, transcritas por Clemente Brentano. El fragmento que presento ofrece asombrosas noticias, pregnado de simbolismo que hay que descifrar. Ofrezco ahora el pasaje. Me queda interpretarlo. Es digno de una meditación.

lunes 29 de marzo de 2010

DE ARBOLARIA

A la memoria de Ernst Jünger


Árbol de Judas

APRENDIENDO DE LOS DRUIDAS

No es ecologismo. Tampoco romanticismo. Ni uno ni el otro me llevan a mí al campo. Voy al bosque, a "arborizar" (no en su acepción de plantar árboles; más bien a aprender sobre ellos y de ellos). Es algo que se ha olvidado. El hombre antiguo tenía una relación inmediata con la vegetación y la fauna de su paisaje. Leemos poesía: el poeta nos habla del cinamomo. Los masones, por ejemplo, le tienen querencia a las acacias... Y ni el poeta vio en su vida un cinamomo, ni el masón sabe distinguir la hoja de acacia de la del roble. Nosotros, gente del siglo XX-XXI, mediatizados por la pantalla, nos metemos en un bosque y no sabemos distinguir una encina de un chopo.



Por eso, de vez en cuando, es saludable ponernos en el campo, dejar el coche en la cuneta e internarnos en la arboleda. Vamos caminando por una angosta vereda. Encontramos un pinsapo. Sé por los libros que estos árboles son oriundos de la Serranía de Ronda. Mi compañero de excursión, un viejo del pueblo vecino, me dice que de la madera del pinsapo se hacían antaño las traviesas del ferrocarril. Su copa es cónica y frondosa. "Nace en las umbrías" -me dice mi acompañante. Me acompaña un anciano -octogenario- que me ha contado por el camino que fue mulero que llevaba su yunta a dar obradas aquí y acullá por toda la comarca. No gasta barba merlinesca, pero me consta que sabe de bosque un rato largo: de hierbas y de árboles mucho más que cualquier universitario. Por un momento soy capaz de imaginármelo ataviado como un druida. Cuando llega el tiempo todavía se viene a coger setas, y se sabe -como decimos por aquí- todos los baches de este paraje al que hemos llegado: unos montes arborescentes que desde la carretera siempre me han llamado la atención y quería conocerlos tiempo ha.

Más adelante hay un ciprés blanco. Es árbol americano, sus hojas son peguntosas y huelen ligeramente a limón. Es de la familia de las cupresáceas. Le pregunto a mi amigo si sirve para algo. Que él sepa no, salvo para las ardillas.

Seguimos andando. Un árbol hay que está floreciendo. Las flores las ha echado sobre las ramas antes que las hojas. Sus flores son de color rosa. Y pregunto por su nombre a mi viejo.

-Ese es el Árbol de Judas. En uno de esos se ahorcó el Traidor. -me dice el buen viejo.

-¡No me diga usted! -me impacta la novedad. Siempre pensé que Judas se había colgado de la rama de una higuera- Así que éste es el árbol en que Judas Iscariote se ahorcó... Vaya, vaya: pues no sabía yo eso. Le agradezco la noticia, y correspondiéndole a usted con otra que tal vez ignore: ¿Sabía usted que la soga que empleó Judas fue la del ronzal del mismo burro en que Nuestro Señor Jesucristo entró en Jerusalén entre palmas?

-Pues lo del ronzal no lo sabía yo. -me dice el paisano.

-Pues, ea, ya ve usted que uno no se acuesta sin saber algo nuevo cada día. Y como usted me está enseñando mucho, quiero yo a la recíproca decirle otra cosa más: que las monedas con que compraron al Traidor fueron 30... Sí, ya sé que todo el mundo sabe que fueron 30. Pero lo que no sabe todo el mundo es que fueron 30 siclos de Tiro, que así las llamaban. Una vez vi una de ellas en una colección de monedas: el tamaño del siclo es ridículo. Y, mira que los hay cafres que están venga que dale con la tema de que la Iglesia pida perdón... Hasta por respirar. Pues sepa usted, amigo mío, que en Israel la moneda de hoy en día sigue llamándose "siclo". Y que yo sepa no se les ha ocurrido a los judíos pedirnos perdón a los cristianos ni tampoco pensar en mudarle el nombrajo a la unidad monetaria israelí.

-Es que los judíos (el hombre escupe aquí -según la arraigada costumbre de las gentes de mi país, que así lo hacen cuando oyen el, llamémosle por cortesía: "gentilicio"); Es que los judíos (...) ya se sabe, si mataron al Señor... ¿qué se puede esperar de ellos? Pues, mire, sepa usted que a este mismo "árbol de Judas" también se le llama el "árbol del amor".

-¿Y cómo es posible que un mismo árbol se llame de Judas y del amor? -pregunto, mientras me acaricio el mentón.

Rascándose la cabeza bajo la boina, el viejo termina diciéndome:

-El amor tiene sus mudanzas... Así que por eso será, digo yo. -me dice el anciano.

-Pues sí, que hay mucho malo. Judas se ahorcó. Pero su prole la tenemos en España sin que empleen estos árboles para hacernos el favor.

El hombre chasquea, saca un ducados -no me refiero al numisma de los Reyes Católicos, sino al veterano cigarrillo de tal marca.

-¿Gusta usted? -me ofrece del paquete. Por cortesía pinzo uno con la yema del pulgar y la del índice.

Nos encendemos el cigarrillo. Huele a romero y tomillo en el campo que es una gloria.

-Faltarían árboles para que se ahorcaran todos los hideputas que hay en España.

domingo 28 de marzo de 2010

COMO EL TOSTADO, COMO EL CARBONERO




Cuentan en Ávila de los Caballeros -y esperamos que sigan contando- que el famoso Alonso Fernández de Madrigal el Tostado (1410-1455), Obispo que fue de Ávila, anduvo por la Diócesis haciendo su visita pastoral. Un buen día se encontró en un camino con un carbonero. El carbonero venía del monte, tiznado y lacónico como castellano viejo. El prelado le inquirió:

-Dime, ¿qué crees, carbonero?

-Lo que cree la Santa Madre Iglesia.

-¿Y qué cree la Santa Madre Iglesia?

-Lo que yo creo.


Cuando le llegó la hora al Tostado de entregar su alma a Dios, vinieron a su lecho de muerte para pedirle la profesión de fe. Con el pie en el estribo, lo que contestó fue:

"Como el carbonero, como el carbonero".

YJO PUTA EL QUE SALTE MI BALLA


Me gusta este cartel. Su ortografía no es la más correcta, pero hay que decir que su expresividad recalca el sano sentido de la propiedad privada. Me gusta. Es lo que voy a poner a la puerta de mi casa, para cuando venga uno de la SGAE.

sábado 27 de marzo de 2010

GIBRALTAR ESPAÑOL


Esta fotografía es una postal de "La Línea de la Concepción" (Cádiz), con una panorámica del Peñón de Gibraltar. La mandó mi tío a la casa de sus padres, mis abuelos, el 12 - 6 - 56, cuando hacía su servicio militar. En el reverso puede leerse:

"En el día de tu Santo, yo no te podré olvidar y en unión de nuestros padres, creo que pasarás un buen día. Nosotros aquí, frente al Peñón de Gibraltar, miramos día sí y día también ese trozo de España robado por esos piratas. Tengo ansias de que llegue una orden de marchar sobre esos extranjeros que ocupan nuestra Patria. Te aseguro, hermano, que no dejaré a ni uno vivo. Nos tienen que pagar esta afrenta que dura siglos. Tuyo, tu hermano. Que Dios os bendiga. ¡Arriba España!".
Me la encontré hoy, entre retratos y fotografías. En una de esas fotografías se veía a mi tío, al pie de un cañón. Me he sonreído, pensando que si por mi tío hubiera sido, ese cañón no hubiera estado decorando el cuartel. Hubiera cañoneado Gibraltar... No llegó la orden, mecachis en la mar. Entiendo a mi tío: el Peñón de Gibraltar se alza como una vergüenza nacional. Para lavar esa afrenta es preciso disparar contra él. Que no quede piedra sobre piedra, ni tampoco inglés vivo. Y luego, cuando nos pregunten por esa Peña, podríamos decir: "La maté porque era mía". Es que duelen los ojos, viendo que ese pedazo de Patria está sin redimir.

Como traidores y piratas, los ingleses ocuparon Gibraltar. Puede que, en nuestra época de imbéciles y cobardes, esto se haya olvidado, esto incluso no sea nada. Pero, esto va con vosotros: españoles traidores e ingleses piratas. Hay algo que tenéis que saber, y es que no todo en España es de esa hediondez moral que se fomenta, con el propósito de tolerar al enemigo en casa; esa vomitiva sumisión del perrito faldero que mueve el rabo alrededor de las perneras británicas os la pueden hacer algunos sinvergüenzas. Pero a los españoles de verdad nos conoceréis porque os miramos a los ojos con odio implacable. Antiguos historiadores romanos y griegos coinciden en que no hay nada que exalte más a un español que llegar en distancias cortas al enemigo. Con la falcata, con la bayoneta... O con la navaja.

Reivindicamos Gibraltar, y aunque ahora mismo somos unos pocos, tenéis que saber que algún día creceremos y seremos muchos. Y ese día no quedará inglés en territorio hispánico. Os expulsaremos como hicimos con los judíos y con los moriscos, como haremos con todo lo que está aquí y es una amenaza para nuestra salud nacional. No queremos la vecindad de vuestra corrupción fisiológica y moral. Tampoco queremos a los españoles que os quieren (pues, en el momento en que os quieren, dejaron de ser españoles). Queremos que sean ajustadas las cuentas, ingleses, por siglos de ocupación, de colonización, llenando de basura herética el alma de nuestro pueblo y nuestras gentes, intoxicándonos con mentiras parlamentarias, liberalescas, masonizantes y otras flautas. Las flautas os las meteremos por donde os gusta.

Queremos que todos vosotros -los ingleses y sus cómplices- abandonen territorio español y nunca más profanen con las suelas de sus zapatos la tierra sagrada de España.

¡Malvinas es Argentina! ¡Gibraltar Español!

jueves 25 de marzo de 2010

ASOMA FRANCISCO DE QUEVEDO


Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmienda, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh gran don Iosef!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.

Casa de Francisco de Quevedo en Torre de Juan Abad

QUEVEDO Y UN HIDALGO DEL SANTO REINO SU AMIGO


Este soneto de Francisco de Quevedo fue compuesto en la Torre de Juan Abad, señorío del genio manchego. Allí fue desterrado en más de una ocasión, por ser tan incordio y maldiciente. Es uno de mis sonetos favoritos, pues en él se encuentran las dulzuras de un grato apartamiento de los mundanos afanes, depositando en la lectura -el placer sin tacha- la mejor receta para mejorarnos moralmente. La vida de Quevedo en la Torre de Juan Abad nos la cuenta, a grandes rasgos, un libro de D. José María Lozano Cabezuelo que ha caído en mis manos, en régimen de préstamo, y que a lo largo de sus 104 páginas podemos, como quien mira por el ojo de una cerradura, ver al filósofo, poeta y polemista en ese retiro aldeano que sufrió D. Francisco, muchas veces enfrentado a sus vecinos que no soportaban haber perdido la antigua libertad.

La villa de la Torre de Juan Abad se había emancipado de Villanueva de los Infantes entre los años 1589 y 1590, pagando 2.598.000 maravedíes a la Hacienda Real. En Julio de 1597, la Torre de Juan Abad ganó su libertad. Pero la villa se vio apurada, debido a sus muchas deudas y, a la postre, la madre de Quevedo (Doña María de Santibáñez), se convierte en la prestamista a la que los vecinos tienen que pagar una deuda cuyo pago se dilatará, con más de veinte pleitos. Con el tiempo, Quevedo se convierte en el Señor de la Torre de Juan Abad. Y, poco después, dada su proverbial propensión a meterse en líos será desterrado de la Villa y Corte de Madrid, encontrando su destierro en el lugar manchego. Allí, entretenido en libros, paseando los campos y escribiendo pasará las malas rachas de su vida.

"Hallábase Don Francisco muy bien en la solicitud, acompañada de sus libros, y sazonada con la docta comunicación de tantos autores, como tenía en su librería, no dejando a veces divertirse, intermitiendo el rigor de sus estudios. Conversaba con los serranos de la Torre de Juan Abad con igual llaneza que con los hidalgos, tratando a todos los del lugar como a hijos; y usaba de tal moderación y templanza con algunos testarudos que se le oponían en las cosas tocantes al gobierno y jurisdicción, que solía llevar por chanza los pesares, rompiendo con blandas respuestas lo más duro de un corazón enojado, siguiendo el consejo del sabio en los Proverbios: la respuesta blanda quiebra la ira, y las palabras ásperas despiertan furor. A un vecino, que le dijo que si no se componía con ellos, vendería sus hijos para ponerle pleito, respondió: Los hijos bien los podréis vender; pero no digáis cuyos son, porque no darán una blanca por ellos".
De Pablo Antonio de Tarsia, "Vida de don Francisco de Quevedo y Villegas", 1663.

Este episodio que nos refiere Tarsia es de las que podríamos esperar de Quevedo, ese cáustico y profundo conocedor de la naturaleza humana. Digna de los dichos de los Siete Sabios de Grecia o de los anécdotas que Diógenes Laercio nos cuenta de Heráclito Efesino. Y es que "genio y figura"... Más allá de la hora postrera, incluso en el polvo enamorado. Crecí leyendo a Quevedo. Fue mi poeta preferido. Mi novelista favorito. A él le debo las risas, las carcajadas, los consuelos... En su estoicismo, me reconocí y, cuando fue pasando el tiempo, más me reconocí en su heraclitismo atávico.

Un amigo tuvo D. Francisco que era de Beas de Segura (en la hoy provincia de Jaén). Don Sancho de Sandoval, caballero de la Orden de Calatrava. Con Don Sancho se franquea el santiaguista Quevedo, y D. Sancho obsequia pródigamente a Quevedo que, pese a su ejecutoria, no está para tirar cohetes. Los presentes de D. Sancho a Quevedo muestran el natural dadivoso de nuestros recios hidalgos, siempre piadosos, a ratos taciturnos y nunca desalentados. Sandoval es caballero del oleífero Santo Reino de Jaén, por lo que no es raro que guste mandarle a D. Francisco el más sabroso regalo que podemos hacer los de Jaén: garrafas de aceite.

Para agradecerle una entrega de aceite que llega a Torre de Juan Abad, D. Francisco de Quevedo escribe a Sancho de Sandoval, con la gracia que le caracteriza:

"Yo quedo de manera uncido por su liberalidad de v(uestra). m(erced)., que puedo temer visitas de lechuzas. He dado grande alegría a los candiles y ensaladas."

Gracejo que no se entenderá a menos que se sepa que golosina de las lechuzas fue siempre el aceite de los lampadarios. Quevedo empleará esta imagen de las lechuzas amigas del aceite de las lámparas en más de un verso. El aceite de Sandoval se empleó por Quevedo tanto para alimentar la luz con la que leía sus libros, como para crismar ensaladas con las que yantar. También sabemos, por estas cartas, que Quevedo era fumador. El tabaco se lo mandaba el mismo Sandoval que ceñía espada, y lucía la cruz flordelisada en su pecho. Todavía a mediados del siglo XVIII había Sandovales en Beas de Segura, descendientes del amigo de Quevedo.

D. José María Lozano Cabezuelo nos hace pasar un ameno rato, acercándonos a la vida cotidiana de nuestro insigne poeta, que supo cantar con tonos sublimes el amor platónico tanto como hacernos reír con audaces imágenes para censurar las malas costumbres de los hombres.

La Torre de Juan Abad es un hospitalario lugar al que todo amante de nuestra cultura tendría que peregrinar en algún momento de su vida, para empaparse de aquel cielo y aquel terruño en que paseó y escribió nuestro españolísimo Heráclito Cristiano (que goce de la gloria de Dios).

FICHA DEL LIBRO:

Título: "Francisco de Quevedo desde la Torre de Juan Abad"
Autor: José María Lozano Cabezuelo
Edita: Ayuntamiento de Torre de Juan Abad y Fundación Francisco de Quevedo
Fecha: Agosto de 2007

miércoles 24 de marzo de 2010

Y CÓMO SE ESTÁ PONIENDO EL PATIO...

VECINOS INDESEABLES

No tengo la culpa de que hagan los tabiques con papel de fumar, y que las parejas jóvenes no respeten la abstinencia de la carne en Cuaresma; con lo que esa contingencia supone para los muelles de las camas. Pero no son esos rijosos los vecinos que me preocupan. Los que me preocupan son recién venidos: si de Marruecos o de Argelia, pues no me lo pregunten, dado que en la catalogación de fenotipos no soy avezado. Otros -no crean ustedes que pocos- hay que se pasan el día averiguando si el vecino es dolicocéfalo o braquicéfalo. A mí esas cuestiones racialistas no me interesan: me da igual que el prójimo sea negro zaíno o blanco como el merengue. Lo que sí me interesa es saber si el prójimo es lo que llamo una persona normal o, más bien, se trata de un anormal que sería capaz de hacer volar unos trenes o derrumbar las Torres Gemelas. Y sobre estos vecinos que le digo a usted, me temo que no son muy normales que digamos.

Van vestidos como Lindos Don Diegos, pasan desapercibidos en lo que hace a la vestimenta. Pero escuchan cosas muy raras, que -como dije- yo no tengo la culpa de que hagan los tabiques con papel de fumar. Escuchan estos "vecinos" músicas como las que suenan en los vídeos de Al Jazira, cánticos de guerra santa de esos que suenan cuando vemos a los fanáticos de Aben Laden entrenando y encapuchados. ¿Talibanes? No, no son talibanes. Pues los "talibanes" no existen: son fruto de la ignorancia de nuestros periodistas, dado que el plural de "talib" es "talibán". Talibanes no serán por razones gramaticales, pero "talibán", lo que son "talibán", cualquiera sabe...

-¿Quién coño les ha alquilado el piso? -le pregunto a un vecino de los de toda la vida.

-El concejal de Izquierda Unida. -me dice el otro.

-¡No podía ser otro! -digo.

-Nada, nada... Los primos de Llamazares. -dice un tercero que se incorpora a la conversación de portal.

-Pues es como para llevárselos a su casa y que los aguante él.

-O mandarlos a todos -a Llamazares y a todos sus primos- a Afganistán.

ESPAÑA SIN CULTURA Y BARBARIZADA (TERCERA PARTE)


LENI RIEFENSTAHL ERA UNA GENIAL ARTISTA... PERO, ¿Y ESTOS QUE TENEMOS HOY?


Tiene que ser frustrante para la izquierda y para el feminismo que la más grande cineasta de todos los tiempos sea la alemana (y no precisamente era ella izquierdista ni tampoco feminista) Berta Helene Amalie, más conocida como "Leni" Riefenstahl (1902-2003). La recuerdo en la última entrevista televisiva que concedió. Frisaba los 100 años, si es que no los había superado; pero tenía un genio y un carácter que ya quisieran para sí esta juventud, con abundancia de tantos pelagatos, que tenemos hoy.

Pero Leni, pese a su edad, no se arrugaba. Y estalló. El "periodista" -o lo que fuese ese agente del sistema- la acosaba a preguntas, recordando el pasado "nazi" de Leni Riefenstahl. Cortejada por Goebbels, las malas lenguas dicen que también por Hitler, y otros jerarcas del Partido NacionalSocialista Obrero Alemán. Leni se enfadó. Habían ido a entrevistarla, con el pretexto de hablar de su carrera cinematográfica, y el mamporrero televisivo acabó metiendo el dedo en la llaga, prácticamente haciéndole un Proceso de Núremberg a la cineasta teutónica.

Hoy me acordé de ella. De esa foto que de ella pongo ahí. Era una mujer muy bella. De esas que podemos llamar de bandera. Yo admiro a Leni, y no sólo por bella (pues en ella se aúnan, como en pocas mujeres, la belleza y el talento artístico. Ver su "Triumph des Willens", de 1934, es toda una experiencia estética). Me acordé de Leni Riefenstahl, sí.

Pero si fui al pasado, fue para ver el futuro. ¿Nos será algún día concedido, Señor, que "cineastas", "actores" y "actrices" de la Ceja vivan algún día como Leni vivió sus últimos años? ¿No me entienden ustedes?

Pues muy sencillo. Quisiera que, al igual que Leni sufrió la impertinencia y el acoso de periodistas malevolentes y ruines, estos cómplices de "Arte de la Ceja" (que no son, en modo alguno, genios como lo fue Leni) sean en un próximo futuro despreciados y hostigados como se hizo con Leni. Que los abucheen los españoles. ¿Por qué razón?

Por ser cómplices de la ruina espiritual y económica de España. Esos artistas que han unido sus nombres al de la mayor calamidad que sufrió España desde 1936-1939 no pueden irse de rositas. Cuando la crisis y la pobreza nos hunda en la anarquía -ya falta menos- hay que identificar a los culpables: los socialistas con mando en plaza, opulentos y cínicos... Y sus títeres de la farándula. Que no se escape ninguno ni a Cuba ni a Venezuela.

martes 23 de marzo de 2010

FRAY JUAN DE LA MISERIA EN JAÉN LA DEL LAGARTO

SALVE, SANCTA FACIES NOSTRI REDEMPTORIS

Subtítulo: (Oración antigua al Santo Rostro de Jaén: "Salve, Sancta Facies nostri Redemptoris", "Salve, Santo Rostro de Nuestro Redentor.)

Escribe Santa Teresa de Jesús -que como Doctora Mística su autoridad tiene, más que cualquiera- que cuando fue a fundar Casa en Palencia: "toda la gente es de la mejor masa y nobleza que yo he visto, y así cada día me alegro más de haber fundado allí." Amén de esto, sigue diciendo la mística abulense que "Está en el pueblo una casa de mucha devoción de Nuestra Señora, como ermita, llamada Nuestra Señora de la Calle. En toda la comarca y ciudad es grande la devoción que se le tiene y la gente que acude allí."

Pero, ¿a cuénto de qué quiero yo referirle todas estas cosas que su merced hará bien leyendo, para su propia edificación en "Libro de las Fundaciones" de nuestra Santa Teresa? Leamos a Santa Teresa que mucho bien granjearemos en su leyenda. Pero yo quería decirle a mis lectores de este Libro de Horas que Santa Teresa fundó casa en Palencia. Como en tantos otros sitios, sí. Pero a mí me interesa dejar claro lo de Palencia, pues a Palencia lo invito a usted. Venga, venga conmigo a esta ciudad silenciosa y silenciada, como tantas capitales de nuestra España. En Palencia moraba, aunque no me pregunten de dónde había venido, un hombre de esos de la antigua España. Quiso Dios que el nombre de este hombre pasara a la fama por pintar un retrato de la misma Santa Teresa de Jesús, cuando la santa tenía 61 años. El nombre de este humilde cristiano era el de Fray Juan de la Miseria. Y su trabajo le costó al frailuno pintor, pues Fray Gerónimo Gracián que mandó hacer aquel retrato, tuvo que mandar también a la santa -que era tan inquieta- que se "estuviese queda, y se dexase retratar".



Pues, después de esta digresión que me he tomado, volvamos a Fray Juan de la Miseria, del que llevábamos dicho que andaba un incierto año de aquella época gloriosa en Palencia y miren lo que vino a pasarle: "Yendo un día de oir Misa, en Palencia, se encontró con un viejo de rostro venerable y le comenzó a hablar con tanto espíritu y suavidad, que el Hermano hizo concepto en su interior de que era Santo. Díxole, entre otras cosas, que fuera a ver la Santa Verónica en Jaén, que él le acompañaría en el camino. Saliendo con gusto al viaje, al punto que llegaron a la Ciudad, no vió más al compañero."

A mí me gustan, amigo lector, las historias de viajeros. De viajeros poco conocidos. Aunque no le hago ascos a ninguno -que hasta a George Borrow, maguer sea inglés (y, por si fuera poco, hereje), lo leo con agrado. Ya le hablaré en otra ocasión de mi amigo Ciro Bayo, con quien he hecho algunas jornadas, y ya le hablé en su momento -y volveré a hacerlo- de mi paisano Pedro Ordóñez de Ceballos, cuyos huesos yacen con los de mis ancestros aquí en Jaén la del Lagarto. Comprenda, pues, que cuando leí en "Crisis Theológica historial de la Santa Verónica de Jaén, vindicada de la incertidumbre en que algunos modernos la capitulan", de D. Vicente Rodríguez de Medrano, impreso en 1759, la historia de Fray Juan de la Miseria, un temblorcillo me diera, con tan solo imaginar aquella escena.

Imagínela usted mismo: Va usted a Misa, o viene de Misa, y un desconocido, haciéndose el encontradizo, entabla con usted una conversación, como la que mantuvo aquel extraño anciano con Fray Juan de la Miseria. Y en la plática, como quien no quiere la cosa, le propone -recuerde que están en Palencia- que vaya en su compaña a la Ciudad de Jaén, para venerar el Santo Rostro. El sentido común nos dirá: "Quieto parao: ¿pero adónde vas, hombre de Dios, con el primero que te aborda en la calle?". A Dios gracias, Fray Juan de la Miseria tenía muy poco sentido común, y mucho sentido divino. Y con ese sentido que, a través de los sucesos corrientes, ve la dirección que Dios quiere para nosotros, Fray Juan de la Miseria contaba con no poca dote de ese don de discernimiento de espíritus, del que bien usó para calar a aquel enigmático viejo. Y allá que los dos nuevos amigos abandonaron Palencia y se pusieron en marcha para Jaén. 597 kilómetros de los de hoy. Pero, por caminos mucho peores que los de hoy, por malos que estén los de hoy. Y con menos seguridad que la de hoy, por muy poca que sea la seguridad de hoy. Y, no lo olvide usted, a pie.

Después de dormir al raso, calarse con los aguaceros y hablar con muchos arrieros -que, por el Quijote lo sabemos, eran los dueños de los caminos- nuestros dos hombres llegaron a la Capital del Santo Reino de Jaén. Nos cuenta el P. Fray José de Santa Teresa, en "Reforma de los Descalzos de Nuestra Señora del Carmen, de la primitiva observancia, hecha por Santa Teresa de Jesús, en la antiquísima Religión fundada por el gran Profeta Elías" (de 1684), este episodio de la vida de Fray Juan de la Miseria. Y ahí se nos dice que Fray Juan de la Miseria, tras llegar a Jaén, habiéndose quedado sin su compañero de viaje que, con la misma donosura con la que había llegado, se había esfumado, buscó Fray Juan de la Miseria una cueva, cerca de la Ciudad de Jaén, en el paraje conocido de Río-Cuchillo, propincua a una ermita. Y en aquella cueva se lo pasó rezando, yendo los Domingos a la Catedral a confesar y comulgar, oyendo allí la Santa Misa, pidiendo limosna para mantenerse con cuatro mendrugos de pan duro y unas habas, y quedándose, al fin y al cabo, en Jaén una buena temporada.

Después de estar un tiempo de oración y penitencias en aquella covacha de Río Cuchillo, Fray Juan de la Miseria abandonó Jaén. No sabemos si se le apareció otro extraño anciano, como el de Palencia, que le dijera: "Hermano Juan, haga el hato, y partamos enhorabuena allí donde luego nos quiere Dios".

Lo que sí sabemos es lo que Santa Teresa le dijo a Fray Juan de la Miseria, tras verse retratada por él: "Dios te perdone, fray Juan, que ya que me pintaste, me has pintado fea y legañosa". ¡Menudas las gastaba la Santa de Ávila!

ALÍ BABÁ Y MÁS DE CUARENTA SOCIALISTAS


Este delincuente político -marxista- se llamó "Stalin". Fue un seminarista renegado que se convirtió en uno de los peores genocidas de la Historia Universal. Es protegido descaradamente por las "políticas educativas" del actual desgobierno socialista que sufre España.

Stalin fue discípulo del activista marxista Lado Ketskhoveli. De Lado Ketskhoveli nos cuenta Alan Bullock que:

"...se había puesto a trabajar en un taller de impresión en Tbilisi para aprender el oficio de impresor, y luego había fundado el primer periódico marxista clandestino de la Transcaucasia, que llegó a hacerse famoso entre los círculos revolucionarios de Rusia por su combinación de audacia y eficiencia. Oculto en una casa de Bakú, que pertenecía a un musulmán con el insólito nombre de Alí Babá, este periódico llegó a sacar más de un millón de ejemplares de publicaciones clandestinas (incluyendo el diario de Lenin "Iskra") antes de que fuese descubierto por la policía, tras cinco años de pesquisas."

("Vidas Paralelas: Hitler y Stalin", Alan Bullock)

No es una figura retórica, pues, decir que los marxistas se reunían -como los 40 ladrones del cuento- en la cueva de Alí Babá. De todas formas, no es de extrañar después de haber sufrido en España, desde que Paulino Iglesias los fundó, a más de 40 ladrones del PSOE y del PCE.

La Historia, muchas veces, es una bromista impenitente.

DE CONJURADOS "CARLINOS" EN GRANADA

El Archiduque Carlos de Austria (1685-1740), segundo hijo del Emperador Leopoldo I, pretendiente al Trono de las Españas con el nombre de Carlos III de Habsburgo.

LA CONJURACIÓN VALENCIANO-GRANADINA DE 1705 CONTRA FELIPE V DE BORBÓN


Me parece estar oliendo el incienso que aroma las rúas por anticipado. Se oyen tambores y cornetas: "Estarán ensayando" -me dicen, con mucho acierto. Y es que se nos viene la Semana Santa encima. Otro año más. Y como para ambientarme, allá que ayer mismo de madrugada estuve echando un vistazo a unos libros que me cuentan curiosidades de la antigua Semana Santa de este pueblo antiguo, con no pocas rarezas de las cofradías antañonas y vetustas usanzas de otrora. Digamos que le eché la ojeada a aquellos mamotretos, así como para ambientarme.

Y hete aquí que, entre unas cosas y otras, me encontré con noticias que afirman que en Granada hubo conjuración carlista a los inicios del siglo XVIII: claro que hablo del Archiduque Carlos de Habsburgo, pretendiente al Trono a la muerte de Carlos II el Hechizado.

Estamos en el año 1705, reinando "la Catholica Magestad del Monarca de las Españas Don Phelipe V el Animoso". Al parecer, cerebros de toda esta confabulación, fueron dos frailes procedentes de Valencia, que era zona austracista. Sus nombres: Francisco Sánchez, exclaustrado del convento de Extramuros de Ronda, y el otro Pedro Carmona. También se hallaba en el ajo un misterioso italiano, llamado Antonio María Carambona. Vicente Verastegui ponía la casa granadina en que se citaban los partidarios austracistas. Algunos nobles y no pocas reverendas canonjías de la ciudad también andaban, entrando y saliendo en la casa de Verastegui, en el complot contra el Borbón.

La mayor parte de los conjurados eran granadinos, aunque no faltaran los valencianos como detonadores: de los 28 implicados -principales- que se prendieron, 6 eran valencianos y el resto granadinos y de otras partes de Andalucía.

La sublevación se llevaría a cabo, en coordinación con el ataque de la flota inglesa -Inglaterra, recordémoslo era aliada de la causa austracista- que hostigaría la costa andaluza desde Gibraltar hasta Almería. Entonces, aprovechando el desconcierto, las ciudades de Cádiz, Málaga y Badajoz, con Granada se levantarían en rebelión contra el partido borbónico.

Tres fechas barajaban sus maquinadores para el día del alzamiento en Granada: la Ascensión, el Corpus o San Juan que, por ser festivos, solían ser días en los que se concitaban muchas almas en la capital del reino. Los sublevados echaban sus cuentas, esperando contar con la adhesión de las multitudes venidas de los pueblos. De entre las tres fechas eligieron, a la postre, el Día del Corpus. El plan era magistral: se había determinado prender a las autoridades municipales partidarias de Felipe V de Borbón, procediendo inmediatamente al nombramiento de autoridades adictas al Archiduque Carlos. Los insurgentes habían establecido incendiar las casas principales de los partidarios felipistas más conspicuos y tampoco descartaban prenderle fuego a más de un convento.

La conjuración fue descubierta por confesarla uno de los involucrados; confesarla, sí... Confesarla, y no es un decir, pues la confesó en confesionario. Aquel timorato fue hasta la Catedral y puso en conocimiento de un canónigo los remordimientos que le atenazaban. El confesor negó al penitente la absolución, imponiéndole para lograrla la inmediata delación de todos sus cómplices, denunciándolos ante las autoridades de la ciudad. El Arzobispo de Granada entró en conocimiento de la confabulación y, puestas sobre aviso, los munícipes se aprestaron a capturar a los rebeldes. Los frailes valencianos pusieron tierra de por medio, refugiándose en Ronda. Pero fueron capturados. Verastegui, el anfitrión de los conjurados, escapó de Granada, buscando sagrado en Baza. Pero fue capturado. Fueron apresados, en total, más de un centenar de rebeldes.

Y, lo que son las cosas, aquella conspiración carlina extendía sus tentáculos hasta el Reino de Jaén. Tal y como luego pasaría en la Guerra de los Siete Años (la que empezara en 1833), cuando los clérigos del Sacromonte de Granada formaban la inteligencia carlista... Y al igual que, después, cuando quisimos que Carlos VII entrara en Madrid nuevamente serían esos clérigos granadinos del Sacromonte, pupilos de los de 1833, los que dieran cobijo y alientos a los carlistas de Granada y las Andalucías.

Para quien quiera ahondar en este episodio, diríjase a este documento:

"Refiérese la sublevación intentada en la ciudad de Granada contra la Catholica Magestad del Monarca de las Españas Don Phelipe V el Animoso (que Dios guarde, en Granada a 6 de junio de 1705.)", Manuscrito 18.262 de la Biblioteca Nacional de Madrid.

lunes 22 de marzo de 2010

RODEADO DE FRANQUISTAS

TODOS LOS ESPAÑOLES SUPERVIVIENTES SOMOS FRANQUISTAS: NUESTROS ACTUALES ROJOS, TAMBIÉN

Hoy me he dado cuenta. Estoy totalmente convencido, sí. Admitamos la realidad: Franco persiguió a los rojos, a los masones y a los maricones. De esa persecución sólo quedaron los apuntadores, los chivatos, los verdugos, los franquistas... Y, claro, Franco.

Franco aplastó implacablemente toda disidencia. Franco exterminó a media España. Bien. Estamos de acuerdo. Pero, entonces, tengo que pensar acaso que... Oh, tremendo:

Ustedes, los que dicen esto, son franquistas también. Vale. Ahora lo comprendo todo.

LO QUE DIJO LUIS XVI AL SER CORONADO


Juana Luisa Enriqueta Genet (más conocida como Madame Campan), dama de confianza de la desdichada María Antonieta, cuenta que:
"La consagración del rey se celebró en Reims con la pompa requerida. Entonces Luis XVI experimentó lo que más puede y debe llegar al corazón de un soberano virtuoso: el amor que el pueblo sentía por él, estalló en esos unánimes transportes que fácilmente se distinguen de la simple curiosidad y del clamor partidista. Él correspondió a ese entusiasmo con su honrosa confianza y paseó varias veces sin guardias entre la multitud, que le apretujaba y le bendecía. Pude observar la impresión que produjo en aquel tiempo una sola frase de Luis XVI. El día de su coronación, en el coro de la catedral de Reims, se llevó la mano a la cabeza cuando le pusieron la corona y dijo: "Me molesta." Enrique III había dicho: "Me pincha." Los más cercanos al rey se sorprendieron de la semejanza de ambas exclamaciones."
Enrique III de Francia fue apuñalado por Jacques Clément en Saint Cloud el 1 de agosto de 1589.

Luis XVI de Francia fue guillotinado por los revolucionarios en París el 21 de enero de 1793.

Sus frases respectivas, al recibir su testa la Corona de la Primogénita de las Naciones, son -como poco- curiosas.

domingo 21 de marzo de 2010

VIDA ANTIGUA, DE BOINA Y PANA


Como sentarse bajo un olivo, tras la faena, y sacar de la talega la fiambrera, el huevo duro, la alcuza y el bollo de pan hodierno. Abrimos la fiambrera, sabiendo lo que contiene, y recibimos dichosos el aroma del chorizo hecho, frío después de horas, con los torreznos incrustados en la masa de lampante que se ha formado al congelarse el aceite.

La navaja está abierta, y con brío fundimos la lengua de acero en el pan, abrimos una ranura y por ella vamos cortando. Entra la hoja suave y rajamos, practicando una oquedad en el pan, cuidándonos de no calarlo, para dejar un "piso". Se aparta el miajón, se escancia el óleo de la aceitera. El líquido áureo y rico cae en un chorro lento. Cuando a satisfacción hemos llenado con el aceite la poza del pan, empapamos el miajón en el embalse de aceite y esponjamos el sabroso pan. Lo dejamos reposar, para luego comerlo.

Vamos ahora al huevo. Con el mango de la navaja damos un golpe seco a la cáscara del huevo que traemos cocido, y lo descascarillamos. Alguno de la cuadrilla se ha traído una porción de sal, bien en un papelote o, si es más curioso, en un salero. Salpicamos el huevo, pues ya se sabe que un huevo sin sal es arisco y desazonado, como una vida sin campo. Entre bocado y bocado, le damos un tiento a la bota: sabe mejor el vino en bota que en botella. Una hogaza de pan sabe mejor comiéndola sobre los terrones, cabe el olivo.

¿Puede el hombre aspirar a mayor felicidad que la que le depara el trabajo saludable y su recompensa, que es el pan y el vino?

Hablamos de lo aventajado por la mañana. Reimos alguna ocurrencia de alguno. Podemos reirla. Estamos alborozados, pues la tarea nos cunde. No hay ni un holgazán entre nosotros, y que todos seamos del mismo pueblo es la razón de tan buena compaña, pues todos nos conocemos. Nos conocemos y si hubiera uno que se hiciera el longui, pronto circularía que Fulano es "más perro que la chaqueta de un guarda". Aquí, en el tajo: "Nuestro Trabajo es nuestro Honor". El remolque del tractor a la tarde se colmará de aceitunas, espuerta va y espuerta viene.

Algún día retornaré al campo, que nunca tuvimos que abandonar. Y llevaré una vida antigua. Un cortijo, mis libros, una escopeta y un perro. Y si me invaden la casa, no me lo pensaré dos veces: azuzaré al perro, para que muerda al intruso; y tampoco descarto que le dispare al delincuente que salte mi tapia. Y apretaré el gatillo con menos remordimiento que si le tiro a un conejo.

Se habla de gente que es de aquí, de gente que, de toda la vida, es de aquí. Y el de aquí, hasta el peor, es al fin y al cabo, uno de los nuestros, por rana que nos saliera el infeliz: "Una mala cabeza" -dice un su primo. Y es que trabajar con ese celo no impide que hablemos, los unos con los otros, contándonos anécdotas de lo que le pasó a Mengano en el Año 92, cuando la Expo -"Que bien que se embolsaron algunos socialistas su buena millonada". Otro hay que sostiene que los peores políticos son los que vienen del charco, esos que no tuvieron ni mierda en las tripas. Pero hay debate: se piensa, por otro lado, que muy peores que esos bergantes son los que, habiendo vestido la camisa azul, ahora levantan el puño. Para uno que está a mi lado, está más que claro: todos son chabacanes, los de siniestra y los de diestra. También se cuenta lo que le ocurrió a Zutano, en el Año del GAL, cuando el gobierno de España, ocupado por el PSOE de Felipe González, cometió Terrorismo de Estado.

Y uno termina diciendo: "Maldita sea la madre que lo parió... Ese facineroso". A lo que otro contesta: "Vaya que sí: de maleantes está el mundo lleno". "Los perros tienen más vergüenza que algunos" -dijo otro. Los perros son mejores que muchos que parecen hombres. Y todos sabemos de quién hablamos así.

Y usted, ¿no se lo calcula?

sábado 20 de marzo de 2010

LA TIERRA ESPAÑOLA NO ES DEL VIENTO... NI DE LA LANGOSTA

Romano, con los retratos de sus antepasados.

RECUPERACIÓN DEL CAMPESINADO ESPAÑOL

De una raza telúrica es el labriego. En sus rasgos fisonómicos lleva grabadas las labranzas de sus ancestros todos, la cosecha arruinada por la langosta y las mieses bonanceras. Tiene andares calmosos y es sentencioso en su decir. Habla poco, pues sabe que el silencio es mejor. Se le conoce a la distancia y su cuerpo está avezado a la pana acanalada; y tan estoicamente hecho a los rigores. Su boina cubre la cabeza que cavila y teme las plagas.

Puede desaparecer el campesino. Está desapareciendo. Pero la estirpe del labrador llevará por generaciones el sello indeleble que imprime sus nobles labores. Es mentira lo que por ahí se dice: que el campesinado andaluz es morisco. Es una patraña de tantas. En Andalucía los labriegos que hay son de otra masa racial. Hay que estar ciego para no encontrar en el tipo de labrador andaluz al tipo itálico, asentado en la Bética desde los remotos tiempos en que los legionarios, una vez licenciados de su servicio militar, tomaban posesión de las tierras como recompensa, levantando pequeñas copias, como por participación platónica, de la Urbe Ideal, la Eterna Roma, a la vera del Padre Betis. Las caras de estos labradores nuestros fueron entalladas en cabezas romanas, muchas braquicéfalas, de pelo lacio cual colonos oriundos de Alba Longa. El invisible escoplo de la genética no miente.

Una de las causas de la crisis total que sufre España en la actualidad (crisis espiritual y material) reside en la aversión que el burgués tiene contra el campo. El burgués, como desertor del terruño, vive para renegar de sus orígenes campesinos. Desprecia a los labriegos que fueron sus abuelos y bisabuelos... Y, por ende, termina burlándose del labrador como tipo humano rústico. Debido a esa animadversión propia del renegado, el nuevo rico, prófugo de los labrantíos, fingió la aristocracia que no tenía, ocultó su procedencia rural y vino con ínfulas de príncipe de los negocios. Así el campesino (que es decir el hombre rural) pasó en el imaginario social a ser el "paleto", el "cateto", el "pueblerino" y su caricatura sirvió para el hazmerreír de los "ciudadanos". Es curioso: nunca se hicieron más películas en España con el "cateto" como fuente de risotadas y burlas que en la transición democrática. Era un síntoma: nos estaban desarraigando del terruño, de las viejas tradiciones piadosas y rurales, donde se mantuvo el verdadero ser de España.

El burgués traicionó a sus abuelos labradores. Si el burgués era judío, no hizo falta perpetrar ninguna traición. No se puede traicionar nada a lo que nunca se le haya declarado lealtad. El judío ha manifestado a lo largo del tiempo un connatural desprecio por las labores del campo. Y ello, sin ánimo de descalificación, es algo notorio. El judío es capaz de ser campesino en Israel, pero profundas y atávicas supersticiones le impiden dedicarse a la tierra de los "goim" (término peyorativo con el que se refieren a nosotros, los gentiles). Tal vez, por esa incomprensión del judío por el campesino, el mismo Karl Marx no consideró al campesinado como una clase socialista. Algo muy similar con lo dicho que le ocurre al judío con el campo y el campesino le viene a pasar al gitano. El gitano, durante tanto tiempo, ha llevado una vida errante sin asentar la cabeza, y no es extraño que nos llame "payos" a los autóctonos ("payo" significa paisano, persona del país).

Una política auténticamente nacional estimará al campesinado y al campo. Verá en el campesino al custodio del agro, suelo sagrado de los antepasados, y entenderá que las manos que tocan la cosecha no pueden ser las manos de cualquiera, sino las manos expertas de quien siendo del país, sabe labrar para cosechar.

Toda política económica que -como hoy ocurre- desprecia los campos españoles y a los campesinos españoles que saben más que nadie de sus campos es un política traidora de taimados felones. Es la política de esos políticos cipayos que venden nuestra Patria al extranjero.

viernes 19 de marzo de 2010

Y LOS DIARIOS DE HEBBEL... SIN TRADUCIR

Friedrich Hebbel


De Friedrich Hebbel leí, hace unos años, la trilogía de "Die Nibelungen" ("Los nibelungos"), de 1862 si mal no me equivoco. Es uno de los literatos alemanes menos conocidos -y valorados- en España. Prueba de ello es que su magnífico "Diario" está sin traducir. Algo hizo, tengo entendido, el mexicano Francisco Asís de Icaza, ofreciendo una traslación al español en una breve antología de esos diarios de Hebbel. Pero, por desgracia, no existe que yo sepa una traducción completa de estos voluminosos "Diarios" del dramaturgo tudesco.

Hebbel nació en una familia pobre. Supo lo que es pasar hambre. Fue mendigo que vagamundeó por toda Alemania, de norte a sur, viviendo de las sopas de más agua que caldo y royendo duros mendrugos de pan. Uno de los primeros libros que leyó Hebbel, según nos cuenta en sus diarios, fue el "Don Quijote", y quedó cautivado por la novela cervantina.

Es uno de esos autores al que quisiéramos tener acceso. Pero, en España, mucha atención se presta a todo lo que viene de fuera (mientras sea guiri de Ingalaterra, de la Norteamérica, de la Francia... Y no digamos: si es africano, entonces es que Moratinos babea). Pero a esa cultura -a la alemana- algunos le han echado el candado: nos la quieren hacer sentir como sospechosa. Y os diré por qué es sospechosa: el alemán -hasta el protestante alemán- es un contrarrevolucionario neto y nato. Por eso pretendieron anularlo, culpabilizándolo y doblándolo, convirtiéndolo en esa espectral juventud alemana cosmopolita que olvida la lengua de Goethe y habla la de Byron. Pero me consta que todavía hay alemanes que no se dejan... Y están de mi parte.

Estoy hasta los cojones de toda influencia guiripollas y anglocabrona. Pero más me enoja todavía que, para una vez que quiero leer a un extranjero, por ser alemán el extranjero, me lo tengan en cuarentena.

No encuentro los "Diarios" de Hebbel traducidos al español. A ver si se anima alguna editorial, pardiez. O tendré que aprender alemán... Y me da mucha pereza, la verdad.

jueves 18 de marzo de 2010

ESPAÑA SIN CULTURA Y BARBARIZADA (SEGUNDA PARTE)


El concepto "cultura" es uno de los más resbaladizos. En su propia ambigüedad radica que todo género de inútiles sociales puedan refugiarse bajo la cobertura de un presunto quehacer cultural o artístico.

Si al menos tuvieran la decencia de vivir de su arte o de su tarea cultural, sin reclamar subvenciones, nos harían un gran favor a todos. Pero no es así. No puede ser así. Por naturaleza un parásito no puede hacerle a su víctima el favor de no vampirizarla, pues de hacerlo el parásito comprometería su mismo futuro. Las sanguijuelas de los presupuestos culturales se acoplan a las arcas públicas, como unas lapas, para seguir chupando la sangre de eso que eufemísticamente llaman "sociedad". Pues llamándole así -la "sociedad"- es como cuentan de antemano con nuestra pasividad. Denominándole a su fuente de ingresos así es como nos callan que, en verdad, viven de todos y cada uno de nosotros.

Pero ¿es cierto que "hacen" cultura? ¿es verdad que "hacen" arte?

Sería más fácil responder si contáramos con una definición de cultura. ¿Qué es "cultura"? En un sentido muy amplio, vamos a aceptar en un principio la definición que aporta Nietzsche:

"Una cultura es ante todo una unidad de estilo artístico en todas las manifestaciones vitales de un pueblo".

(Consideraciones Intempestivas, "David Strauss, el confesor y el escritor").

No vamos a diseccionar la definición que le pedimos prestada a Nietzsche. De ella podríamos decir muchas cosas. Sobre todo, no entremos en disquisiciones sobre lo que es un "estilo artístico". Pero, démosla por buena.

Y ahora, sabiendo que una cultura es, como mínimo, "una unidad de estilo artístico en todas las manifestaciones vitales de un pueblo", preguntémonos:

¿Esos vividores de la cultura, subvencionados por todos los que formamos la "sociedad", contribuyen a dar una "unidad de estilo" a las manifestaciones del pueblo del que viven? Y, si están creando una "unidad de estilo"... ¿es admisible esa "unidad de estilo" que están conformando? No olvidemos tampoco "manifestaciones vitales de un pueblo". Lo de "vitales" es fundamental. En las manifestaciones de un pueblo, el pueblo se juega nada más y nada menos que su identidad, su propio ser, su legítimo estar: arriesga, en esas manifestaciones, la misma vida.

En el caso remoto de que esa farándula, tan mimada por el Estado, estuviera dotando al pueblo español de una "unidad de estilo", cosa más que discutible desde el momento en que preconizan la multiculturalidad y, tan contentos, ponen ladrillos para hacer la Torre de Babel, en ese caso hipotético: ¿es esa "unidad de estilo" algo que traiga alguna ventaja a nuestro pueblo? ¿Esa combinación de elementos tan diversos y exóticos con la que juegan (desde el fular palestino que prolifera, hasta la camiseta del Che Guevara, o la estatuilla del orondo Buda) no es más bien, preguntamos, la "liquidación" de nuestra cultura y, por ende, poner a nuestro pueblo en vías de extinción?

Los artistas e intelectuales que pertenezcan a un "mundo cultural" que se justifica, promociona o incluso se autodenomina "multicultural" son artífices de algo que no es una cultura, sino de algo que, en virtud de su multiplicidad, niega la posibilidad de cualquier "cultura española".

Luego... Son cualquier cosa que ustedes me quieran decir: parásitos, vivales oportunistas o, incluso, cómplices de la destrucción de nuestro pueblo y su cultura. Pero, nunca serán "cultura española".

miércoles 17 de marzo de 2010

WAGNER CAMINO DE PRAGA


PASO A PASO... HASTA LLEGAR AL DESTINO

Vuelto a Dresde, Richard Wagner reanudó su vida de escolar díscolo y pendenciero. Había estado en Praga, que le había dejado una marca en su impresionable sensibilidad estética:

"En esta capital me encontré repentinamente transplantado a un ambiente por completo nuevo para mí. Como venía de Sajonia, saboreé doblemente el encanto poético de Bohemia y, sobre todo, de Praga. La distinta nacionalidad, el peculiar alemán de la población, ciertos peinados de sus mujeres, el vino del país, las arpistas, los músicos, las insignias católicas que se veían por doquier, las numerosas capillas, las imágenes de los santos, todo ello me dejó embelesado."

Y entre los encantos de Praga estaban las dos amigas de Ottilie. Ottilie era la hermana de Richard. Las amigas de Ottilie eran dos jóvenes hermanas, a cada cual de las dos más bonita. En la mente febril de un poeta como era Wagner, ambas eran unas beldades. De origen aristocrático, pues eran hijas del conde Pachta, Jenny era la morena fatal y Auguste, el esplendor solar de la blonda melena. Jenny y Auguste eran dos jóvenes de singular belleza. Y las dos bellas rindieron el corazón, tan inclinado a la belleza femenina, del mujeriego Wagner. Aunque ambas eran unas frívolas irremediables, Wagner se las ingenió para idealizarlas.

Richard tenía 14 años de edad. En Dresde su corazón suspiraba, recordando la hermosura de Jenny y Auguste. Lejos de aquellas beldades, exaltada su imaginación, Richard comunicaba a su amigo Rudolf Boehme la rara belleza de las condesitas. Y, tanto poder tiene el entusiasmo, que Wagner se las compuso para convencer a su amigo Rudolf Boehme. Llegado el verano de 1827, Richard tiraría de Rudolf y, un buen día, ambos desaparecieron de Dresde, lanzándose al camino y a la aventura. Emprendieron la caminata a Praga, dispuestos a llegar a aquella ciudad a pie.

Y llegaron. Agotados, pero llegaron. Lograron avistar a las hermosas damiselas, pero éstas no les hicieron ni el menor de los casos a la pareja de amigos tan andarines.

Leí este pasaje de la vida de Richard Wagner las pasadas Navidades. No quise comentarlo hasta hoy cuando, por detalles que no vienen al caso, tan ricamente me viene a las mientes y, por ello mismo, a colación.

. . .

Entre ella y yo distaban unos cincuenta y tantos kilómetros. Yo no tenía vehículo. Pero, desde que la había visto, no podía dejar de pensar en ella ni un momento.

Un buen día, tan harto de lamentarme por aquella distancia que había entre ella y yo, bajé las escaleras. Abrí la puerta y la cerré a mis espaldas. Y eché a andar por la calle. Sin mirar atrás. Dejé mi ciudad que se perdió bajo las colinas, y seguí andando. Avanzando por el margen de la carretera. Por la calzada me adelantaban, veloces, los coches. Pisando implacablemente con mis suelas los jaramagos. Me rebasaban los camiones que rodaban raudos por la autovía. Dejé a mi izquierda el caserío de un pueblaco. Y seguí andando. Caminé por la calle del medio del campo. Y atravesé otro pueblo. Una buena mujer me dio agua, haciéndome el honor de sacar una botella de su frigorífico. Y, tras el refrigerio, continué andando. Un paso adelante, y otro paso adelante. Pensaba en ella, en aquella joven que era, para mí, el dechado de todas las hermosuras y virtudes.

Pensé que, aunque la peripecia no surtiera el resultado que, en mi opinión, merecía la fazaña, con semejante demostración de mi granítica voluntad, yo no estaba haciendo algo que no fuese lo más correcto. Era un asunto de conciencia. Mi naturaleza me dictaba, por encima de la sensatez y de cualquier otra objeción, dar un jaque a aquella situación. Y lo que me dictaba aquello -¿sería amor?- era no dejar que las cosas sucedieran sin mí. Lo que mi carácter me imponía era la intervención contundente en el curso de los acontecimientos, para modificar el estado de las cosas. Lo tenía que hacer. Me crié en mi casa, escuchando desde siempre: "De ningún cobarde se ha escrito nada". Ser español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en esta vida. Un español no puede ser un cobarde que, pasivo, asiste al desenvolvimiento de los sucesos, para luego lamentarlos. El español verdadero no se queda contemplando. Para nada hablo de esos postizos que se dicen españoles en virtud de un papelajo oficial, expendido por un Estado que no puede representar en justicia a la verdadera España. El español verdadero y entero que yo era, soy y seré, tenía que intentarlo, jugándosela siempre. Y razonaba para mis adentros: "Cueste lo que cueste... Lo he de conseguir. Y si no lo consigo, bien alta la cabeza y todo puesto en la demanda que, luego, bien con los laureles del triunfo o bien con el acíbar del fracaso, aquí paz y después gloria."

Avisté la ciudad en que ella vivía. Me dolían un poco los pinreles. Llamé a su timbre. Ella sabía que, en aquel entonces, yo no tenía coche. Tampoco había autobús, ni había por dicha un tren que acortara aquel abismo rodeado de olivos y tierra. Nuestras ciudades yacían sobre el sitio en que las pusieron, lejos la una de la otra, aunque en la misma provincia. Me recibió ella.

En su casa, la familia tendría que haber comentado lo difícil que yo lo tenía para llegar hasta ella. Al verme, su abuela se hizo cruces, y dijo: "Este mozo es de los antiguos". Es uno de los halagos que más pueden enorgullecerme: que me comparen con los antiguos, y me descuenten del número de los actuales.

Fue, de todos modos, una tarde gloriosa. Paseamos juntos por un parque. Y me despedí de ella. Regresé a mi casa.

A pesar de aquella caminata mía -me la ha recordado la que hicieron Wagner y Boehme-, a pesar de mi esfuerzo de caminante no me acompañó la fortuna. Era otro el destino de ella, y otro el mío. A la postre, la realidad fue más fuerte que mi voluntad...

Pero mi voluntad y la realidad se habían medido. Y, desde entonces, la realidad sabe que, como yo me ponga, la hago temblar.

ESPAÑA SIN CULTURA Y BARBARIZADA (PRIMERA PARTE)

Don Quijote acomete a los títeres de Maese Pedro

LA "CULTURA ESPAÑOLA DE HOY" ES UNA ESTAFA GUBERNAMENTAL Y MEDIÁTICA

Con la "Fauna de escritorzuelos y otras mujeres públicas" con que me despaché ayer, me alivié de la indignación que, si me descuido, se apodera de mí cuando me represento el espectáculo grotesco de eso que llaman las Letras Españolas de Hoy, Cultura contemporánea española y Mundo de la cultura española. Expresiones que, todavía si suprimimos el "española" en singular o plural, según convenga, podría ser algo en otros países... Pero no puedo admitir, en modo alguno, que valga decirlo para el nuestro, al menos en lo que hace a las expresiones que más repercusión mediática tienen.

...Y todavía habrá alguien que me reproche el disgusto que experimento prácticamente por todo lo que, en nuestros días, llama la gente por ahí "cultura". "¿No hay escritores?" -me dirá el contentadizo. Podrá alegarme el crítico: "¿Es que no tenemos cineastas, actrices, actores de fama internacional?"... Algún periodista muy famoso y, digámoslo todo, que de tonto no tiene ni un pelo, no sé a cuento de qué les ha llamado a estos -a los faranduleros gubernamentales- "titiriteros". La palabra ha hecho fortuna y muchos la repiten. Pero, si lo pensamos bien: los actores y el mundillo pseudocultural que se mueve, meneando la cola, a las perneras del poder no merecen el título de titiriteros (¡qué más quisieran ellos!), cuando harto trabajo les cuesta ser títeres.

Y, me digan lo que me digan, por más Óscars que me traigan a las mientes... Ya pueden traerme Nobeles, y hasta las oseras de Berlín al completo, que yo les seguiré diciendo a ustedes: "Somos un pueblo sin cultura".

La cultura es un término que se emplea a diestro y siniestro, sin que, la verdad por delante, tengamos mucha noción de lo que significa el vocablo. Cuando dicen "cultura", nuestros contemporáneos de manga ancha abren un saco con las fauces tan grandes que, dentro de él, podemos insacular lo mismo un desfile de travestis que una representación teatral de Lope de Vega. Y con bastante probabilidad, si el evento lo organiza una entidad administrativa (desde el ayuntamiento hasta el Ministerio, pasando por las escalas intermedias) ocurrirá, digo, que, para mayor escarnio, el dinero público para subvencionar la pasarela de dragsqüines recibirá más pródiga subvención que "La vida es sueño".

Es una paradoja digna de considerar. En tiempos que los ignorantes progresistas califican como "obscurantistas" proliferaban más productos artísticos -esto es, propiamente culturales- que en nuestra engreída época, cuando hasta los artistas que no son capaces de popularizar -ni vender- sus canciones nos imponen tributos, con la arbitrariedad vesánica de un sátrapa.

Se lo diré a ustedes hablando en plata:

En los tiempos de Calderón de la Barca en España había cultura. Acuérdese usted, eran los tiempos en que imperaba la Santa Inquisición y se pintaban los mejores lienzos (como el de Las Lanzas); eran los años en que existía una censura que permitía o prohibía un libro, y se escribió el Quijote; por esas calendas, había una estrecha vigilancia y contención de las costumbres públicas (que corría pareja a una verdadera libertad en el ámbito privado), y no había villorrio que no hubiera sido visitado por los comediantes de la legua, para representar ante los ojos del más "rústico" público, es un poner, "El gran teatro del mundo". La gente no iba a la escuela, bien: era analfabeta; pero nuestros antepasados se sabían el Pater noster en latín, el Credo, y lo que viniera bien. No había museos, pero ni falta que hacía: el arte era tan democrático que la mejores tallas de nuestra imaginería se paseaban por las calles en Semana Santa.

En los nidos de antaño no hay pájaros hogaño.

Cierto. Bien se me podría espetar ese refrán tan lapidario. Pero, admitido incluso que no hay ni arte ni cultura hogaño... ¿Por qué será que no la hay?

Pretender despachar una cuestión tan prolija como esta que aquí propongo sería no acabar. Dejo al lector que lo piense, si en algo le importa eso que llamamos cultura y que, a la luz está, no puede corresponderse con lo que tan generosa cuan irresponsablemente es calificada como tal. Pero, si mañana reanudara yo la cuestión, avanzo que empezaría diciendo algo así como:

"No hay cultura en España desde que nos han apartado/hemos apartado de nuestra Santa Religión".

martes 16 de marzo de 2010

FAUNA DE ESCRITORZUELOS Y OTRAS MUJERES PÚBLICAS


EXECRACIÓN CONTRA LA INFRALITERATURA PROGRESISTA: SUS "AUTORES" Y FAUTORES


Podemos dar por felices aquéllos tiempos de antaño, cuando todavía se hacía cierto el dicho de Plinio el Viejo que, al decir de su sobrino, sostenía: "...no hay libro, por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena". Pero, para elevar el mentís contra ella, vinieron en estos tiempos -podemos pensar- los que la refutan haciendo libros que no valen ni la tinta ni el papel en que consisten. Es una plaga la que prolifera, una peste de escritorzuelos con no pocas escribidoras, todos a sueldo de sus amos ideológicos, profanando la Lengua, corrompiéndola y devastando, poniéndola al servicio de la secta y la letrina.

Díganme a mí para maldita la cosa que sirve un libro, pongamos por caso de Maruja Torres o del hermano de la inculta ex-ministra de Cultura (la Calvo Poyato). Pues, no quiero acordarme (pues me duele la deforestación de la selva amazónica), de esos que llaman novelas, de esas que cunden, bajo el membrete de "novelas históricas".

Y qué les diré de esas colectáneas de opiniones, que al día siguiente hieden como la cadaverina de un perro muerto, tanto se echaron a perder al raso del cielo: antologías de tontorruneces, novenarios del beaterío demócrata al "día de la tolerancia", el "día de la mujer con almorranas", o el "día del calzonazos", o el "día del cornudo consentido"... Todas ellas agrupaditas en su respectivo centón foliado, firmadas por un periodista que, sonriente o con cara de pozo pestífero (por lo profundo y existencialista), nos mira desde su portada... Con esa jeta de sinvergüenza que copió en el último examen de carrera. Y puede que ese desgraciado esté, sistemáticamente a favor o en contra del PSOEz, que me es lo mismo: leerlos es una pérdida de tiempo. Perdularios periodistas que, en vez de consagrarse a la verdad, hicieron del noble oficio del periodismo un prostibulario; donde, por no saber, no se sabe ni poner tildes ni tildar... Pero eso sí, en los menesteres que verdaderamente les justifican la nómina, ya digo: son más duchos que las felatrices.

Periodistas anfibios que, los muy batracios, quieren ser admirados en el quiosco y en las librerías. Estas luciérnagas así brillan como la bombilla, hasta que se quema el enchufe. Y no faltan, faltaría más, las "plumas", nunca mejor dicho, que propalan la misma mariconez que les tiene el ojete hecho una calamidad, se pongan como se quieran poner, creyéndose respetables por apoyarse en un bastón.

Escribidoras fémino-socialistas expeliendo, hasta por las orejas y los poros, la ponzoña de su resentimiento de adefesios; la patulea de resentidas, cuya similitud con el sapo venenoso no la puede remediar ni la cirugía estética, alborota erigiéndose en portavoz de la mujer, cuando ni los yonquis las querrían por abogadas.

Y luego está ese, el especialista en "memoria histórica": un propagandista del Régimen que ejerce con las ínfulas de historiador y la imaginación de Steven Spielberg haciendo "películas de ciencia ficción". Este, dentro de la horda de escritorzuelos, es el escribiente... Y no dudamos que escriba de la Sinagoga, al servicio de esos fariseos que, con un padre o un abuelo franquista en el cajón, se dan golpes en el pecho y profesan de demócratas de toda la vida.

Incultos contumaces y verborreicos, investidos de una efímera aura que les dura lo estipulado en contrato. Políticos fracasados o jueces engreídos, onanistas de la literatura y pervertidos varios, famosetes de fin de semana... Todos quieren escribir sus memorias, como si nos importara a los demás lo que hayan vivido o dejado de vivir.

Plinio el Viejo: "Dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum, ut non aliqua parte prodesset"... En efecto, admitamos con él que no hay libro por malo que sea, que no tenga alguna cosa buena, la sentencia no ha dejado de ser cierta: siempre que tengamos en cuenta que no todo lo que tiene su aspecto, es propiamente un libro. No son libros los montones de tochos de folios que, apilados en las librerías, no sirven ni para papel higiénico. Ni lo pueden ser. Y no se nos olvide tampoco que, en no pocos casos, esas heces condensadas en papel (que mienten sobre el sexo, mienten sobre la guerra civil, mienten sobre la actualidad caducada...) se pagan con el erario -con tus impuestos, lector, y con los míos. Con nuestro dinero se pagan y propagan las ideas fémino-socialistas o las patrañas del guerracivilismo.

Hay cosas con forma de "libros" que son venenosas por su "mala idea", sus malísimas ideas y sus peores artes. Más mortíferos que páginas untadas con arsénico.

Y su mejor destino, no nos engañemos, es el reciclaje.

domingo 14 de marzo de 2010

LA REBELIÓN DE ESPERANZA AGUIRRE

El gran filósofo alemán Oswald Spengler: para saber más de él recomendamos la bitácora amiga
LA MALDICIÓN DE SPENGLER

Oswald Spengler lo advirtió:

"Entre las señales más graves de la decadencia de la soberanía del Estado, se cuenta el hecho de que en el curso del siglo XIX llegara a predominar la impresión de que la economía es más importante que la política. De las personas que hoy intervienen en algún modo en las decisiones, no hay apenas una que rechace resueltamente el aserto. No sólo se considera el poder político como un elemento de la vida pública, cuya misión primera, si no la única, es servir a la economía, sino que se espera que se someta por completo a los deseos y opiniones de la economía, y, por último, que sea regido por los directores de la economía."

(
Años decisivos)

Los "rebeldes" del PP... menuda "rebelión" con pistolitas de agua.

Para ilustrar lo vaticinado por Oswald Spengler, un caso práctico y fresquito:

En medio de la crisis económica, el desgobierno socialista diseña otro capítulo más que nos sumirá más profundamente a los españoles en la miseria. El partido gubernamental ultima una subida de impuestos: esta vez, nos subirán el IVA. Frente a ello, la pepera Esperanza Aguirre propone una rebelión que -viniendo de donde viene, ni que decir tiene que es "pacífica"; una rebelión contra la subida del IVA. Discurso demagógico que puede entusiasmar a los incautos, no a los descontentadizos como nosotros. Podemos leerlo, por ejemplo, pinchando en ABC.

Como podemos ver hay "politiquesas" liberales que llaman a la rebelión cuando el gobierno nos sube los impuestos. A ninguno de estos "rebeldes sin causa" del PP se le ha ocurrido que existen razones más poderosas para invocar una rebelión: pongamos por caso contra la abortista Ley Aído. Hay barbaridades que cometen los del PSOE más grandes que esa cuestión fiscal. Pero, recordemos a Spengler: "
la economía es más importante que la política"... Esa es la impresión que nos rige. Por eso, no nos importan los no nacidos, pero sí que nos rasquen el bolsillo. Por eso, "De las personas que hoy intervienen en algún modo en las decisiones, no hay apenas una que rechace resueltamente el aserto." El aserto dice: "la economía es más importante que la política".

Desde este punto de vista economicista: las políticas económicas tendrían la capacidad -y hasta la presunta legitimidad- de rebelarnos. Las políticas abortistas no merecen la rebelión. Ni se nos pasa por las mientes.

Estamos en una crisis, en efecto, pero mucho peor que la economía está nuestra moral.

EN REBELIÓN


ABRAMOS LOS OJOS

Refiriéndose a la naturaleza del "poder", Ernst Jünger encuentra -en una entrada de su diario de 1945- que lo mismo que en un barco pirata el capitán es el que más vocifera, en un Estado totalitario también es el más vociferante el "Jefe". Asimismo, al igual que en un barco pirata no hay garantías para los más débiles, un Estado totalitario presenta, entre sus rasgos fisionómicos, "la violentación de los indefensos": "...tales Estados se señalan siempre por tres características que no engañan: la proclamación del ateísmo, el robo de la libertad y la violentación de los indefensos" -escribe Jünger.

Podríamos decir que, otra característica de los "Jefes" totalitarios es fotografiarse rodeados de niños. Algo cuenta Jünger sobre lo que hizo Hitler, cuando recibió un ramo de flores de una niña alemana. "Foto" -dijo el Führer-, y acto seguido, tras el fogonazo de la cámara fotográfica, apartó con desdén el ramo. He visto personalmente a líderes del PSOE andaluz hacer lo mismo en muchos pueblos.

El "desgobierno socialista" que conduce a la catástrofe a España se proclama laicista (que poco dista del ateo), nos ha robado hasta la libertad de fumar y ha dictado una Ley para exterminar a los no-nacidos. Son pruebas del totalitarismo que inspira a estos desmandados, totalitarismo por más encubierto que esté bajo el ropaje "democrático".

Está llegando la hora de la rebelión... Y una rebelión de mayor calado que la preconizada por alguna que otra timorata lideresa, de esas liberales que se creen oposición.

Por Dios, la Patria, el Rey Legítimo y las Libertades originarias de la España tradicional, por los derechos de los indefensos y contra el tiránico despotismo "democrático", me declaro en rebelión.