martes, 28 de diciembre de 2010

EL LEAL SÚBDITO DE JORGE III DE INGLATERRA

Howard Phillips Lovecraft, leal súbdito de Su Majestad Jorge III.

HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT: MONARQUISMO NORTEAMERICANO

Howard Phillips Lovecraft, nacido el 20 de agosto de 1890 en el nº 194 de Angell Street de Providence (capital de Rhode Island en los USA), y muerto en el mismo lugar que lo viera nacer el 15 de marzo de 1937, es sin duda alguna uno de los mejores escritores del género de terror de todos los tiempos. El abuelo materno de Lovecraft fue un destacado masón, lo cual no pareció contribuir a menguar el conservadurismo del nieto. Lo que se consideran extravagancias suyas, de las que buena cuenta nos da la mejor biografía que de él se escribió*, nos lo hacen simpático:
"Una vez visitó el monumento de los primeros coloniales caídos en la revolución, en Lexington, Massachusetts. Al preguntársele si no había sentido ninguna reacción emocional, replicó: "¡Por supuesto que sí! Me acerqué y exclamé en voz alta: ¡Así perecen todos los enemigos y traidores a Su legítima Majestad el Rey Jorge III!".

Jorge III

La anécdota que protagonizó Lovecraft en su visita a Lexington podría haberle ocurrido a algún hispanoamericano que, sin que nosotros lo sepamos, se haya acercado a la tumba de sus "libertadores", habiendo comprendido que aquella "emancipación" fue un hachazo en el tronco de la Monarquía Católica de España. Y esto, independientemente de estar ésta ocupada por un nefasto inepto -del tamaño de Fernando VII. En el curso del aciago reinado del Rey Felón se vino a independizar buena parte de Hispanoamérica, para su mal y el nuestro; y para mayor "gloria" (que, para ellos, es decir "beneficios") de las potencias enemigas de España: con la Ingalaterra a la cabeza, aplaudiendo la Francia y la Rusia frotándose las manos.

Pero volvamos a Lovecraft. Es, desde luego, curioso que un norteamericano profese tal desprecio por los "padres de la patria", a la vez que sin ambages proclama su lealtad a la legitimidad monárquica de Jorge III. Ni que decir tiene que mucho más simpatizaríamos con Lovecraft si el objeto de su declarada, inesperada y anacrónica lealtad (Jorge III), hubiera sido un monarca católico. Pero, como todo el mundo sabe, Jorge III (de la Casa de Hannover) no era católico y, por si fuese poco, terminó majareta.

Es una lástima -ya lo decía Juan Donoso Cortés- que Inglaterra no sea una Monarquía Católica, pero qué le vamos a hacer: tampoco lo es "eso" que tenemos aquí en España desde 1975. Sin embargo, será mi monarquismo a prueba de bombas, a mí Lovecraft se me hace muy simpático desde que leí esta anécdota.

*La mejor biografía de Lovecraft es el libro de Lyon Sprague de Camp, "Lovecraft. Una biografía", publicada al español en traducción de D. Francisco Torres Oliver, en la Colección AVATARES, de la Editorial Valdemar, en 1992.

jueves, 23 de diciembre de 2010

DE ÉLITES, PUEBLO Y MASAS

Cuadro de Eugenio Lucas, 1862: en él podemos ver a un fraile acaudillando una revuelta popular. El clero, genuina élite de la antigua España, digiría a un pueblo consciente de su dignidad. Que el clero actual aprenda de esos grandes antecesores decimonónicos, en vez de hacer el ridículo abrazando las perniciosas novedades heréticas.

DE NUESTRA ANTIGUA Y ACTUAL ESPAÑA

El muy cuco de Ortega y Gasset nos quería meter un gol por la escuadra.

Apuntaba el filósofo madrileño que uno de los motivos de la "invertebración" de España era la rebelión de las masas españolas que no obedecen ni secundan las directrices marcadas por sus élites (ni que decir tiene que Ortega y Gasset se sabía a sí mismo como capitoste de esa élite). Al decir de Ortega, la élite -minoría selecta- estaría formada por hombres creadores de un proyecto de vida, siendo su misión la de dirigir a las masas. Cuando escribía, en efecto, el pueblo español se estaba transformando en masa; mientras que la élite española, al menos la que siempre está en el candelero, seguía siendo con leves modificaciones, la misma que era en el siglo XVIII, la misma que fue en el siglo XIX y la que, con Ortega y Gasset, venía a ser en el siglo XX.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la actual "élite" del siglo XXI sigue siendo la misma en España: una pandilla de extranjerizantes que se han propuesto culminar su misión elitista. En plata su proyecto consiste en modernizarnos a nosotros, pobres trasnochados palurdos apegados a las tradiciones patrias.

En el siglo XVIII eran los ilustrados (en honor a la verdad digamos que no les faltaba a algunos de estos cierto patriotismo). En el siglo XIX eran los liberales. En el siglo XX digamos que los componentes de la élite española fueron, como el mismo Ortega y Gasset, los mejores tontos útiles del proyecto antiespañol y antihumano que la Unión Soviética tenía para nosotros. Luego, Ortega y Gasset lo diría demasiado tarde: "No era esto... No era esto".

Las élites en España siempre han sido extrañas al pueblo. Si al pueblo le gusta los toros, la élite reprueba la tauromaquia. Si al pueblo le gusta la capa española, a la élite le da por decretar el tijeretazo a la capa larga. Si al pueblo le gusta la Semana Santa, la élite se burla de la Iglesia. Si el pueblo vitorea a la Inquisición, a la élite se le ocurre denigrarla y dar cancha a la Leyenda Negra. Si el pueblo es monárquico, la élite republicana se hace. Si el pueblo dice blanco, negro dice la élite. Y los vicios antiespañoles que contrae la élite se contagian al populacho -no al pueblo-, sino a la masa amorfa, fruto del desarraigo y vertedero de los egoísmos. A día de hoy, apenas hay pueblo en España, sobra plebícula masificada con el cuadro sintomático de las rancias élites falsarias y la élite brilla por su ausencia.

La explicación para tal enfrentamiento es muy sencilla. La élite podía viajar por placer, gracias a disponer de dinero, cabalmente de lo que no andaba sobrado el pueblo trabajador. Siglo de las pelucas: El Conde de Aranda en Ferney de la Francia, adoptado como perrillo faldero de Voltaire. Siglo XIX: El Conde de Toreno, Álvarez Mendizábal y una larga lista de ministros liberales, cliéntulos de la Familia Rothschild. Siglo XX: García Lorca en Nueva York (¿se imagina alguien a cualquier campesino granadino de aquel entonces viajando a Estados Unidos? En todo caso, si el pobre español -gallego, cántabro, vasco, andaluz, catalán, valenciano...- viajara en aquel tiempo a USA lo hacía como emigrante de solemnidad). Lo que mediaba entre "élite" y "pueblo" era un abismo: el pueblo pisaba la tierra española y a su contacto seguía siendo él mismo. La "élite" se desarraigaba del suelo español y se extranjerizaba.

La experiencia nos viene a demostrar que, después de Felipe II, no hay nada más tonto que un español en el extranjero, profesando ideas y maneras "avanzadas". El afán de pasar por refinado, culto, hombre de mundo o mujer de mundo, moderno, de "ideas avanzadas" llega hasta el ridículo más patético en quien, siendo español, no permanece fiel a su ser español que es un compacto sin fisuras formado por la aleación más grandiosa que vieron los siglos: católico y español en perfecta identidad indivorciable. Por eso es que, tanto José María Aznar como Rodríguez Zapatero, se nos parecen tan patosos y tan ridículos a los mismos españoles cuando los hemos visto actuando allende nuestras fronteras. La presunta élite extranjerizante -ahora sí, hay que hablar de "presunta"- es una burlesca caricatura, un monstruoso y despreciable engendro de lo que es la verdadera y primitiva aristocracia española de los siglos de Oro: piadosa ("fanática" dirán los modernos) por católica; austera y lacónica por española.


García Lorca en Estados Unidos. El señorito granadino podía viajar: y no como emigrante, sino como turista. García Lorca, ejemplar de una falsa élite "española" descristianizada por los nocivos efectos del krausismo.


La élite española -lo que por tal pasa- no es tal. Se nos ha presentado, a lo largo de la historia de estos últimos trescientos años, a unos españoles que habían dejado de serlo en el momento en que entraban en contacto con la nefasta Europa protestante y liberal. Pero se nos ha dicho que "ellos" -precisamente "ellos", los fachendosos imitadores del extranjero- forman la élite española de estos últimos tres siglos. Y mientras se nos impone ese "dogma cultural", se nos silencia a la verdadera élite de la España de esos tres siglos que decimos, prácticamente anulada mediáticamente: Donoso Cortés, Vázquez de Mella, por poner dos ejemplos.

UNAS ANÉCDOTAS MUY ELOCUENTES

Durante la Guerra de la Independencia, visitó el Duque de Wellington la ciudad de Cádiz a finales del mes de diciembre de 1812. La mayor parte de la aristocracia española residente en la ciudad -por estar refugiada en Cádiz- corrió a agasajar de la forma más perruna a Sir Arthur Wellesley. Ofrecieron al militar británico un pomposo recibimiento con el que podemos decir que nuestra "élite" tiró la casa por la ventana, pues costeó pródigamente una cena pantagruélica -de la que sobraron casi todas las viandas. Aquello fue un escándalo para los tiempos que se estaban viviendo de estrecheces, pero más escandalosa si cabe fue la vil actitud de la aristocracia española que ni se atrevió a rechistar cuando el Duque de Wellington correspondió a tanto dispendio de la manera más grosera e insultante. Sir Arthur, haciéndose acompañar de todas las esposas, madres y hermanas de aquellos nobles de España, cerró tras de sí la puerta para comer con las españolas, mientras dejaba a la flor y nata de nuestra "élite" allí plantada. El desdén de Wellington se lo tuvieron muy bien merecido.

Pero, vayamos ahora al pueblo de aquel entonces. En la misma ciudad de Cádiz, por aquellas mismas fechas. Los gaditanos reciben al hermano del mismo Duque de Wellington, que viene como embajador de la Gran Bretaña. La muchedumbre aclama al diplomático de la potencia aliada contra Napoleón, y éste arroja una bolsa de dinero a la multitud. La bolsa la recoge un zapatero, acompañado con otros paisanos. El zapatero sube donde está el embajador inglés y, devolviéndole la bolsa muy gentilmente, va y le dice:

"Si el pueblo de Cádiz aclama a Vuestra Excelencia es porque en él mira al representante de la nación aliada de España para combatir a Bonaparte. Tome Vuestra Excelencia el bolsillo y no vea en ello un desaire, sino una prueba de la sinceridad, del afecto de esta población."
Mientras la nobleza española se rebajaba, el pueblo español daba muestras de su dignísima condición. Y en aquellos tiempos, no sólo el pueblo, hasta los locos españoles eran más hidalgos que un cuerdo elitista.

Para la comilona preparada a Wellington tuvo que acondicionarse un sitio capaz de albergar a tantos como querían cenar con el Duque. Por condiciones espaciales se piensa en Cádiz que lo mejor es celebrar el festejo en el Hospicio y se procede a evacuar a los dementes que allí estaban acogidos. Se cuenta que un orate que allí estaba, viendo los preparativos que se estaban haciendo para aquel evento, le preguntó a otro loco que para qué se hacía todo aquello, a lo que el interpelado le respondió:

"Pues, nada, compadre: Que vienen unos locos muy principales".

miércoles, 22 de diciembre de 2010

RIDÍCULO... Y NEFASTO

David Cameron y ZP corriendo. Foto: Reuters

El "amigo" de Marruecos y ZP

EL MEJOR COLABORADOR DEL ENEMIGO

31 de marzo de 1946. Ernst Jünger escribe sobre Adolf Hitler en su diario:

"Cuando pienso en mi trayectoria personal veo que ha marchado, a menudo sin que yo lo deseara, a contrapelo de la evolución. Mi juicio ha cambiado y ha ido desde: "Ese hombre tiene razón", pasando por: "Ese hombre es ridículo", hasta: "Ese hombre está volviéndose nefasto". En general mi juicio correspondía sin duda al grado en que Hitler iba pasando de la réplica a la provocación."
Si pensamos en nuestra trayectoria personal, en las postrimerías de este año 2010, podríamos suscribir esta reflexión de Jünger, esta vez refiriéndonos a José Luis Rodríguez Zapatero. Pero, eso sí, Rodríguez Zapatero va a salir peor parado que el mismo Hitler, pues podríamos saltarnos el momento de: "Ese hombre tiene razón" (nunca ha mostrado ejercitar la razón, y nos ha demostrado que está muy lejos de tenerla), para ponernos directamente en la fase: "Ese hombre es ridículo", y llegar a afirmar, cada día con mayor convencimiento, el veredicto final: "Ese hombre está volviéndose nefasto".

El trabajo de payaso progresista es una tarea que fatiga mucho; por eso mismo es bueno echar una cabezadita

A él no parece preocuparle que el paro haga estragos y precipite a los españoles en la ruina económica, en la desesperación, llevándolos al suicidio e incluso al asesinato múltiple. No le quita el sueño haber arruinado a los españoles. Haberlos dejado a merced de las sanguijuelas de las doce tribus de la banca internacional. Él duerme plácidamente sin remordimiento por las vidas masacradas en los mataderos abortistas, amparados por las malas leyes que él, con los suyos, ha impulsado. Duerme tranquilamente, ajeno al estado de indignidad internacional en que ha situado a España, frente al terrorismo, frente a la piratería somalí, frente a los sultanes chulescos que amenazan Ceuta y Melilla y España toda, frente a los tirañuelos bananeros de Cuba, Venezuela y Bolivia. Él duerme y sueña el sueño de la Alianza de Civilizaciones, mientras Europa se ve inundada por la morisma que se nos insolenta cada día más, en nuestro propio suelo.

Algún día, los socialistas tendrán difícil salir a la calle alardeando de socialistas. Pero, por supuesto, eso no pasará nunca mientras que gane el Partido Popular. Con mi voto no ganarán ni unos ni el otro.



Feliz Navidad, pues el nacimiento del Niño Dios no podrá estropeárnoslo a los católicos y españoles de buena voluntad, ni Rodríguez Zapatero. Pero, discúlpenme si no me sale desearles a todos ustedes un "Próspero Año Nuevo": suena falaz, y la prosperidad de España está irremediablemente comprometida por este nefasto gobierno que sufrimos.

martes, 21 de diciembre de 2010

CON LOS VIEJOS LOBOS DE MAR

Jack London



Edward Goldenberg Robinson, en el papel de Lobo Larsen, de la película "El lobo de mar" (1941)

Llueve. Mientras tanto, en estos días de aguaceros, releo viejas novelas que hace mucho tiempo me hicieron el aburrimiento -y el destierro- más llevadero. Sí. El destierro, pues tal es el nombre que le doy a mis años de estudios universitarios, apartado de mi suelo, llevado a otras latitudes.

En aquellos tiempos de formación, leí casi todo lo que alimentó un suelo, no físico esta vez, sino literario. Y conformó parte de ese suelo "El lobo de mar", de Jack London. El personaje del capitán del "Fantasma", Lobo Larsen, se me representó como uno de los muchos avatares literaturescos del superhombre de Nietzsche: ateo, brutal, amoral, sin faltarle algún que otro rudimento de signo biologicista, tan propio del darwinismo social, Lobo Larsen es un personaje cruel. Un ente de ficción que se desdobla -pudiéramos decir que psiquiátricamente- en dos personalidades: la del hombre convertido en animal de presa que lucha por la supervivencia, y la del hombre curioso de los libros, que explora el misterio humano en sus incursiones como lector. En el capítulo X, confiesa Lobo Larsen: "Mi error fue abrir un día un libro".


En pocas novelas encontramos una expresión más acabada del nietzscheísmo como en la de Jack London. El efecto de Nietzsche en la literatura norteamericana, también en Howard Phillips Lovecraft, es un asunto que últimamente me ocupa. Y de rebote, el efecto de esas novelas -sobre todo de la de Jack London- en la literatura española. "El lobo de mar" es de 1904. Pío Baroja escribió posteriormente "Las inquietudes de Shanti Andía" (otro libro de marinería que espera su turno en mi mesita de noche, para ser releído).

Volví a Jack London hace unos días, tras releer el fabuloso relato "Una avanzada del progreso" (de Joseph Conrad) que pone ante los ojos la degradación hasta su auto-exterminio de dos robinsones del sector comercial del mundo moderno, llevados al corazón de la selva africana para sostener una factoría donde traficar con el marfil, y que a la postre resultan engañados por el africano que hace de colaborador.

Con Jack London, la literatura norteamericana toca los graves y profundos temas de ese mundo con un pie en el siglo XIX y el otro en el XX.

Volver a estos libros siempre es un placer que, por si fuese poco, también se ve recompensado por ser una vía de acceso a un mundo que prefiguraba éste en el que estamos. Pudo ser literatura de entretenimiento -incluso se "vende" como literatura juvenil-, pero las cuestiones que aborda conciernen a la gran cuestión teológica: el hombre, de espaldas a Dios, es una mala bestia.

Jack London no fue tan sólo un autor. Fue una víctima más del mundo moderno: su alcoholismo, su adicción a las drogas... Su supuesto suicidio así lo confirman.

Merece la pena volver a sus páginas.

Llueve, y me imagino a Lobo Larsen enfrentándose como un tragicómico titán -un superhombre nietzscheano- a la más grande de las tempestades.

jueves, 16 de diciembre de 2010

RAFAEL ALBERTI EL DESMEMORIADO

José María Hinojosa Lasarte

JOSÉ MARÍA HINOJOSA LASARTE


Canción final

A Rafael Alberti

Y qué se me importa a mí,
que la helada se deshiele.

Y qué se me importa a mí,
que los pájaros no vuelen.

Y que los barcos más barcos,
solo por la mar naveguen.

Si tengo en ciernes un campo
de margaritas de nieve.

Este poema es del poeta malagueño José María Hinojosa Lasarte (Campillos, 1904 - Málaga, 1936). Poeta convenientemente olvidado de la Generación del 27, compañero de Rafael Alberti y de Federico García Lorca. Como Alberti, José María Hinojosa fue un activo militante político (pero en el Carlismo); como García Lorca, José María Hinojosa fue una víctima mortal de la barbarie (pero a manos de las milicias frentepopulistas). Sin embargo, ni José María Hinojosa es famoso por sus poemas, como lo es Alberti; ni José María Hinojosa es famoso, ni siquiera por su terrible muerte, como lo es García Lorca.

Durante más de tres décadas, la "cultura" y la "enseñanza" en nuestra España han sido confeccionadas con el mayor de los sectarismos. Nadie culpe a Rodríguez Zapatero de hacer a las claras lo que todos han hecho a la chita callando, y lo que ha consentido la derecha liberal y aséptica de los gobiernos de Adolfo Suárez y José María Aznar. Todos han contribuido a hacernos pensar que la cultura, la única cultura española, a la fuerza tenga que equivaler a la creación artística de todo aquel artista que sea posible de reivindicar por la izquierda.

Gracias a un artículo imprescindible publicado en El Matiner Carlí (José María Hinojosa Lasarte: Tradición política y Vanguardia artística), sabemos que José María Hinojosa fue el poeta que fue y el mártir que es. Pero a José María Hinojosa Lasarte pocos lo quieren recordar. Por eso, hemos de ser nosotros los carlistas los que lo recuerden. Y es que la memoria falla. Incluso le falla a uno de aquellos a los que reclama la mal llamada "Memoria Histórica" de las izquierdas revanchistas: Rafael Alberti.

Al comunista Rafael Alberti le dedicó el carlista José María ese bello poema que habla de un campo de margaritas en ciernes. Era otro tiempo, cuando todavía no se habían abrazado los unos contra los otros en un abrazo de muerte. Pero, hemos de decir que a Rafael Alberti le fallaba la memoria, o prefiere reconstruir el pasado a gusto de sus intereses políticos.

En sus famosas memorias, publicadas bajo el título "La arboleda perdida", Alberti nos dice que -acompañado de José María Hinojosa- fue a visitar a Juan Ramón Jiménez. Y entonces da una superficial y equívoca pincelada del poeta (amigo en la poesía, enemigo en la política), diciendo: "José María Hinojosa, "el vívido, gráfico poeta agreste", hijo de ricos hacendados malagueños, caído bajo las balas de sus propios campesinos en las confusas horas iniciales de la guerra civil".

Y entonces, aquí empieza la cosa: O poco sabía Alberti del triste final de José María, lo cual indica una imperdonable negligencia para con la relación más grande que pueden tener los hombres: la amistad. O es que Alberti prefiere falsificar los hechos reales, cargando las tintas sobre la condición de "rico hacendado" de la familia Hinojosa (como si la hacienda fuese un delito; cosa muy comunista) y como si, por ser rico, los propios "campesinos" de Hinojosa lo hubieran asesinado por una supuesta opresión que ejerciera el rico/malo sobre los pobres/buenos, todo ello envuelto en la confusión de las "horas iniciales" del conflicto.

Veremos que todo eso que "recuerda" el desagradecido Rafael Alberti es, simplemente, una mentira diseñada según los parámetros del "morbo marxista" (el marxismo es una enfermedad mental y un mal que arraiga en el alma).

El carlista José María Hinojosa Lasarte era abogado de profesión, con bufete propio en Málaga y defendía, nos recuerda El Matiner Carlí, "de modo desinteresado y voluntario a las gentes más humildes de su pueblo, Campillos. Uno de sus triunfos más importantes fue la absolución ante el Tribunal Supremo de varios vecinos de Campillos acusados injustamente de tenencia ilícita de armas durante los disturbios provocados por la huelga revolucionaria de 1934."

Queda por averiguar la condición política de aquellos a los que defendió por tenencia ilícita de armas en 1934: ¿serían anarquistas? ¿comunistas? ¿socialistas? ¿carlistas? El investigador que quiera esclarecer la verdad histórica y biográfica de este poeta silenciado tiene aquí un buen filón donde hincar el diente.

Santiago Carrillo, Dolores La Pasionaria y Rafael Alberti, reinsertados en la transición democrática hasta la exaltación cívica

Pero no queda ahí la cosa. D. José María fue un hombre comprometido con su tierra y sus vecinos, haciendo todo lo que está en su mano para mejorar el servicio de aguas a muchos munipios andaluces. Nos dice El Matiner Carlí: "También destacará como gestor técnico durante el periodo al frente de la Delegación del Gobierno en los Servicios Hidráulicos del Sur de España, llevando multitud de obras públicas, en una gestión impecable, a multitud de pueblos andaluces."

D. José María no es, pues, una especie de terrateniente despótico que se mereciera -por un suponer- las balas de sus oprimidos jornaleros que justicieramente se revolvieron contra él en los inicios del conflicto armado de 1936.

Veamos de qué manera sucumbe el poeta José María Hinojosa.

Tras el 18 de julio de 1936 es encarcelado por ser notorio su posicionamiento en las filas del carlismo. Con él serán encarcelados su padre, su hermano y el familiar de otro miembro del 27: un hermano del poeta Manuel Altolaguirre. Son llevados a la Prisión Provincial de Málaga. Por lo tanto, no están en Campillos, el pueblo donde hemos de suponer que la familia Hinojosa tenía sus bienes raíces. El 22 de agosto de 1936 la aviación nacional bombardea y la milicianada anarquista, furiosa, asalta la cárcel política, para represaliar a los presos políticos que allí tienen recluidos la II República. Después de ser vilmente torturados, el medio centenar de presos es llevado a las tapias del Cementerio de San Rafael de Málaga, donde son pasados por las armas.

Así fue como terminó la vida de D. José María Hinojosa Lasarte, poeta carlista de la Generación del 27 (que, por carlista, es ignorado en los manuales de texto de Historia de la Literatura, donde sí tiene su lugar Federico García Lorca o el amnésico Rafael Alberti).

No cayó, como quiere Alberti: "bajo las balas de sus propios campesinos"; pues José María Hinojosa fue fusilado en la capital de su provincia, y no en el pueblo donde vivían los jornaleros que trabajan las posibles tierras que pudiera tener la familia Hinojosa. José María Hinojosa fue asesinado, como los cincuenta mártires que cayeron con él, por la única razón -irrazonable- que era válida para los camaradas de Rafael Alberti: la de tener Dios y Patria.

Y que Rafael Alberti llame memorias a lo que escribe en "La arboleda perdida" es tan presuntuoso y ofensivo como hacer una ley sobre las bases del resentimiento y el olvido selectivo.


Recomendamos la lectura de El Matiner Carlí, pinchando en el enlace que más arriba hemos puesto cuando citamos el artículo por su título entre paréntesis. E invitamos a recuperar la poesía de José María Hinojosa Lasarte, para hacerle justicia a su meritoria labor poética, reclamándolo como parte del acervo cultural carlista.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

LAS VELADAS DEL MARQUÉS DE ALORNA

La memorialista Laura Permon, esposa de Jean-Andoche Junot, título napoleónico y, por lo tanto, ilegítimo Duque de Abrantes, y su familia.

CENANDO CON EL REY DON SEBASTIÁN DE PORTUGAL EL AÑO 1808. UNA FICCIÓN

Le mataron a los abuelos y a sus tíos. Y, en cuanto a familiares, D. Pedro José de Almeida Portugal, creció solo sin arrimo de padre ni madre. A su padre, el Marqués de Alorna y Conde de Assumar, por nombre D. Juan Almeida, lo encarcelaron en el Fuerte de Junqueira. A su madre y hermanas las recluyeron en un convento. Con D. José I de Portugal, el "Reformador", la familia de D. Pedro José de Almeida sufrió lo indecible. La sucesora de D. José I puso en libertad a los presos políticos y D. Pedro pudo conocer a su familia cuando tenía 23 años. Se había criado con el único cariño que le daba la servidumbre. A la muerte de su padre en 1802, D. Pedro José hereda el título de Marqués de Alorna. Nuestro Marqués se había casado el 19 de febrero de 1782 con Doña Herniqueta Julia Gabriela da Cunha, la hija mayor de D. Manuel José Carlos da Cunha e Tavora, VI Conde de São Vicente.

La sedicente Duquesa de Abrantes, Laura Permon, esposa del General Junot, nos lo describe en sus memorias, de la siguiente guisa:

"...supersticioso y fanático hasta el extremo de pretender que algunas noches cenaba con la Virgen María o el Rey Don Sebastián".

El Marqués de Alorna y Conde de Assumar, protagonista del relato, con su familia.

En aquellas veladas en que nuestro Marqués de Alorna cenó con el Rey Don Sebastián, hubo esta charla que hoy, en primicia, rescatamos del olvido como fuente a la que no han podido acceder los historiadores por ese espíritu del que, casi todos, hacen gala: el espíritu de la tiesura y el rigorismo positivista del dato y del hecho.

Imaginemos la escena. Ésta transcurre en un Portugal ocupado por los ejércitos napoleónicos, poco antes de partir el Marqués, al mando de la Legião Portuguesa que servía a Junot, a tierras salmantinas. D. Pedro José de Almeida está sentado a la cabecera de la mesa, frente a él hay un sillón y unos cubiertos de plata. El fámulo, con casaca y peluca, a la etiqueta dieciochesca, trae una sopera de porcelana sévrienesa, nada más y nada menos que del año 1757 (digamos para el profano, que un año después de ser trasplantada la fábrica de porcelana de Vincennes a Sévres). Hay copas de cristal de Bohemia, del obrador de Caspar Lehmann, pionero en vidriar a guisa de "Tiefschnitt". Y lucen dos candelabros puestos sobre los ricos manteles que cubren el tablón robusto de nogal catalán. El sirviente no ve al Rey D. Sebastián, pero con la misma rigidez con la que serviría a un ser humano que hace bulto, el criado sirve la humeante sopa en el plato vacío del invisible comensal. Así lo tiene establecido el Señor Marqués. El Señor Marqués se complace en ver que el caldo está al gusto de su regio y ultramundano huésped. Cuando el criado se va del refectorio palaciego, el Marqués dice:

-Don Sebastián, dígame Su Majestad, ¿cómo se le ocurrió ir a perderse en Alcazarquivir?

-Era uno joven, mi querido D. Pedro. No hacía más que pensar en el testamento de mi tatarabuela Isabel de Castilla. Que no había castellanos que lo hicieran cumplir. Su última voluntad, de mi santa tatarabuela, era la de conquistar África y acabar con la secta mahometana que siempre fue una amenaza a un paso de la Cristiandad.

-Pues nos lució el pelo a los patriotas. Fue desaparecer Su Majestad, y su tío Felipe II echó mano de Portugal. Y los castellanos aquí jodiendo la marrana, hasta que conseguimos expulsarlos, que por poco si se nos quedan para los restos.

-No se queje, mi querido Don Pedro, que mi tío Felipe tenía suficientes y legítimos derechos para, en mi ausencia, ser Rey de Portugal. Y además, mire ahora: ahora no son los castellanos, sino la soldadesca francesa, bajo la jefatura de herejes modernos a los que vos sirve, la que ha inundado a toda España, incluida Portugal.

El Marqués carraspeó, como acusando el golpe insonoro dado por el espíritu de D. Sebastián, y dijo:

-Digamos que, puesto a escoger entre los que miran con petulancia a la Patria, elegí al más lejano. Y, con el debido respeto, mi Señor, permítame contarle un apólogo muy escueto, casi un dicharacho que solía citarme un antiguo criado, en las foscas noches de invierno y que mucho hace a la liga de Portugal con el resto de Europa.

-Diga, diga, D. Pedro... ¡Qué exquisita sopa, si tuviera paladar para darle gusto! -dijo el espiritado Monarca, con un leve velo de disgusto. -Pero, cuénteme lo que le decía su criado, señor Marqués.

-Pues me decía que siempre se ha repetido en la Historia el mismo cantar: Que Francia siempre mira por encima del hombro a España. Que España siempre mira por encima del hombro a Portugal...

-Sí. ¿Y qué le queda por hacer a nuestro Portugal en tal situación repetitiva? -inquirió el Rey.

-A Portugal le queda mirar por encima del hombro al Atlántico.

El Rey hizo un mohín y dijo:

-Siempre he preferido mirar por encima del hombro a África, pues algún día podría despertar esa bestia que adora a sus fetiches paganos y devora carne humana. Gustosamente volvería a morir otra vez en Alcazarquivir con tal de pararles los pies a esas hordas terribles. Mi tatarabuela era una santa; por eso, aquí como en todo, llevaba tanta razón.

Al fin del parecer pronunciado por el heroico y legendario Monarca, chozno de Isabel la Católica y mártir de la Santa Cruzada, el de Alorna cogió la campanilla y la agitó. Sin demora, al sonido de la campanilla, apareció el sirviente -raudo como una flecha-, con la prontitud de un espíritu que es invocado, pero sosteniendo sobre la palma de su mano enguantada una bandeja con rico manjar.

Y el Marqués de Alorna, frunciendo el entrecejo en actitud cavilosa, terminó diciendo:

-Nunca he considerado esa posibilidad, mi Augusto Señor.

martes, 14 de diciembre de 2010

CUBA, PROSTÍBULO Y CAMPO DE CONCENTRACIÓN COMUNISTA


LIBERTAD PARA SEBASTIÁN MARTÍNEZ, PERIODISTA ESPAÑOL DETENIDO EN CUBA

Sebastián Martínez, periodista español, de 57 años de edad, se encuentra detenido en la prisión para extranjeros de La Condesa (municipio de Güines, provincia de La Habana, Cuba). Fue detenido el pasado 11 de julio, al parecer por haber realizado un reportaje en que se ponía al descubierto la prostitución infantil generalizada que existe bajo la dictadura comunista de los Big Brothers Castro.

Sebastián realizó el documental "Reportaje Cuba Prostitución Infantil" y trabajaba para Tele5. Fue bajarse del avión y la policía política le echó mano. Su situación en la cárcel es una incógnita. Eso que llamamos Comunidad Internacional tendría que reaccionar. Lo que no entendemos es que el gremio periodístico español (al cual nosotros no pertenecemos, cosa de la que nos jactamos) no haya montado el grito en el cielo, al igual que hace en otros casos (p. ej. cuando un español está en el pasillo de la muerte, esperando la ejecución, en EE.UU.).

¿Es silencio cómplice con la dictadura comunista? ¿Es simplemente cobardía¿ ¿O es que Sebastián Martínez es un rehén español -de carácter político- en manos de la tiranía castrista? Desde luego, con gobiernos como el que tenemos, la ciudadanía española vale menos que un rábano.

El documental “Reportaje Cuba Prostitución Infantil“ denunciaba la explotación sexual infantil que se comete con impunidad en Cuba, convertida en un prostíbulo para extranjeros adinerados (por desgracia, entre su clientela hay muchos españoles.)

Es intolerable que, a día de hoy, pasen estas cosas y apenas reaccionemos.

Para más detalles:

http://angelicamorabeals2.blogspot.com/2010/10/estudiantiles-cubanos-que-se.html

domingo, 12 de diciembre de 2010

SOCIALISMO SIN CARETAS

D. José Rodríguez de la Borbolla y Camoyán, presidente socialista de la Junta de Andalucía 1984-1990.

LA UTILIZACIÓN ALTERNATIVA DE LA CONSTITUCIÓN


Don José Rodríguez de la Borbolla (presidente de la Junta de Andalucía desde marzo de 1984 a julio de 1990), dijo lo que verdaderamente importaba -de la Constitución de 1978- a los socialistas: "que sea posible una utilización alternativa de la Constitución". Nos gusta, lo decimos sin ironía, tanta sinceridad.

Don José Rodríguez de la Borbolla, compaginaba su militancia socialista -y sin mayor problema- con ser un retoño del caciquismo más rancio, el genuino caciquismo del turnismo canovista y sagastiano. D. José es bisnieto de Don Pedro Rodríguez de la Borbolla Amozcótegui de Saavedra, un conspicuo cacique del sistema canovista. Del Partido Liberal de Sagasta, su ilustre antepasado fue diputado por Sevilla desde 1899 hasta 1920, Ministro de Instrucción Pública bajo el masón Segismundo Moret en 1906, Ministros de Justicia con el Conde de Romanones (en 1913) y Alcalde de Sevilla (en 1918). El hijo de Don Pedro I Rodríguez de la Borbolla fue Don Pedro II Rodríguez de la Borbolla Serrano, diputado a Cortes y presidente del Betis Balompié. Así que, por muy veterano que sea en el PSOE, el señor Rodríguez de la Borbolla, de descamisado, tiene muy muy poco. Llegó alto el bisnieto de Don Pedro I: fue presidente de la Junta de Andalucía por el PSOE.

De qué modo misterioso el acomodado hijo de una familia pudiente, tan linajuda como caciquil, se nos convierte en socialista es algo que, como ustedes comprenderán, necesitaría un Ovidio que le dedicara un libro en su "Metamorfosis", aunque -como vivimos tiempos bien prosaicos- podemos hacernos una ligera idea si leemos "El Gatopardo" de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Pero veamos lo que pensaba este ilustre bisnieto de caciques hispalenses. Para él era importante que la Constitución de 1978 contenga, según escribe él: "preceptos susceptibles de ser interpretados y desarrollados de distinta manera, según cuál sea la matriz política de quienes tengan que interpretarlos y desarrollarlos (por ejemplo, el famoso artículo 25, sobre la enseñanza); que, por otra parte, contenga preceptos distintos, complementarios y, según algunos, casi contradictorios, que, aplicados prioritariamente unos u otros den origen a líneas de producción legislativa radicalmente diferentes (por ejemplo, la protección de la libre empresa en una economía social de mercado -art. 34- y el reconocimiento de la iniciativa pública económica, con la posibilidad de socialización y planificación en aras del interés general y las necesidades colectivas -arts. 122 y 125-); y, por último, que no se constitucionalice la regulación pormenorizada del ejercicio de ciertos derechos de contenido no igualitario, sino que dicha regulación sea otorgada a la legislación ordinaria. "Hay que contar, además, con el hecho de que nuestra Constitución contiene un precepto genérico corrector de desigualdades y posibilidades de una legislación progresista, como es el artículo 9, el cual, aplicado correctamente, pueda dar enorme impulso a una legislación de transformación social".

Una Constitución al gusto del pasteleo y de a ver quien mete la cuchara primero, como era la Constitución del bisabuelito, la de Cánovas de 1876. Resalta también, en esa glosa de Rodríguez de la Borbolla, ese tan socialista sentido que adquiere la ley, que -en sus manos- siempre cobra un uso a conveniencia de su parcialidad; sin escrúpulo alguno por desatender lo común, ni hacerse mayor cuestión por amparar a la sociedad: "Todo por el Partido", dicen los socialistas.

La Constitución de 1978, tal y como nos la describe D. José Rodríguez de la Borbolla, adolece de todos los defectos propios de algo que carece de constitución en sí misma. Contradictorio a simple vista.

Tan contradictorio, a simple vista, como ser miembro de la oligarquía y a la vez socialista. Aunque eso, ser socialista y oligarca, va siendo prácticamente una identidad total.

Las citas textuales de D. José Rodríguez de la Borbolla pertenecen a "Criterios previos para una valoración de la Constitución", artículo del ex-presidente de la Junta de Andalucía, publicado en la revista de pensamiento político socialista "LEVIATÁN", nº 1, tercer trimestre de 1978. También tiene publicados otros artículos muy interesantes en la otra revista socialista de pensamiento político "SISTEMA" (en nº 48, mayo de 1982).

sábado, 11 de diciembre de 2010

LA CUESTIÓN "CÁNOVAS DEL CASTILLO"

Jura de los Fueros

EL HISPANOESCEPTICISMO DE UN GOBERNANTE NEFASTO

Strauss, Perel y Lowann fueron los beneficiarios de aquel escándalo de la II República que le costó la carrera política a Alejandro Lerroux: el estraperlo (1934). El "Estraperlo" era un artefacto fraudulento (una ruleta eléctrica) cuyo mecanismo trucado procuraba que, accionándose a escondidas, siempre ganara -quién puede pensar lo contrario- la "banca". El sobrino de Alejandro Lerroux se dejó sobornar para introducir a sabiendas este engañabobos en el Casino de San Sebastián.

Pero, tomándonos una licencia poética, el estraperlo lo habían inventado -muchas décadas antes de su aparición- Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes Mateo Sagasta. Cánovas fue el ingeniero de aquello que, sorprendentemente, resulta tan encomiado en los libros de Historia: la llamada "Restauración Borbónica".

¿Qué decir de Cánovas del Castillo?

Cierta literatura liberal alaba su destreza política. Dudamos mucho que merezca tanto elogio. Pues Cánovas importó el modelo político británico a España, arrinconando el tradicional modelo organizativo español en lo político y administrativo. Cánovas había estudiado la Historia de España, sobre todo la época de los Habsburgo. Y, a la luz de su praxis política, de sus estudios no parece que saliera muy contento. Famosa fue su frase: "Es español quien no puede ser otra cosa". Cánovas era un étnico-escéptico, un hispanoescéptico irremediable.

Otra de las aficiones de Cánovas, amén de la Historia (de la que, parece ser, no aprendió nada) fue la redacción de pomposos "Manifiestos": el de Manzanares y el de Sandhurst son de su cosecha. En el primero, a favor de la Revolución del 54, acaudillada por Leopoldo O'Donnell. En el segundo, tras la experiencia del sexenio revolucionario, Cánovas apostaba por la vuelta de Alfonso Puigmoltó, hijo de Isabel la de los Tristes Destinos: "restauración", desde luego que sí, restauración del caciquismo liberal, lo que equivale a adelanto infalible de la extranjerización de España, progreso desmedido del extrañamiento de España.

Los informados burgueses aplauden a Cánovas. Toda alma baja, de esas que piensan con la panza -y con lo de más abajo- ven en Cánovas al "Restaurador", al estadista por excelencia que trajo la paz y el orden a una España convulsionada por la anarquía del Sexenio Democrático. Con Cánovas se metió en cintura a los militares con propensión a intervenir en política: el pretorianismo y el militarismo de la vida política -gracias a Cánovas- fueron anulados, al menos hasta la llegada de D. Miguel Primo de Rivera. Y el derechista de turno -puede llamarse también centrista- cierra los ojos de complacencia, casi se extasía, y cree cumplido uno de sus sueños: por fin, puede mostrar que, con Cánovas, tiene un antecedente cívico impecable, sin mezcla de espadón y generalísimo.

Pero Cánovas del Castillo fue quien, en 1876, tuvo la fatal ocurrencia de suprimir los Fueros de las Provincias Vascongadas. Y, con ello, darle motivos a Sabino Arana para, tras la iluminación preternatural recibida, embarcarse en la imprevisible aventura del nacionalismo vasco.

Atentado mortal contra Cánovas del Castillo

En Vascongadas lo mataron, en Mondragón. A Cánovas. El magnicida pudo haber sido un nacionalista vasco, un carlista renegado o un fuerista exasperado -de los que iban a llorar bajo el venerable Árbol de Guernica, pero no: el pistolero que mató a Cánovas era un anarquista.

Cánovas, el historiador escéptico de España, el estraperlista del turnismo, el manifestero, fue -no nos quepa duda- un personaje nefasto. Cuando la derecha española nos lo evoca, elevándole panegíricos, no podemos hacer otra cosa que esbozar una triste sonrisa y mirar para otro lado: en todo el mundo entero no hay derecha más tonta que la española. Y, para colmo de nuestros males, no hay izquierda más hispanófoba en todo el planeta que la española.

Uno piensa que es legítimo el escepticismo en un súbdito -y, más todavía, suele ser la suerte de cualquier ciudadano. Pero cuando el escéptico es un gobernante, el escéptico se convierte en Pandora abriendo la caja de los truenos.

Y, aunque les parezca imposible a todos los hispanoescépticos de la derecha y se rían los hispanófobos de la izquierda aborígen, la única solución para España es el carlismo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

FELIPE GONZÁLEZ NO FUE MEJOR...



En los presentes tiempos, cuando el PSOE ha parecido desaforarse contra la Santa Religión, los hay -casi siempre, gente de derecha, incluso muy derechista- que alaba a Felipe González Márquez, y sus gobiernos, inventándose la patraña de que Gónzalez era un demócrata intachable que nunca ofendió a la Santa Iglesia Católica ni arremetió contra los católicos. Pues, bien, para que todo el mundo sepa que eso es MENTIRA, aprovechemos esta Fiesta de la Inmaculada, para recordar lo que trató de hacer Felipe González Márquez, cuando era presidente de uno de los gobiernos socialistas.

El magnate Carlos Slim, Felipe González y el tirano de Marruecos.

INMACULADA CONCEPCIÓN: LA BATALLA QUE PERDIÓ FELIPE


Durante su estancia en el Palacio de La Moncloa, Felipe González le ganó muchas batallas a la Iglesia pero perdió la de la Festividad de la Inmaculada Concepción.

Consiguió, por ejemplo, por medio de normas propias o con la ayuda de las autonomías gobernadas por el PSOE y por la inopia habitual del Partido Popular y su empeño en centro-reformista, convertir a San José en día laboral, y al patrón de España, Santiago Apóstol. Consiguió que el Jueves Santo se convirtiera en un día laboral y, apoyado por el ambiente dominante, otras fiestas como el Corpus se trasladaron al domingo. Incluso hubo un intento de terminar con la Festividad de los Reyes Magos, pero ahí el comercio puso el grito en el Cielo. Algo similar a la presión permanente para cambiar la Fiesta Nacional del 12 de octubre al precitado 6 de diciembre. ¿Por qué? Porque el 12 de octubre nació para festejar al Virgen del Pilar, primera patrona de la hispanidad. Y claro, eso no puede ser. Contra la festividad de la Inmaculada, 8 de diciembre, se arguyó todo, especialmente su cercanía con al aniversario de la aprobación en referéndum de la Constitución Española, dos días antes. Sin embargo, el pueblo que 500 años antes del dogma ya festejaba la Concepción sin mancha de Santa María, y corría a boinazos a los teólogos que osaban negarlo (el genial Vittorio Messori ha narrado esta jugosa historia con pelos y señales), se negó en redondo, y González tuvo que dar marcha atrás ante la más que previsible pérdida de votos que podría acarrearle.

La Inmaculada Concepción es, por decirlo pronto, el dogma español, repugnante nacionalismo teológico que sólo debe ser considerado en sentido figurado. Juan Pablo II siempre se refería a España como “la tierra de María” y ni Felipe González ni nadie ha logrado borrar ese amor por Santa María, amor recio, de los españoles, que con la lógica afilada del Quijote y el sentido común de Sancho, concluyen que la madre de Dios no podía haber venir al mundo con el pecado original que a todos nos atenaza y que hoy llamaríamos “tendencia a fastidiar”.

Toda una derrota del poderoso y astuto Felipe González, que, sin duda, algo quiere decir.

Autor: Eulogio López
Fuente: http://www.hispanidad.com/

lunes, 6 de diciembre de 2010

6 DE DICIEMBRE, SAN NICOLÁS

LA SANTA INTOLERANCIA

En el Concilio de Nicea, Arrio llevó su pestífero y pernicioso libelo herético titulado "Thalia". Al concilio había ido el heresiarca, a quien no se le dejaba entrar en el salón de los padres. San Nicolás también había ido. Se leyeron algunas proposiciones de Arrio. San Nicolás escuchaba las blasfemias arrianas, que negaban la divinidad de Jesucristo. No pudo contener por más el asco que aquellas satánicas mentiras producían en su corazón. El obispo de Myra se levantó de su sitial, muy indignado, y salió al vestíbulo, allí donde estaba el hereje.

Fue San Nicolás hacia Arrio y, sin mediar una palabra, le propinó un bofetón en el rostro que lo tiró al suelo. El abofeteado lloriqueó por su orgullo abajado y, resentido y rabioso, denunció a San Nicolás.

Constantino y los padres del Concilio despojaron a San Nicolás de las insignias episcopales y lo encarcelaron. Los arrianos querían vengarse, entrando en la prisión, para darle muerte a San Nicolás.

San Nicolás oró en aquel trance. Jesucristo y la Santísima Virgen María lo visitaron en la mazmorra y le preguntó: "¿Qué haces aquí, Nicolás?".

-Señor, estoy aquí preso por haber defendido con celo vuestra divinidad.

Cristo le dijo, entregándole los Evangelios: "Sal de esta prisión, que yo te restituyo a tu dignidad".

Y la Virgen María puso en los hombros de San Nicolás el "homophorion".

domingo, 5 de diciembre de 2010

EL CENTINELA DEL CAMPANARIO

Torre de San Francisco en Cádiz, puesto de vigía de Fray José Fernández

O EL NOVICIO CAMPANERO Y GESTERO

La guasa que tienen los gaditanos es proverbial. No será de extrañar, pues, el caso que voy a referir. Hay que ponerse con la imaginación en el Cádiz sitiado por las tropas napoleónicas. Un novicio franciscano tiene como misión otear, desde la torre campanario de San Francisco, el campo enemigo donde los gabachos disparan sus cañones. Cuando los franchutes bombardean, fray José Fernández, que así se llamaba el novicio, tañía la campana para avisar a sus convecinos.

En cierta ocasión, un proyectil napoleónico muy certero arrambla, llevándose por delante con badajo y todo- la campana con la que el novicio acostumbraba a tocar el alarma. Fray José Fernández queda en suspenso un momento. Y ni corto ni perezoso, se agarra a la soga de la campana compañera que había causado baja y sigue alertando a la vecindad.

Cuando las bombas francesas erraban el tiro, viniendo a caer en el agua, el novicio, campanero y centinela Fray José Fernández, desde su alto puesto de vigilancia, miraba a la línea enemiga, donde estaban apostados los franceses con sus cañones. Y les hacía un gesto "que con poca razón, si con universal consentimiento, pasa por obsceno, aunque su nombre suena ser, más que otra cosa, de sastrería". A buen entendedor... Está dicho todo.

Así nos lo ha contado D. Ramón Solís en su magnífica monografía gaditana: "El Cádiz de las Cortes".

sábado, 4 de diciembre de 2010

POLÍTICOS CATÓLICOS


Somos -dijo D. Francisco Navarro Villoslada- "Católicos antes que políticos, católicos sobre todo; y políticos sólo por la necesidad de defender al catolicismo en ese terreno que es hoy el campo de batalla escogido por nuestros enemigos".

En "La juventud católica", en "El Pensamiento Español" de 7 de enero de 1869.