sábado 31 de diciembre de 2011

CON DYLAN THOMAS POR LONDRES

Dylan Thomas

LA CASA DE DONALD ALLINGHAM

"Con distinta piel", de Dylan Thomas, arranca la risotada por sus estrafalarios personajes y sus no menos descabelladas situaciones. Es un relato concebido con una comicidad que, en ciertos pasajes, nos trae a las mientes algunas páginas de "El Buscón" de nuestro Quevedo o escenas de los esperpentos de nuestro Valle-Inclán. Lo cual no significa que Dylan Thomas haya ido a inspirarse en los españoles. La novela del poeta galés podría enmarcarse también en ese género, tan alemán, que Morgenstern llamó "Bildungsroman" (novelas de formación), pero para eso Dylan hubiera tenido que darle más de sí a la trama. Sabemos, por su amigo Vernon Watkins, que "el plan original, si mal no recuerdo, iban a ser siete pieles y, al terminar el relato, el personaje quedaría por fin desnudo".

Siete vidas, dicen, tiene el gato. En el Apocalipsis, siete son las iglesias, siete los sellos, siete las trompetas, siete las copas. Como siete son los pecados capitales. Dante contó los siete círculos del Purgatorio. Nietzsche se refirió a sus "siete soledades" -y siete eran también los sellos de su Zaratustra. El siete es un número con larga tradición, vinculado siempre a la expiación (ni el anticristiano Nietzsche se libró del peso del 7). Por eso será que no nos asombra que, según nos comenta Vernon Watkins, Dylan Thomas tuviera, en principio, para su relato "Con distinta piel" la idea primigenia de hacer pasar a su personaje a través de siete pieles, que serían como siete mudas en una evolución del protagonista: Samuel Bennett.

Los adolescentes con pujos de irse de casa bien pueden verse retratados en Samuel Bennett que detesta su hogar en Mortimer Street, Stanley's Grove: su convencional familia y sus vecinos le resultan de una mezquindad inaceptable. Por eso, entre otras cosas, parece que parte a Londres, donde quiere abrirse camino. Pero las primeras horas que el joven Bennett pasa en la capital inglesa muestran que el camino elegido va a ser un delirante viaje por los infiernos londinenses. Al igual que Dante tuvo su Virgilio, Bennett hallará en el excéntrico vendedor de muebles Donald Allingham a su cicerone.

Pero no hay truculencia en el relato. Los personajes son estrambóticos, pero aunque a veces asomen atisbos de degradación, se desenvuelven por lo general en una inocencia que mueve a la hilaridad. El joven Bennett se pasea por Londres con un dedo que se le ha quedado encajado en una botella. Allingham vive en una casa repleta de muebles. Cuando Bennett le pregunta a Allingham si tiene jabón en su casa, para ayudarse a quitar la botella, Allingham le contesta:

"-Claro que no hay jabón, no hay más que aguamaniles. Tampoco puedes bañarte, aunque tenemos cinco bañeras...".
La casa de Allingham es una gran metáfora, la de una sociedad atestada de cachivaches que no sirven para nada. Como morirse de sed en medio del mar.

Aquí quiso hacerse una gran novela, pero Dylan no quiso o no pudo escribir más páginas que las que escribió. Al igual que James Joyce -al que no fue ajeno Dylan- reactualizó la Odisea en "Ulises", el galés parece haber querido hacer lo propio -para el siglo XX- con la "Divina Comedia" de Dante. No pudo ser. Pero lo que escribió queda ahí como una pintoresca sinfonía sin acabar.

Samuel Bennett se quedó con el dedo metido en la botella.