lunes 12 de diciembre de 2011

EXILIO EN DOS DIÁSPORAS


Antonio Machado, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala:
los cuatro exiliados en una u otra diáspora


ESPAÑA EN DOS ADIOSES

Cuando se habla de la España del siglo XX (en lo que concierne a exilio y exiliados) han conseguido que entendamos como tal y tales a la diáspora causada por la victoria de Francisco Franco. Y es verdad, pero es verdad a medias. Lo es a medias, pues conviene recordar, como muy oportunamente ha hecho Pío Moa ("Años de hierro. España en la posguerra 1939-1945") que los intelectuales españoles se vieron obligados a abandonar España en dos oleadas.

La diáspora de 1938-1939 que aventó de España a Rafael Alberti, Antonio Machado, José Bergamín, Max Aub, León Felipe, Ramón Sender... no fue la única; es ésta la que corresponde al exilio afamado que se debe a la victoria franquista.

Sin embargo, la diáspora anterior a la de 1938-1939, pasa desapercibida, se olvida con mucha frecuencia y se silencia. Es obvio que aquellos que se afanan por falsificarnos la Historia no pueden acomodar esta diáspora, sin encajar aquello que pretenden soslayar: el terror rojo en zona republicana. Un terror que se ejerció y que desmiente la idílica visión que de la II República han fabricado para engañar a las muchedumbres.

Menéndez Pidal, Ortega y Gasset, García Morente, Pérez de Ayala, Baroja, Azorín, Eugenio d'Ors, Pedro Salinas, Madariaga, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna... Son algunos de los nombres más famosos que compondrían el censo de estos exiliados de la primera diáspora. A ellos no los expelió de España la victoria de Franco, sino la opresión y la represión frentepopulista que se ejercía sin contemplaciones incluso sobre personalidades afectas en un primer momento a la República.

Al no tener en cuenta esta primera oleada de exiliados, todo hace pensar que la victoria de Franco asoló el panorama intelectual, sin contar con la desolación producida por los excesos del Frente Popular, además del exterminio físico que los frentepopulistas practicaron sobre los cautivos intelectuales (Ramiro de Maeztu, Ramiro Ledesma Ramos, Muñoz Seca...).

Pío Moa recuerda las palabras de Gregorio Marañón:

"El 88 por ciento del profesorado de Madrid, Valencia y Barcelona ha tenido que huir al extranjero ¿Y saben ustedes por qué? Sencillamente porque temían ser asesinados por los rojos, a pesar de que muchos de los intelectuales amenezados eran tenidos por hombres de izquierda".

A muchos de estos intelectuales que tomaron el camino del exilio en la primera oleada, huyendo de las carnicerías rojas, se les permitió retornar a España. No obstante, en muchos casos la sospecha sobre ellos se mantuvo y el régimen franquista puso medidas cautelares para aislar la influencia de esos hombres: el caso de Ortega y Gasset es bastante conocido.

Sin embargo, otros pudieron desempeñar sus actividades literarias como Azorín, d'Ors o García Morente, a buen seguro que merced a la abierta adhesión que mostraron por los principios del Movimiento Nacional. Por cerrar filas con el franquismo, muchos quisieran desmerecer la labor de estos españoles. Servir con su talento, directa o indirectamente, al régimen surgido tras la confrontación bélica, sería suficiente causa para denostarlos según los parámetros del sectarismo. Pero más que criticar y desdeñar a estos intelectuales que colaboraron con el régimen, lo que se ha venido haciendo -según una táctica muy propia de las izquierdas "intelectuales"- es silenciarlos.

Si muchos de estos retornados pudieron servir a Franco, no olvidemos que otros que -por razones obvias- no pudieron regresar mientras el régimen estuvo establecido, sirvieron durante el tiempo de su exilio al totalitarismo soviético: el caso de Rafael Alberti es de verdadero escándalo por su vileza.