viernes 16 de diciembre de 2011

POR UN VOCABULARIO RESUCITADO

Don Quijote en la jaula

POR NUESTRA DELIBRANZA


En el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua actualizado, la palabra "delibranza" no figura por ningún lado. En el Diccionario de la RAE de 1984 se la encuentra como sinónimo desusado de "delibración" que, a su vez, es forma antigua también para decir lo mismo que dice "deliberación". Sin embargo, en la séptima edición del Diccionario de la Lengua Castellana, publicado por la Academia Española (la misma RAE), el año 1832 se dice que DELIBRANZA es forma antigua de "libertad, rescate". La palabra "delibranza" se la puede encontrar en antiguas crónicas medievales.

¿Por qué esta breve nota sobre una palabra que ya nadie usa?

En los tiempos que corren, cuando la libertad verdadera está amenazada desde tantos frentes, incluso en su propio nombre, delibrar una palabra como "delibranza" lo creemos muy oportuno y conveniente. Queremos resucitar esta palabra, pues la tradición nunca muere. Puede desaparecer y aparecer, como la isla de San Barandán, como el Guadalete, pero siempre está ahí para que con amor le insuflemos nuevo espíritu. Y nuestra tradición está en nuestra lengua. No es, por lo tanto, por esteticismo estúpido, ni por estéril gusto anticuario que traemos a colación esta palabra, que la invocamos, que la conjuramos para que vuelva a hacer su morada entre nosotros y para que nosotros moremos en su querencia.

La carencia de léxico es uno de los principales problemas de nuestra sociedad. Y, como el patriotismo no es ajeno a los males contemporáneos, el patriotismo también tiene esta deficiencia léxica que hay que paliar. Volviéndose a los poetas, volviéndose a los grandes maestros de la Lengua, recuperaremos las palabras y, a nuestro conjuro, las palabras combatirán contra el enemigo.

En las palabras se juega mucho más de lo que los profanos suponen. Muchas palabras -"libertad" y "liberación" son buenos ejemplos- se han pervertido. Se han desustanciado. Decirlas, escribirlas es, en muchos casos, decir lo contrario de lo que quisiéramos decir (¿qué tiene que ver nuestra libertad con la "liberté" de los jacobinos?). Decir algunas palabras, de esas que el uso tiene gastadas, es como quien no dice nada. Las emplearon otros que se las apropiaron para sus perversos fines demagógicos, las mancillaron, las viciaron y las vaciaron.

Contra la "liberación", delibranza. Por la "reconquista", delibranza. Por la libertad verdadera, "delibranza".

1 comentarios:

Firmus et Rusticus dijo...

La palabra en sí parece guardar cierta connotación que la acerca al sentido antiguo de libertad. Porque hoy cuando se habla de libertad, a secas y en abstracto, a nadie le extraña. Pero cuando vemos "delibranza", uno en seguida piensa, "¿delibranza de qué?". Y es que también deberíamos preguntarnos "¿libertad de qué?". Porque la libertad es ausencia de coacción o dominio de alguna persona/poder/influencia extraña a uno mismo, no un impulso intrínseco con valor en sí mismo.

Cuando Cristo dice "la verdad os hará libres", los judíos dicen que no son esclavos de nadie y Él dice que lo son del pecado. Pero todos están pensando en la libertad como "delibranza" de un poder ajeno. Parece que se da por sentado que, a falta de esa esclavitud, el hombre tiende a hacer el bien: ¿por qué no iba a hacerlo, si nadie se lo impide?

El "judío" moderno diría: no soy esclavo de nadie, puedo hacer el bien o el mal según me plazca (o "más allá del bien y del mal", nadie admite después de todo que está haciendo el mal). Si la Verdad me hace libre, seré libre para hacer las dos. Y dicen esto porque la palabra libertad ya no se entiende como delibranza de influencias ajenas dañinas. "Libertad para hacer el bien" les parecería contradicción, cuando tiene todo el sentido del mundo: el que hace el mal de alguna manera es esclavo, "cattivo".

La palabra está muy bien traída, enhorabuena.