sábado, 31 de diciembre de 2011

COLLARES... EN VEZ DE GRILLETES

Collar de la Orden de Isabel la Católica

EL COLLAR MONÁRQUICO DEL REPUBLICANO


No podía ser de otro modo. Al 2011 teníamos que despedirlo con noticias que causan el estupor.

El Consejo de Ministros aprobó ayer viernes varios reales decretos con los que condecora a todos los miembros del Gobierno saliente de Zapatero y concede el Collar de la Orden de Isabel la Católica al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

Cuando el Consejo de Ministros concedió la Medalla de Oro de las Bellas Artes al torero Francisco Rivera Ordóñez, los diestros José Tomás y Paco Camino decidieron devolver el galardón que, anteriormente, se les había concedido a ellos, pues ni José Tomás ni Paco Camino consideraban que la concesión de dicho galardón a Rivera se ajustara a la forma como ellos entendían la tauromaquia. Sin entrar en disputas sobre el acierto de José Tomás o de Paco Camino (pues no tenemos nada contra Rivera), recordamos este suceso para ilustrar con ello lo que es el gesto español, el desplante a quien nos disgusta.

El auténtico gesto de un español de verdad -para nada hablamos de esos que figuran como españoles en unos papeles; hablamos aquí de españoles auténticos, de pies a cabeza- consiste en rechazar cualquier cosa que se nos haya dado y veamos que se le da a quien no la merece.

Pues cualquier honor deja de serlo cuando se le confiere a quien no ha hecho méritos, sino todo lo contrario.

En estos días veremos si, entre los anteriores condecorados con estas insignias de honor, hay hombres de verdad, hombres de honor, españoles que -con gallardía torera- rechazan compartir un honor que, con esta concesión, ha dejado de serlo. Pues lo mismo que hay hombres que honran aquello que se les otorga, hay quienes deshonran cualquier cosa que reciben.

Es nuestra propuesta a todos aquellos que tienen alguna insignia relacionada con la Orden de Isabel la Católica... Devolverla. Esperamos que así se haga o el deshonor será universal.

CON DYLAN THOMAS POR LONDRES

Dylan Thomas

LA CASA DE DONALD ALLINGHAM

"Con distinta piel", de Dylan Thomas, arranca la risotada por sus estrafalarios personajes y sus no menos descabelladas situaciones. Es un relato concebido con una comicidad que, en ciertos pasajes, nos trae a las mientes algunas páginas de "El Buscón" de nuestro Quevedo o escenas de los esperpentos de nuestro Valle-Inclán. Lo cual no significa que Dylan Thomas haya ido a inspirarse en los españoles. La novela del poeta galés podría enmarcarse también en ese género, tan alemán, que Morgenstern llamó "Bildungsroman" (novelas de formación), pero para eso Dylan hubiera tenido que darle más de sí a la trama. Sabemos, por su amigo Vernon Watkins, que "el plan original, si mal no recuerdo, iban a ser siete pieles y, al terminar el relato, el personaje quedaría por fin desnudo".

Siete vidas, dicen, tiene el gato. En el Apocalipsis, siete son las iglesias, siete los sellos, siete las trompetas, siete las copas. Como siete son los pecados capitales. Dante contó los siete círculos del Purgatorio. Nietzsche se refirió a sus "siete soledades" -y siete eran también los sellos de su Zaratustra. El siete es un número con larga tradición, vinculado siempre a la expiación (ni el anticristiano Nietzsche se libró del peso del 7). Por eso será que no nos asombra que, según nos comenta Vernon Watkins, Dylan Thomas tuviera, en principio, para su relato "Con distinta piel" la idea primigenia de hacer pasar a su personaje a través de siete pieles, que serían como siete mudas en una evolución del protagonista: Samuel Bennett.

Los adolescentes con pujos de irse de casa bien pueden verse retratados en Samuel Bennett que detesta su hogar en Mortimer Street, Stanley's Grove: su convencional familia y sus vecinos le resultan de una mezquindad inaceptable. Por eso, entre otras cosas, parece que parte a Londres, donde quiere abrirse camino. Pero las primeras horas que el joven Bennett pasa en la capital inglesa muestran que el camino elegido va a ser un delirante viaje por los infiernos londinenses. Al igual que Dante tuvo su Virgilio, Bennett hallará en el excéntrico vendedor de muebles Donald Allingham a su cicerone.

Pero no hay truculencia en el relato. Los personajes son estrambóticos, pero aunque a veces asomen atisbos de degradación, se desenvuelven por lo general en una inocencia que mueve a la hilaridad. El joven Bennett se pasea por Londres con un dedo que se le ha quedado encajado en una botella. Allingham vive en una casa repleta de muebles. Cuando Bennett le pregunta a Allingham si tiene jabón en su casa, para ayudarse a quitar la botella, Allingham le contesta:

"-Claro que no hay jabón, no hay más que aguamaniles. Tampoco puedes bañarte, aunque tenemos cinco bañeras...".
La casa de Allingham es una gran metáfora, la de una sociedad atestada de cachivaches que no sirven para nada. Como morirse de sed en medio del mar.

Aquí quiso hacerse una gran novela, pero Dylan no quiso o no pudo escribir más páginas que las que escribió. Al igual que James Joyce -al que no fue ajeno Dylan- reactualizó la Odisea en "Ulises", el galés parece haber querido hacer lo propio -para el siglo XX- con la "Divina Comedia" de Dante. No pudo ser. Pero lo que escribió queda ahí como una pintoresca sinfonía sin acabar.

Samuel Bennett se quedó con el dedo metido en la botella.

jueves, 29 de diciembre de 2011

PRIMERO, EL ARTE

Jesús Pérez de Perceval del Moral

EL ARTE MÁS QUE POR EL ARTE: LA RECONQUISTA ESTÉTICA

Jesús Pérez de Perceval del Moral fue el líder de lo que fue el Movimiento Indaliano. Este movimiento de vanguardia artística almeriense tuvo su tertulia y el símbolo que adoptó, para nominarse, fue el propio "Indalo". Esta ancestral figura rupestre, de un esquematismo fascinador, había sido descubierta por D. Manuel de Góngora en 1868, en la Cueva de los Letreros (Vélez-Blanco). Mérito de Jesús de Perceval y de sus indalianos fue que esta figura formara parte del acervo almeriense, tornándose en un símbolo identitario de la singular Almería.

Indalo, Cueva de los Letreros

En los años 40, cuando el arte español apenas levantaba cabeza y se encartonaba en los conciliábulos academicistas, Perceval fue capaz de agrupar a unos artistas locales alrededor de las tertulias del café La Granja Balear y se convirtió, sin que olvidemos a doña Celia Viñas, en el Mentor.

El indalismo proponía la vuelta al terruño y a las tradiciones. La autoridad filosófica de Eugenio d'Ors les dio el espaldarazo a los indalianos, con Perceval a su cabeza. En 1947 el indalismo obtuvo un rotundo éxito en el Museo Nacional de Arte Moderno.


Los indalianos, con Eugenio d'Ors

¿Por qué traemos a las mientes esta aventura artística que fue el indalismo almeriense?

Pues muy sencillo. Pensamos que, sin un movimiento cultural previo, cualquier acción política es una acción en el vacío. Cuando hablamos de movimiento cultural estamos hablando de grupos humanos compuestos por talentos de todas las artes, desde la música hasta la pintura, sin olvidar la poesía. Cuando se logra cohesionar a un grupo de individualidades artísticas -como Perceval hizo en Almería- se puede trabajar en una dirección más importante que todas las teorías: la acción estética. Pensemos en el terrible impacto del surrealismo, como vanguardia que combinaba la creación "artística" con la política, al servicio del marxismo. Si queremos que el mundo cambie, necesitamos crear un estética propia dirigida a nuestros propósitos políticos. Y todo lo que no sea empezar por ahí es como hacer una raya en el agua.

Sin un arte poderoso y nuevo no hay posibilidad de cohesionar un frente único patriótico. Y un arte poderoso y nuevo es el arte que retorna a lo originario: a los primitivos símbolos de la tribu, sí (como el Indalo). Esos símbolos que, como voces ancestrales, nos reclaman para continuar la tradición, impermeables a todas las oleadas de invasores reales o virtuales.

Y si quieres, tómatelo a broma, querido lector: ¿alguien se imagina a un carlista rapeando?

Pues eso. Seguro que me han entendido.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

LOS NOMBRES Y LOS TRIUNFOS

Monumento a las Navas de Tolosa, en La Carolina, obra del arquitecto Manuel Millán López y el escultor Antonio González Orea

EL MIRAMAMOLÍN Y LAS NAVAS DE TOLOSA

Abu Abd Allah Muhammad, hijo de Abu Yusuf Yaqub al-Mansur, sucedió a su padre, poniéndose al frente de los almohades. Era allá por enero del año 1199. Las crónicas cristianas lo llaman "Miramamolín".

En 1212 vino con poderoso ejército a contener el avance de los cristianos que penetraban en Andalucía por Sierra Morena. Abu Miramamolín salvó el pellejo, huyendo de las Navas de Tolosa, cuando todo lo vio perdido. Sus defensas fueron arrasadas; de nada le valió enterrar hasta la rodilla a los pobres negros esclavos, no le sirvió encadenarlos con férreas argollas al cuello como muralla humana, erizada de lanzas. Fueron aplastados todos. Miramamolín hincó espuelas a su caballo y, con cuatro de su confianza, llegó a Baeza. En Baeza, todos pensaban que los cristianos serían rechazados, pero al ver a su dueño y señor en fuga, le preguntaron qué harían si los cristianos llegaran a los muros de Baeza. El Miramamolín, me lo imagino mordiéndose las uñas, les dijo: "No tengo consejo para mí ni para vosotros. Dios sea en vuestra guarda". Y no consintió ese día quedarse en Baeza, sino que cabalgó, buscando el refugio de Jaén.

Abu Abd Allah Muhamamad es el Miramamolín de todas las crónicas cristianas -llevamos dicho. El título es una españolización del título árabe que el almohade tomó: "al-Nasir li-Din Allah" cuya mejor traducción es "El que hace triunfar la Fe de Dios". Un nombre que, por sí mismo, es toda una señal providencial, pues -en efecto- muy a su pesar fue Abu Abd Allah Muhammad el mismo que, derrotado el 16 de julio de 1212 en las Navas de Tolosa, hizo triunfar la Fe de Dios al ser vencido él y sus hordas.

Detalle del monumento a las Batallas, de la Plaza de las Batallas en Jaén, de Jacinto Higueras

martes, 27 de diciembre de 2011

FOCOS DE RESISTENCIA: LA NOBLE AMISTAD

C. S. Lewis


EL SUELO DE LA LIBERTAD, LA AMISTAD

A mis verdaderos amigos de ayer, de hoy y de mañana.


Existe una propaganda demagógica de la camaradería que da el cante. Los sistemas totalitarios siempre han exaltado al "camarada" o al "compañero", lo mismo da. El camarada y el compañero son sagrados, sí; pero trabajar en el mismo sitio y en la misma dirección no entraña necesariamente ser amigo. La camaradería es, casi siempre, una amistad incompleta; en el mejor de los casos, un trampolín para una buena amistad. Pero a la amistad no se le ponen condiciones, ni plazos. Y todo lo que hiede a artificial es la negación de la misma amistad.

Es por eso que F. W. Nietzsche decía aquello de "
Existe la camaradería... ¡Ojalá algún día exista la amistad!". En esta caricatura de sociedad, llamada liberal, capitalista o como quieran denominarla, el papel de los partidos únicos (fascistas o marxistas) de ayer, lo desempeñan hoy las empresas -y esas otras empresas, disfrazadas con oropel pseudo-religioso (las sectas). En las sectas -y en las grandes empresas- se fomenta un sentido impersonal del compañerismo. Se articula toda una fantasiosa y artificial red de relaciones que tienden a vincular a los empleados (a los secuaces en las sectas), creando la desconfianza hacia el mundo exterior para, de ese modo, implementar los resultados económicos o proselitistas.

La amistad es un estorbo para todo poder deshumanizador (da igual si es un partido político, una secta o una empresa). Por eso, el núcleo comunitario basado en la verdadera amistad -surgida de la natural afinidad entre los seres humanos y la común historia del grupo- se convierte en un foco de resistencia a los falsos criterios de la empresa y la secta. "No hay amigos fuera de estos muros" -dicen los sectarios.

Y la verdad es muy diferente: incluso dentro de sus opresivos muros (de los muros de la secta o de la empresa totalitaria) puede haber amigos; pero los amigos no se hacen falsificando las relaciones, con cenas de empresa a las que nadie quiere ir, con actividades supuestamente lúdicas, prácticamente impuestas desde arriba... Las amistades pueden hacerse en esos sitios, sí, pero pensemos que si cuajan es (tal es el poder de la amistad) incluso a pesar de esa vigilancia estricta de actividades en común fuera del tiempo laboral que impone la empresa, bajo capa de favorecer las relaciones interpersonales de sus empleados. En definitiva, se falsifican las relaciones cuando se obliga a la gente a estar junta -a la fuerza. Así actúan, con impostura y perfidia, ciertos grupos humanos -laborales o sectarios- por ser conducidos por gentes que no tienen ni mundología ni escrúpulos morales.

La amistad es más fuerte que sus postizos. Por eso, incluso en las peores coyunturas, puede haber amigos. Pero los postizos de la amistad siempre resultan patéticos remedos que, más tarde o más temprano, muestran lo funestos y terribles que resultan.

Y es que no hay nada noble que pueda imitar el maligno.


Los directivos de esas empresas (pésimas empresas que absorben a sus empleados hasta anularles la vida privada e íntima), los gurúes de las sectas, los jefezuchos nunca han tenido amigos: sus vidas fueron y son tan pobres, tan miserables, tan asquerosas que no han conocido otra cosa que aduladores y arribistas.

C. S. Lewis escribió estas lúcidas palabras, cargadas de verdad:
"Así pues, resulta fácil advertir por qué el poder arruga el ceño ante la amistad. Puede ser una rebelión de intelectuales serios contra un lenguaje vacío y ampuloso, destinado a captar aplausos y a ser aceptado por todos, o puede ser una rebelión de quienes defienden novedades dudosas contra nociones comúnmente aceptadas; de artistas verdaderos contra la fealdad de lo vulgar, o de charlatanes contra gustos elevados; de hombres buenos contar la maldad de la sociedad, o de hombres malos contra el bien. Cualquiera que sea será mal recibida por los que mandan. En cada grupo de amigos hay un "opinión pública" sectorial que refuerza a sus miembros contra la opinión pública de la sociedad en general. Toda amistad, por tanto, es potencialmente un foco de resistencia. Los hombres que tienen verdaderos amigos son menos manejables y menos vulnerables; para las buenas autoridades son más difíciles de corregir, y para los poderosos malvados son más difíciles de corromper. Por tanto, si nuestros jefes -por la fuerza o mediante la propaganda sobre la "camaradería" y el "compañerismo", o bien haciendo veladamente que la intimidad y el tiempo libre resulten imposibles- lograran formar un mundo en el que todos fueran "compañeros", no existirían los amigos; habrían suprimido así algunos riesgos, pero también nos habrían quitado lo que constituye la más sólida defensa conta la total esclavitud".
"Los cuatro amores", C. S. Lewis.

domingo, 25 de diciembre de 2011

NO TODO VALE, NO TODO VALE

Yeats

"LA CONDESA CATALINA", ¿UNA APOLOGÍA DE LA INMORALIDAD?


"La Condesa Catalina", obra dramática de William Butler Yeats, se estrenó en el Abbey Theatre de Dublín el 8 de mayo de 1899. El Abbey Theatre fue una de las empresas culturales más ambiciosas y eficaces que pudo poner en marcha el sector cultural del nacionalismo irlandés. Yeats fue uno de sus impulsores, con muchos otros más: Lady Gregory y Edward Martyn fueron de los que más se comprometieron con Yeats para esta misión cultural nacionalista. La idea parece que se le ocurrió a Lady Gregory. El Teatro Nacional Irlandés se convirtió en una actividad cultural reivindicativa de la identidad irlandesa frente al dominio británico.

Son dos las piezas teatrales que hemos leído a Yeats: "Cathleen Ni Houlihan" (1902) que en 1933 fue traducida y, más que traducida, adaptada por el nacionalista vasco Manuel de la Sota Aburto en versión bilingüe euskera/castellano: "Negárez igaro zan Atzua/La vieja que pasó llorando". Y hemos leído también ésta otra de la condesa Catalina, anterior a "Cathleen Ni Houlihan" y traducida al castellano como "La Condesa Catalina" ( The Countess Kathleen). El "Cathleen" y "Kathleen" no son gratuitos, sino muy significativos, ese nombre es la personificación femenina de Irlanda. Atendiendo al fuerte simbolismo de la obra de Yeats, la "Cathleen" de "La vieja que pasó llorando" es Irlanda y la Condesa Catalina es también Irlanda.

Pero atendamos a la Condesa Catalina. El lugar y la época en que sitúa la acción el dramaturgo irlandés es Irlanda "en los viejos tiempos". Se está sufriendo una hambruna tremenda, la pobreza trae desesperados a los habitantes del condado de Catalina. Es entonces cuando aparecen dos extraños personajes que se presentan a sí mismos como mercaderes, traficantes en almas: compran almas por dinero. Ni que decir tiene que estos mercachifles son demonios subalternos y emisarios de Satán. La condesa, preocupada por la carestía de sus súbditos, empeña su fortuna para paliar la miseria de su pueblo. Pero los mercaderes siguen comprando almas de desgraciados que, por orgullo o por desconfianza, no quieren depender de la caridad de la aristócrata. Aunque se emplean imágenes típicas de la iconografía cristiana (la Virgen María, los ángeles...), en extraña promiscuidad con los dioses paganos que evoca el poeta enamorado de la condesa, Aleel (Aleel, muy posiblemente alter ego de Yeats), salta a la vista que aquí el cristianismo es de mentirijilla. Al final, la condesa accede a vender su alma, a condición de que los mercaderes liberen las almas que han adquirido por contrato. Los demonios acceden, pues saben de la virtud del alma que se les ofrece. La condesa termina falleciendo, pero su alma es rescatada por los ángeles enviados por la Virgen María.

"Que la luz de las Luces mira siempre en el hondo motivo, no en los hechos. En los hechos se hunde solamente la sombra entre las sombras" -justifica un ángel.
Admitamos que es un acierto de Yeats convertir a los demonios en mercaderes. A diferencia de otros demonios, de profesión más respetable (por sospechosa que sea en un demonio), como son otros clásicos de la literatura, los de Yeats tienen ese oficio comúnmente asociado a la sospecha que siempre pende sobre el comerciante: la del oportunismo que todo lo sacrifica al lucro. Sin embargo, es inquietante el desenlace.


La condesa con los mercaderes

Por un lado, el noble personaje de la Condesa accede a tratar con los demonios y cede su alma de un modo altruísta por las almas de todos los demás. Por otro lado, el Cielo recompensa la extraña filantropía de la protagonista, invalidando lo contratado por ella con los enviados del infierno.

Es como si se nos dijera que todo está permitido. Que cuando se hacen las cosas por los demás, todo nos está permitido: incluso venderle el alma al diablo.

Atendiendo al contexto nacionalista del que surge esta obra, el mensaje es claro. Por la nación vale todo. Da igual lo que se haga, por inmoral que sea. El motivo justifica todo hecho, pues en los hechos -nos lo dice el ángel de Yeats- "se hunde solamente la sombra en las sombras". Y esto es de un platonismo inaceptable: es como si lo que aquí transcurre no tuviera trascendencia, pues lo que importa serían los "motivos" por los que se hacen las cosas.

Y hasta nuestro refranero nos lo advierte:
"De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno".
Personalmente, cada vez veo con mayor claridad que no puede valer cualquier cosa para lograr nuestros fines. Con mucha facilidad tenemos la tendencia de justificar cualquier medio -por inmoral e ilícito que sea- a favor -se supone- de la adquisición de aquello que entendemos como un bien. La sabiduría verdadera nos dice que, allí donde no se puede alcanzar lo que queremos por los medios justos y lícitos, renunciemos a ese presunto bien.

La prudencia tiene una irrenunciable tarea, que es emplear la capacidad de discernir el bien aparente del bien verdadero. No cabe hacer el mal en nombre del bien. Aunque obtuviéramos eso que consideramos bien, éste estaría corrompido de antemano.

sábado, 24 de diciembre de 2011

PENSARES DE NOCHEBUENA


"Tanto en la vida individual como dentro de la cultura hay un optimismo que es más hondo que el optimismo del progreso. Consiste en la confianza de que solucionaremos nuestros problemas, aprobaremos el examen. Mostraremos lo que somos, nuestro carácter se perfilará en esa proyección temporal que denominamos historia y la luz y la sombra serán repartidas con justicia".
Ernst Jünger, "El libro del reloj de arena".

"Hay para nosotros, en el seno de la creación, una alegría que preludia la alegría del retorno a Dios."
Pierre Drieu La Rochelle, "Diario de un exquisito".

Conforme y de acuerdo.

Aunque la nostalgia pudiera invadirme como un ejército invencible y arrollador, sé que esa nostalgia no puede vencerme. Y no es por ser yo más fuerte que el enemigo, sino por tener de mi parte a Quien tengo. Y hoy es justamente el día en que la razón de esa alegría, de esa confianza -el Logos, nos dice Juan- se encarnó. No voy a dar saltos, ni voy a cantar villancicos, no tengo ganas de exteriorizar ninguna alegría. Pero en fecha tan propicia para que acudan a uno los recuerdos en tropel, de quienes ya no están aquí, de aquellos que nos fallaron y de aquellos a los que fallé, mi alegría interior y mi confianza última están bien arraigadas.

Perdón doy a los que me fallaron. Perdón pido a los que les fallé. "Perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores" (en soledad, siempre rezo el Padrenuestro que me enseñara mi santa abuela y desconfío de lo nuevo). Cuesta trabajo ese pasaje del Padrenuestro, sobre todo la segunda parte. Hay que hacer el esfuerzo de despegarse del "Ego". Pero la primera parte, pedir perdón, tampoco se nos da muy bien. El orgullo dificulta una cosa y la otra. Y hay que ser más humildes. Hay que pedir perdón más veces de lo que solemos hacerlo. Pero no tantas como para que ese "perdón" que pedimos se convierta en una excusa para seguir haciéndolo mal.

Rechazo la violencia, pues la violencia es la fuerza falsificada. La fuerza no está en la violencia. La fuerza está en tener el valor de pedir perdón y la entereza de concederlo, cuando nos lo piden.

Pensar que algún ser humano sufre me espanta. Hay seres humanos que dañan a otros, calculada y conscientemente, para obtener cualquier cosa que entienden como beneficio. Sin embargo, aunque lograran el bien que se propusieron como meta, ¿no se percatan? ¿no se dan cuenta de que ese bien que anhelaban se ha viciado cuando se ha conseguido por medios ilícitos? Maquiavelo era un imbécil que proponía el éxito sin moral y, como no podría ser de otro modo, todos los imbéciles le rinden pleitesía. Pero cuando no ha sido adquirido lícitamente, cualquier éxito se convierte en mierda. Por ejemplo, el terrorismo, esa lacra que da lo mismo la bandera que agite y los fines que se proponga. No tendríamos que olvidar nunca que los seres humanos tienen padres y puede que tengan hijos. ¿En nombre de qué hacerle daño a un ser humano, aunque sea a uno solo? ¿No hay suficiente mal en el mundo como para perjudicarnos?

Pienso en los enfermos de los hospitales. Pienso en los que no tienen una casa ni una yacija para dormir. Pienso en quien está en la cárcel por el simple hecho de tener unas ideas, aunque no sean las mías. Pienso en quienes han roto algo como el amor y se han roto a sí mismos.

Pienso en ese que cree que no tiene a nadie que lo quiera. Está equivocado. Dios nació hoy, también nació por el más solo de los hombres y por la más sola de las mujeres.

El amor más grande no hace ruido.

Es un misterio eso del amor... Sí.

Misterioso. Misterioso amor que a veces se silencia, duele a veces, pero nos mantiene vivos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

VERSATILIDAD DE LA LENGUA ESPAÑOLA

Martin Heidegger



ESTAR POR ESTAR Y SER POR SER

La diferencia ontológica que nuestra lengua nos permite hacer entre lo que pudiéramos llamar el "ser en tránsito" (estás) y el "ser permanente" (eres), es algo impracticable en otros idiomas, en los que hay, v. gr. un "to be" (un verbo para el que, como bien saben los angloparlantes, tanto monta ser como monta tanto estar). Algo similar a lo que pasa en inglés, ocurre en alemán. Por eso, Martin Heidegger usó un "Dasein", que José Gaos tradujo muy literalmente al español como "ser-ahí".

Siempre es mejor decirle a alguien, así: "Estás tonto" que soltarle un: "Eres tonto".

Otra cosa es que haya muchos que son -y no simplemente están- tontos. Y algo peor: gilipollas. Pero a eso no puede ponerle remedio ningún idioma de este mundo.

jueves, 22 de diciembre de 2011

CENTARIO DE ÁLVARO CUNQUEIRO: 1911-2011

Álvaro Cunqueiro

RECORDANDO AL MAGO DE MONDOÑEDO



Hoy 22 de diciembre de 2011, Álvaro Cunqueiro podría cumplir 100 años.

El escritor gallego nació en Mondoñedo, el 22 de diciembre de 1911 y falleció en Vigo, el 28 de febrero de 1981. Si buscáramos a un novelista español más fecundo en fantasía difícilmente encontraríamos a otro que se le parangonara. Pero, a pesar de una obra dilatada, el buen mindoniense apenas es un conocido. Su nombre sale, cuando sale, de refilón. A mí, Cunqueiro me trae a las mientes a ese tipo de niños que, por no por ser malos, son castigados. Si se les castiga es por no ser el pelotas del maestro, pero tampoco el siervo de los malos de la clase.

A las derechas rancias (y jacobinas, liberales y centralistas) el nombre de Cunqueiro les suscita -si es que saben de lo que estamos hablando- una cierta desconfianza. Se trata de un hombre que se mantuvo fiel a su terruño galaico, enamorado de su Galicia natal, delicado cultivador de la lengua vernácula, apegado a las patriarcales costumbres de una tierra que era su tierra, de unas gentes que eran sus gentes. Y, por si fuese poco, en su mocedad pecó de nacionalista, de nacionalista gallego, se entiende.

A las izquierdas rancias (jacobinas o federalistas o, simplemente, separatistas) el nombre de Álvaro Cunqueiro les suscita rechazo, incluso odio. Habiendo sido galleguista, nacionalista galleguista y republicano, allá cuando moceaba, luego vino (Cunqueiro) a ser escritor colaborador de periódicos del entramado de Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Eso basta para echarle los perros. Las izquierdas hubieran querido ver a Cunqueiro en el exilio... O, mejor todavía: fusilado por los franquistas, para así llevar y traer el nombre y apellidos de un poeta, otro poeta más, represaliado.

Cunqueiro está olvidado.

Nadie ha querido hoy recordar en España que, hace cien años, nos nació un bardo de la estirpe de Macías el Enamorado, un fabulador de historias, un consumado artífice de la Lengua Gallega y de la Lengua Castellana. Un poeta, un novelista, un articulista cuyo Centenario tendría que haber resonado como uno de los más importantes eventos culturales.

Sin embargo, Cunqueiro permanece olvidado. Pero como todo lo auténticamente celta volverá: como Arturo que marchó a Avalon y regresará; como el Guadiana que está y ya no está, como la Isla de San Borondón que aparece y desaparece; como la misma España que fue antaño, hoy no es, y mañana volverá a ser; como todo lo genuinamente celta, Álvaro Cunqueiro retornará, pues, al igual que todos aquellos que nacen, viven y mueren bajo el patronazgo de San Herveo, Cunqueiro volverá en el viento de una canción, cantada por una dulce rapaza de ojos azules de Lalín, o volverá cuando mordamos el pan recién hecho y recordemos lo que él nos decía: "Una lengua es buena cuando sabe a pan... cuando sabe a pan recién hecho". Y, parafraseándolo, digamos que un escritor es grande -como él- cuando sabe hacer admirables filigranas con dos lenguas -la gallega y la española- y lo que hace parece que es de ayer mismo, por cien años que hayan pasado con sus aguaceros.

La ingratitud es uno de los vicios de este país. Por eso se le ha pagado tan mal a Álvaro Cunqueiro. Sirvan estas, en la modesta importancia que puedan tener, para recordar a quien tanto nos dio a quienes por ser españoles amamos todas las lenguas y culturas peninsulares: todas.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LEYENDAS EDIFICANTES DE LA BRETAÑA DE LOS SANTOS

Escultura de San Hervé

DE LA CONCEPCIÓN DE SAN HERVÉ, SANTO PATRÓN DE LOS BARDOS

Herveo (Saint Hervé/San Herveo) es nombre extendido en Bretaña. Es el patrono de los bardos, pues fue bardo. Su culto permanece, con su hermosa hagiografía. A los niños se le impone con mucha frecuencia el nombre de Herveo, por ser especial patrono de la elocuencia. Hasta el año 1610 los juramentos solemnes se hacían sobre las reliquias de San Hervé. Se le pinta con perro o lazarillo, por su ceguera y oficio itinerante hasta que sentó plaza en un monasterio.

Cuentan las ancianas de Bretaña que reinaba Childeberto cuando llegó a la corte de París un bardo bretón llamado Hyvarnion que huyó de su país por la invasión de los sajones. Vivió en la corte de Childeberto unos años, hasta que tuvo un sueño en el cual vio a una hermosa doncella cogiendo flores en un verde prado. En aquel sueño, la doncella le ofrecía una yerba, mientras le decía dulcemente: "Esta es para mi Rey". Por tres veces soñó el bardo Hyvarnion a aquella beldad y se desazonó, pues a cada sueño, más hermosa la contemplaba. A la cuarta mañana abrió los ojos y dijo: "Tengo que buscar a esa mujer. Debo encontrarla y escuchar de sus labios llamarme su rey".

Se despidió de palacio y, con su arpa a las espaldas, partió el bardo echándose a la aventura. Se adentró en un espeso bosque y, después de andar bajo la sombra de aquella arboleda, vino a salir a un plácido prado. Escuchábase el trino de los pájaros y el rumor de un manantial. Buscó los risueños chorros del agua y fue entonces cuando el bardo, al descubrir el hontanar, abrió los ojos y la boca a un tiempo, pues además de la fuente sus ojos vieron a una doncella bellísima, la de su sueño.

Hyvarnion, siendo bardo, ¿para qué iba a hablar a la bella? Eso lo hacen los mostrencos, prosaicos y aburridos hombres contemporáneos. Pero Hyvarnion tenía la suerte de no ser del siglo XXI y, tañendo el arpa le cantó, confesándole que la había visto en sus sueños (recogiendo flores) y que, prendado de su hermosura, había abandonado la apacible vida cortesana, para buscarla con ahínco.

La doncella tampoco quiso contestarle en prosa, sino que a su vez entonó una improvisada canción en la que dijo llamarse Rivanon. En aquella canción corrigió a Hyvarnion, declarándole que ella, a diferencia de la de su sueño, no estaba recogiendo flores, sino hierbas y raíces, el muérdago con la hoz, para curar. Las mujeres, como sabe el lector, siempre tienen que llevarnos la contraria. Pero a Hyvarnion no parece que le importara mucho los detalles del sueño y le preguntó: "¿Y qué hierbas recoges, linda moza?". Y Rivanon, mostrándole una ramita verde, le respondió: "Mira, esto es la verbena, que trae la felicidad y abre el corazón, pero yo busco otras dos: la hierba que abre los ojos de los ciegos y la más difícil de hallar, la que espanta a la muerte, la raíz de la vida". Y dicho esto, de los ojos marrones de Rivanon cayeron dos lágrimas. El varón, dispuesto siempre, le dijo: "No llores, pues has encontrado la verbena que da la felicidad. Y conmigo la podéis compartir". Entonces, la doncella, agradecida por la benevolencia del bardo, lo miró a los ojos y, tendiéndole una rama de verbena, le dijo: "Esto es para mi rey".

Decir aquello la zagala y echarse el bardo sobre ella fue todo uno, que a Hyvarnion le hervía la sangre ante aquella en quien se encarnaba su sueño. Y no daremos más detalles de aquel amoroso abrazo sobre la hierba, digamos tan sólo que cesó el arpa de Hyvarnion, yaciendo allí olvidada de su instrumentista. Y todos pueden figurarse que se ayuntaron Hyvarnion y Rivanon, yaciendo por vez primera juntos tras los sofocos del amor. Aquel furtivo encuentro fue suficiente como para querer casarse y a la corte de Childeberto se fueron, para desposarse. Y aquel matrimonio, a Dios gracias, duró (no como los de hoy) hasta que la muerte los separó.

Y de aquella feliz coyunda en el prado de la verbena, con la fuente y los pajarillos, nació poco después un hijo, varón, al que llamaron Hervé, pero sin bautizarlo -pues sus padres eran paganos a quienes no hubo misionero que les predicara el Evangelio. Hervé nació ciego. Sería allá por el siglo VI. Heredó Hervé el arpa de su padre Hyvarnion y vivía como ciego cantando de aldea en aldea. Se bautizó y tomó religión, tonsurándose la coronilla, pero sin dejar de tañer el arpa, componiendo canciones que loaban a Jesucristo y a los mártires. Formó escuela de bardos y los echó con su bendición por Bretaña; alguno hubo que llegó hasta Cádiz. Cuando le llamó Dios a una vida más retirada, se hizo ermitaño y, al amparo de algún dolmen, siguió cantando en la tierra hasta que lo llevó Dios a cantar a los coros celestiales.

...Pero eso es otra historia.

Digamos, por ende, que Rivanon sabía muy bien lo que se decía cuando le lloró a su enamorado Hyvarnion, aquella tarde en el prado donde se conocieron. Las mujeres son más sabias que los hombres. Hyvarnion y Rivanon pudieron gozar de la verbena que es la que da la felicidad propia del amor terreno; pero ni siquiera quien nos ama puede curarnos de la ceguera, tampoco darnos la vida eterna, si no es el mismo Dios. Esas eran las otras dos raíces que Rivanon buscaba aquel día y no las encontró Rivanon nunca, que murió sin descubrirlas. Eran la raíz que cura la ceguera y la raíz que da la vida eterna, y esas estaban reservadas a su hijo Hervé. Pero no es para contar la felicidad que, como madre, sentiría aquella buena curandera cantora cuando vio, desde la ultratumba, que su hijo sí las descubrió y las probó.

Hyvarnion y Rivanon tienen que estar en el cielo, pues un hijo santo que canta como cantaba San Hervé ha de tener mucha mano con el Señor.

Amén.

Nada inventé. Todo lo escrito lo saben en Bretaña mejor que en España.

EL CANIBALISMO INMINENTE


Dominique Pinon, en el papel del payaso Louison, "Delicatessen" (1991)

LA META DEL RELATIVISMO: UN MUNDO SIN BARRERAS GASTRONÓMICAS

Desde la edad más remota hasta el presente el canibalismo nunca ha abandonado a la especie humana. Las crónicas más diversas aluden a esta aberración repugnante. En el Antiguo Testamento se cuenta (II Libro de Reyes 6, 24-33) que, durante el sitio al que los sirios sometieron a Samaria, dos mujeres se comieron al hijo de una de ellas. El gran historiador Flavio Josefo también nos cuenta que otra madre devoró a su hijo en el sitio de Jerusalén. Algunas civilizaciones que habían degenerado practicaban el canibalismo ritual: es el caso de lo que los españoles nos encontramos en México. Crónicas y memorias de naufragios levantan acta de la ingesta que unos seres humanos hicieron de la carne de sus semejantes. En ese tipo de testimonios tuvo que inspirarse Edgar Allan Poe para su relato titulado La narración de Arthur Gordon Pym. Son muchas las explicaciones que se ofrecen del canibalismo ritual. Mas cuando se han dado casos de canibalismo en la historia de los pueblos civilizados casi siempre ha sido en circunstancias extremas de supervivencia, descontando los casos patológicos que nunca han faltado. Pero nuestra intención no es aquí elaborar una tesis que dé razones antropológicas de esta práctica inmunda. Lo que nos preocupa es más bien la actualidad del canibalismo.

Sin ir más lejos, el pasado mes de agosto, la policía de Mourmansk -al noroeste de Rusia- descubrió que un joven había asesinado, descuartizado, cocinado y devorado a un hombre. La forma como contactó el antropófago con su víctima fue en una web de contactos homosexuales. Estableció relación y lo invitó a su casa. Lo envenenó y a lo largo de una semana se lo comió cocinado en filetes, croquetas y salchichas. La policía que intervino afirmó que bien pudiera ser que la víctima que destapó al criminal no fuese la primera víctima ni la única. El caso de este caníbal ruso encuentra sus antecedentes en caníbales alemanes que también habían encontrado su despensa humana en los ambientes homosexuales.

Pero tampoco es ahora momento de divagar sobre esos casos de antropofagia que pudiéramos calificar como patológica. La policía es la que tiene que atrapar a esos criminales capaces de practicar el canibalismo por una pulsión enfermiza.

Lo que sí nos preocupa es que algún día el canibalismo no sea delito. Y entonces la policía no actuará, los caníbales estarán hasta bien vistos, incluso puede que hayan formado un partido político y se dispongan a hacer valer sus derechos, incluso... Y no estamos delirando, puede que hasta alcancen el poder y decreten el canibalismo por ley. Otras prácticas contra-natura han alcanzado sus objetivos. No es descabellado pensar que esta aberración inhumana también pueda lograrlo.

La primera película que nos inquietó fue "Delicatessen", una película francesa de 1991, codirigida por Jean Pierre Jeunet y Marc Caro. En un ficticio pueblo francés hay un edificio cuyo casero -Monsieur Clapet- tiene abierta una carnicería. La hambruna es tal, hay tal carestía de alimentos, que Clapet ha decidido atraer a incautos para cebarlos y luego trincharlos, para vender la carne humana a sus clientes como charcutería fina: delicatessen. La película pasa por ser una comedia. Y eso es lo que nos preocupa: que con algo tan macabro pueda hacerse una comedia.

Más recientemente, un programa de telebasura holandés -llamado "Proefkonijnen" (Conejillos de Indias) realizó un "experimento en directo". Dennis Storm y Valerio Zeno, dos presentadores televisivos, acordaron por pacto que se les extirpara un trozo de su propia carne a cada uno. Storm prefirió que le cortaran una porción de las nalgas. Zeno optó por dejar que se la extrajeran de su abdomen. Los trozos de carne humana fueron cocinados y, delante de la audiencia y frente a frente, Zeno se comió parte de las posaderas de Storm y Storm parte de la panza de Zeno.

Esta aberración retransmitida televisivamente podría ser interpretada como una atracción más del circo mundial. Pero, conociendo el paño, y sabiendo que Holanda es laboratorio de aberraciones para explorar lo que más tarde se universaliza, al igual que España lo es para Iberoamérica, nos inquieta que la televisión holandesa haya podido atreverse a romper esta otra barrera.

¿Está dentro de los planes de los siniestros dirigentes mundiales legalizar el canibalismo? ¿Empezarán a despenalizarlo, como hicieron con el aborto, para inmediatamente legalizarlo? ¿Formarán un partido político los caníbales, al igual que los pedófilos ya intentaron organizar su movimiento (precisamente en Holanda)?

El capitalismo aboca inexorablemente al canibalismo. Y el progresismo -como siempre- ayudará a su dueño liberal con el guión de sus tópicos: el canibalismo es, para el relativista, una forma cultural más, tan válida como cualquiera otra. El canibalismo es, para el progre transgresor, un tabú más que hay que derribar. Algún día no muy lejano, si no lo impedimos, quien rechace el canibalismo podrá ser acusado de canibalófobo, multado por herir la sensibilidad de la minoría, encarcelado incluso... ¿quién sabe? Tal vez... Hasta guisado, ahumado o a la brasa y presentado con trufas.

martes, 20 de diciembre de 2011

EL EGOÍSMO DE LOS EXQUISITOS

Pierre Drieu La Rochelle

EL EXQUISITO EGOÍSTA DE PIERRE DRIEU LA ROCHELLE

ADVERTENCIA: ESTE POST CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE UN RELATO "DIARIO DE UN EXQUISITO", PERTENECIENTE A "HISTORIAS ACERBAS", DE PIERRE DRIEU LA ROCHELLE. LO DECIMOS CON ANTICIPO PARA QUE CUALQUIERA QUE QUIERA LEER EL RELATO ORIGINAL PUEDA HACERLO SIN SER MEDIATIZADO POR NUESTRA INTERPRETACIÓN

En las "Histoires deplaisantes", de Pierre Drieu la Rochelle nos encontramos con un relato titulado "Diario de un exquisito".

Siempre pensé que Drieu La Rochelle pudo auto-retratarse en el protagonista, en esa voz que narra el relato. Sin embargo, la participación heroica de Drieu La Rochelle en la primera guerra mundial (nada más y nada menos que en Verdún) y el fatídico desenlace de su vida siempre me han llevado a pensar que, por mucho que de Drieu pueda tener su personaje, el personaje es de un egoísmo tan rematado que adquiere proporciones de arquetipo, tornándose en un paradigma del hombre contemporáneo... Esto es: difícilmente podría ser Drieu o cualquiera que tenga un poco de corazón.

El protagonista es por un lado, una figura egoísta, pero agónica en su egoísmo que lo vive con autosatisfacción y sin remordimientos. Su agonismo viene más bien de vivir en la tierra de nadie, esa que está entre la lacayuna sumisión laboral al patrón y la rebeldía que se la reserva para su fuero interno. Entre la tentación de renunciar a los placeres mundanos y la imposibilidad de escapar al hechizo de los mismos. Entre un sibaritismo sensual y estético y cierta austeridad que se conforma con sus haberes. Pero el egoísmo prevalece, duro como una roca, impasible a los sucesos e implacable con los que tiene a su lado.

En el curso de la lectura salta a la vista que el personaje de "Diario de un exquisito" es de un egoísmo monstruoso. Más que exquisito, el protagonista es un egoísta instalado en el cinismo. Si por un lado pareciera tener añoranzas de espiritualidad, se muestra incapaz de renunciar a los placeres, estéticos (el Partenón) y sexuales (su amante Jeanne). Si acepta los placeres sexuales, es incapaz de comprometerse con Jeanne. Ha explotado a su madre viuda, para labrarse una carrera como crítico de arte (dejándola luego en el pueblo, para no tener que cargar con ella, a la que conceptúa como una persona "mezquina" e indigna de estar a su lado), trabaja en una revista para un patrón cuya fuerte personalidad de hombre de negocios siente el personaje como intimidatoria. No obstante, el protagonista muestra una capacidad asombrosa para analizarse a sí mismo sin contemplaciones; he aquí el cinismo al que nos referimos. Y gracias a esas aptitudes su diario se convierte en algo capaz de interesarnos. Pero no por la historia particular que nos cuenta, sino por las observaciones que de otros personajes hace y que de sí mismo hace este individuo.

El personaje de "Diario de un exquisito" tiene un amigo homosexual que, por si fuese poco, es un católico padre de familia. El protagonista es heterosexual, tiene una pareja con la que convive (Jeanne), pero esa relación no ha sido formalizada ni ante Dios ni ante el Estado. Están amancebados, ya está: algo muy actual que se llama "pareja de hecho". Pero en su egoísmo, el protagonista es incapaz de reconocer en Jeanne a una persona, la admira en sus hechuras, en sus pechos, en su belleza femenina, pero eso también lo hace con las obras de arte con las que trata en su trabajo para la revista artística. Cuando considera su relación estéril con Jeanne y la compara con las relaciones que tiene su amigo Frederic, es capaz de confesar:

"Me horroriza pensar que me parezca tanto a mi amigo Frederic que es pederasta. Las mujeres son para mí un objeto de placer estéril (...) Soy, incluso, peor que él puesto que, después de todo, él tiene hijos".

Sin embargo, la espiritualidad por la que se siente atraído (creemos que Oswald Spengler la llamaría "segunda espiritualidad") le sirve para autojustificarse, para pensarse superior a los demás, por el mero hecho de tener interés intelectual por las religiones (e hinduísmo es para él la más pura, pues el personaje -como buena parte de los europeos cultos de los años 30 sigue la moda del arianismo). Muy en la línea de Guénon y Evola, las religiones son para él manifestaciones de una religión primordial. Las notas relativas a la religión salpican los diarios del esteta, cuya línea principal es el relato que desemboca en la ruptura con Jeanne y también con su patrón. El protagonista va de cabeza a la soledad, íntimamente querida: su orgullo le impide soportar la subordinación a su jefe, su relación con Jeanne -un objeto para él, no una mujer- va deteriorándose progresivamente. La relación erótica (Jeanne) condiciona hasta cierto punto la relación laboral (el jefe). Por eso mismo, cuando rompa con Jeanne no se hará tardar la ruptura con el jefe.

¿Cómo es que llega a romper con Jeanne? Jeanne es una mujer normal. Ha podido llevar una vida frívola antes de conocer al "exquisito", pero cuando traba relación con él su propósito es el de anudar una relación. Pero para que haya relación hacen falta dos y el exquisito no está por la labor de comprometerse. Jeanne le revela que está embarazada. La noticia es como un torpedo en la línea de flotación de aquella frágil embarcación. Desde ese momento comienza la cuenta atrás y el barquito de esa relación superficial se va a pique, pues está basada en el sexo y -en el caso del "exquisito"- también en el goce estético. En su egoísmo, el personaje no impide que Jeanne se someta a un aborto. Incluso busca un médico para que lo practique y hasta un médico anarquista rechaza la oferta. Acompañando a Jeanne, el exquisito es capaz de advertir que la relación ha fracasado. Ni los gozos ni los goces, ni el placer ni las risas, ni la diversión ni la compañía pueden confundirse con el verdadero amor. El amor tiene todo eso -y también lo contrario: decimos nosotros- pero exige más y el egoísta está impedido para ello. En un ejercicio de cinismo el exquisito es capaz de saber y confesar que para una relación entre hombre y mujer:

"El sacramento es irreemplazable. La gracia del verdadero amor conmueve a dos seres y equivale al sacramento y llama al sacramento."
La víctima de esa pusilanimidad patentizada en el exquisito será su propio hijo. Ese feto, fruto indeseado de la satisfacción de la pulsión sexual, que sacrificará su madre. La víctima también será Jeanne que, en el aborto, perderá el hijo -que al principio quería- y perderá también el ovario que le quedaba, quedando yerma. La víctima será un tercer hombre al que conocerá Jeanne y que, -ahora sí, por amor- se casará con Jeanne, pero no podrá tener un hijo. El exquisito pasará impasible sobre sus víctimas.

El exquisito, ya vemos, es un egoísta redomado pero sin embargo es capaz de anotar felices intuiciones. En un momento ha llegado a escribir en su diario:

"¿Por qué Dios ha hecho el mundo? Tal vez la obra de arte, la belleza, justifique la locura de lo finito. (¿Y también la obra de caridad, de amor? Pero eso se me escapa a lo infinito)..."

Aquí está la clave de todos los males que ha producido el exquisito en su irresponsable relación con Jeanne: su concepción de lo divino. Para el exquisito no hay un Dios encarnado, personal, Jesucristo al que se le puede rezar. El exquisito no es cristiano. Es un gnóstico. Para él, Dios -dice que Dios no existe, lo que existe es lo "divino"- se confunde con su Ego. El exquisito no es cristiano, nos lo dice:

"Pero el catolicismo es el pecado original, la gracia, el amor de Dios y del prójimo. Todo ello tiene poca vida en mí, o casi transpuesto".

El amor del que nos habla el exquisito es una fría referencia a objetos: inorgánicos (el Partenon, la obra de arte), orgánicos (el cuerpo de Jeanne, objetualizado, desprovisto de alma): el exquisito no ama, es un nihilista. Usa la palabra "amor", pero el amor es otra cosa. El exquisito de Drieu La Rochelle se quedó sin saber lo que era el amor. Tampoco supo lo que es la religión, pues abrazó las corrientes de la falsa Tradición fascistoide de Guénon y Evola, orientalizantes y sincretistas, descafeinadas y para uso de mitómanos.

La diferencia entre este exquisito de Drieu y nuestros exquisitos contemporáneos es que el de Drieu tenía más cultura. Los resultados, a la vista están, son los mismos.

lunes, 19 de diciembre de 2011

LA NAVEGACIÓN DE SAN BARANDÁN


EL MEOLLO DE LOS VIAJES DE SAN BRANDÁN

Desde que tengo uso de razón siempre recuerdo que la lejanía ejerció sobre mí una poderosa atracción. Y, con la lejanía, el deseo apremiante de ir siempre más allá. Como una poderosa llamada de lo lejano, los horizontes nos reclaman: PLUS ULTRA. Eso tuvo que ser lo que empujó a nuestros antepasados a embarcarse rumbo a América. Es la aventura que nos llama, para conquistar el espacio. Pero en la línea del tiempo, al igual que en la del espacio, también hay aventureros: aventureros de la eternidad (y, aquí, amigos míos, entramos en la mística). Lo mismo que hay una curiosidad por ver qué hay al otro lado de las colinas del pueblico, existe la curiosidad de probar lo que hay más allá del aquí y, sobre todo, del "ahora". Y un aventurero siempre reconoce a otro aventurero.

Será por eso que la leyenda de San Virila, el monje de Leyre, me cautivó desde que la leí por vez primera. San Virila imploraba insistentemente a Dios el privilegio de experimentar anticipadamente la eternidad... Y Dios se lo concedió: Virila se quedó arrobado en el trino de un ruiseñol a la vera de una fuente, bajo la sombra del ameno robledal. Al retornar de su éxtasis (que le supo a poco), Virila regresó al monasterio... Ningún monje lo reconoció, tampoco él reconoció a ninguno de los hermanos. Y es que, en un abrir y cerrar de ojos, había pasado la friolera de tres siglos. La leyenda de San Virila también la podemos encontrar en otros cenobios, a otros monjes de la Cristiandad se les atribuye parecida experiencia. A las mientes se me viene el nombre de San Ero, fundador del monasterio de Armenteira, cuyo cuerpo se durmió en 1176 y, nos cuenta fray Basilio Duarte, despertó en 1376, habiendo tenido el alma gozando, en esos años de sueño de los deleites de la Gloria. Gontrán, Félix... Son tantos otros nombres de monjes que se refieren como protagonistas de parejas leyendas.

Y San Virila me ha recordado a San Barandán. Con San Barandán (San Brandán o San Borondón: indistintamente voy a referirme a él como San Brandán o San Barandán) estamos ante otro monje aventurero, esta vez irlandés. Yo me imagino a San Barandán con hambre de eternidad. Parece que lo estoy viendo ahora mismo, está San Barandán contemplando con sus ojos las bravías olas que rompen en la costa de Galway (que es lo mesmo que Gallaecia, como si fuese una sucursal gallega en Irlanda).

Así se pasaría San Barandán las horas. Sabemos de él que era de noble estirpe y hombre a carta cabal, muy leído y sensible. San Brandán es otro como San Virila: un culillo de mal asiento, que no se conforma con aguardar a la muerte para meter sus narices en la eternidad. Es una actitud que confieso me es muy simpática.

San Brandán llegó a ser abad y un buen día: "...se puso a rogar a Dios con insistencia, para que el Altísimo le mostrara el cielo de forma tangible, porque antes de su muerte él quisiera saber qué morada corresponderá a los buenos, qué lugar habrán de ocupar los malos, qué premio o castigo recibirán todos". Pide consejo al ermitaño Barinto y, reuniendo a un grupo de monjes, con ellos se embarca y se adentran en el océano desconocido.

El libro que relata este viaje ofrece un asombroso parecido con los relieves románicos, con los bestiarios medievales, donde todo está cifrado en figura zoomórfica: animales naturales y fauna ficticia conviviendo los unos con los otros. No es una novela de aventuras. Es un libro que el arzobispo Benedeit escribe, dedicándolo a la Reina Matilde, mujer de Enrique I Beauclerc, allá por el siglo XII. Se calcula que San Brandán vivió en el siglo VI. No hay, pues, ningún regusto en la descripción psicológica de los personajes, el relato es de un ritmo vertiginoso (si no se repara en los símbolos, tratando de desentrañar su sentido). Su autor Benedeit no pierde el tiempo, su propósito es didáctico.

Durante siete años San Brandán con su cenobio náutico sortea muchos peligros. Vez hubo en que poco faltó para dar con ellos en el fondo del mar. Pero muy pocos se perderán en la travesía que incluye no sólo el encuentro con monstruos, sino la visita al infierno (que aquí no está en los profundos de la tierra, sino en el mar ignoto). En el infierno San Barandán se ha entrevistado con Judas el Iscariote: y, cosa curiosa, el piadoso abad irlandés ha sentido lástima de los tormentos a los que está condenado el traidor Iscariote. San Barandán -con sus monjes navegantes- retornará a su patria, sanos y salvos. La Pascua de Resurrección de cada uno de los siete años de navegación han venido celebrando la Santa Misa sobre los lomos de un monstruo marino -enigmáticamente llamado Gasconia- que los monjes tomaron por isla, pero que no era tal (de ahí la leyenda de la isla de San Barandán, que aparece y desaparece, tal y como este enorme pez que solo reposa para la Santa Misa).

¿Qué es ese barco? ¿Y ese monstruo? ¿Y los siete años de navegación?

Aunque la zoología confirma que una ballena no es un pez, no podemos a ciencia cierta determinar la naturaleza del monstruo sobre cuyos lomos celebran Misa nuestros marineros. Ni San Brandán ni Benedeit supieron de mamíferos, Linneo no había nacido: para ellos, toda criatura acuática sería, como para los niños, un pez.

El caso es que salta a la vista que la Barca de San Barandán es la Barca de San Pedro (esto es, la Santa Iglesia Católica). Antiguos sepulcros paleocristianos traen dibujada una nave que simboliza el fin de la navegación del difunto que lo ocupa, significando también que el difunto ha muerto reconfortado con la vitualla de las bodegas de esa nave; la Nave de San Pedro que -en sus auxilios espirituales atiende a los vivos y moribundos: la Santa Madre Iglesia. A veces, esta nave se representa sobre un pez; lo que significa que la Iglesia (nave, barca) se sostiete sobre Jesucristo (pez): el símbolo pisciano de Cristo data del siglo II, y se basa en un jeroglífico del Mesías -tal y como nos lo revela San Agustín en "De Civitate Dei": Las letras de las palabras griegas "Ichthys" (pez) son iniciales del título de Jesucristo: Jesous Christus Dei Filius Salvator.

¿Y los siete años? Los siete años son las siete edades de la Iglesia (o lo que viene a ser lo mismo: las siete iglesias del Apocalipsis). Es por ello que pensamos que el libro podría contener profecías encriptadas: y su lectura podría ser, entonces, la de una fascinante incursión de San Brandán (y Benedeit) al futuro. Sería una posibilidad hermenéutica que nos arriesgaríamos a emprender muy pronto, en una segunda singladura.

Pero no es preciso para cualquier lector aventurarse a tamaña empresa, como la de interpretar profecías cifradas. Hay una enseñanza mucho más patente en todo el libro de Benedeit. En el curso de la aventura de San Brandán y sus hermanos hay un mensaje: la confianza en Dios, una confianza que vence todos los peligros, que supera todas las adversidades, tempestades, imprevistos, enemigos que se ciernen sobre la pobre barquichuela... Todo es superado por una invencible confianza en Dios:

"Brandán se aleja de aquellos parajes, y va singlando adelante, confiando en el apoyo divino. También los monjes saben con certeza que con Dios como guía van perfectamente seguros." (capítulo XXVII).

Todo está claro, meridianamente claro: confiando en Dios, nada les falta a los navegantes; confiando en Dios, no hay nada que temer -ni grifos, ni serpientes marinas, ni venenos; confiando en Dios, la Iglesia triunfará.

Ese es el principal mensaje de "El viaje de San Brandán". Así que: ¡Adelante! Imitemos a San Barandán, campeón de la confianza. Sople el viento a nuestro favor o en contra, Dios está con nosotros: nada hay que temer.

Eso nos enseñó mi Santo Patrón.

sábado, 17 de diciembre de 2011

YERBA, PALOMA Y SERPIENTE


"Sólo donde hay sepulcros hay resurrecciones".
(F. W. Nietzsche, "Así habló Zaratustra").
EN DERREDOR DEL SEPULCRO

Crecer como la yerba en las tumbas. Crece en muchedumbre y sin ruido. Nadie la aprecia. La yerba es algo vulgar y no llama la atención. Nadie repara ni en su color, ni en su belleza, ni en su olor, pero la yerba es fuerte en su humildad y es prolífica. Crece a la intemperie, resiste las noches frías y la escarcha del invierno.

Se olvidaron de la tumba, pensaron que allí no había nada más que huesos. Pero la yerba crecía alrededor del sepulcro.

Frente al cementerio el palomar. Nadie las oía. A las palomas. En el palomar. A pasitos sigilosos que nadie escucha, las palomas. Esperaban que los remos de rapaces carniceras rompieran el aire, sonaran los graznidos y así cazar el halcón. Pero eran palomas, blancas palomas, en un palomar olvidado.

Reptando por el suelo, no en línea recta. Describiendo eses: S S S S S avanza la serpiente. Nadie la espera y, sin piedad, muerde al descuidado, inyectándole el mortífero veneno, o lo ciñe y constriñe hasta matarlo.

Sea la yerba que esmalta el rocío.

Sean las palomas que zurean.

Sea la serpiente.

Y algún día Lázaro resucitará, cuando lo llame el Señor. Y dirán entonces:

"Ha resucitado España".

viernes, 16 de diciembre de 2011

POR UN VOCABULARIO RESUCITADO

Don Quijote en la jaula

POR NUESTRA DELIBRANZA


En el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua actualizado, la palabra "delibranza" no figura por ningún lado. En el Diccionario de la RAE de 1984 se la encuentra como sinónimo desusado de "delibración" que, a su vez, es forma antigua también para decir lo mismo que dice "deliberación". Sin embargo, en la séptima edición del Diccionario de la Lengua Castellana, publicado por la Academia Española (la misma RAE), el año 1832 se dice que DELIBRANZA es forma antigua de "libertad, rescate". La palabra "delibranza" se la puede encontrar en antiguas crónicas medievales.

¿Por qué esta breve nota sobre una palabra que ya nadie usa?

En los tiempos que corren, cuando la libertad verdadera está amenazada desde tantos frentes, incluso en su propio nombre, delibrar una palabra como "delibranza" lo creemos muy oportuno y conveniente. Queremos resucitar esta palabra, pues la tradición nunca muere. Puede desaparecer y aparecer, como la isla de San Barandán, como el Guadalete, pero siempre está ahí para que con amor le insuflemos nuevo espíritu. Y nuestra tradición está en nuestra lengua. No es, por lo tanto, por esteticismo estúpido, ni por estéril gusto anticuario que traemos a colación esta palabra, que la invocamos, que la conjuramos para que vuelva a hacer su morada entre nosotros y para que nosotros moremos en su querencia.

La carencia de léxico es uno de los principales problemas de nuestra sociedad. Y, como el patriotismo no es ajeno a los males contemporáneos, el patriotismo también tiene esta deficiencia léxica que hay que paliar. Volviéndose a los poetas, volviéndose a los grandes maestros de la Lengua, recuperaremos las palabras y, a nuestro conjuro, las palabras combatirán contra el enemigo.

En las palabras se juega mucho más de lo que los profanos suponen. Muchas palabras -"libertad" y "liberación" son buenos ejemplos- se han pervertido. Se han desustanciado. Decirlas, escribirlas es, en muchos casos, decir lo contrario de lo que quisiéramos decir (¿qué tiene que ver nuestra libertad con la "liberté" de los jacobinos?). Decir algunas palabras, de esas que el uso tiene gastadas, es como quien no dice nada. Las emplearon otros que se las apropiaron para sus perversos fines demagógicos, las mancillaron, las viciaron y las vaciaron.

Contra la "liberación", delibranza. Por la "reconquista", delibranza. Por la libertad verdadera, "delibranza".

jueves, 15 de diciembre de 2011

QUITADLES LAS MÁSCARAS

"Si vos manseritis in sermone meo, vere discipuli mei eritis et cognoscetis veritatem, et veritas liberabit vos".

"Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos y conoceréis la verdad, y la verdad os liberará". Juan 8, 31
CRISTIANOS Y ANTICRISTOS

Hay discípulos verdaderos, en eso estaremos de acuerdo. Los hay. Pero si hay discípulos verdaderos tendremos que inferir que los hay falsos. ¡Y vaya si los hay! Son los que no permanecen en la palabra de Dios. Al no ser discípulos verdaderos no conocen la verdad y, al no conocer la verdad, nunca serán libres. Pero el daño no sólo se lo hacen a sí mismos.

El peor perjuicio que ocasionan es que confunden: son lobos vestidos con piel de cordero, y como disfrazados de cordero, son mansurrones, pero prontos a espumear por las fauces, como lobos que muerden y matan. Por vestirse de seda no dejan de ser monas que, con sus feas muecas, apartan a muchos de la palabra viva que es vida, el Verbo Encarnado, Jesucristo.

Y cuando los discípulos falsos se dejan ver, sin el hábito que no hace al monje, ni la seda que se puso la mona, ni la piel de cordero, conociéndolos por sus obras las gentes van y dicen: ¿Y estos son los discípulos del Galileo? Las gentes no saben que también hay discípulos verdaderos de Cristo; por poco que sean, los hay y siempre los habrá. Son los que, por permanecer en la verdad, viven tal y como hablan, hablan de lo que viven y no mienten a nadie. Esos son los libres.

Los discípulos falsos oyeron al Mesías: incluso, pudieron estar -por un momento y sin que sentara precedentes- hasta de acuerdo con lo que le oyeron. Pero sucumbieron y, tijeras en mano, empezaron a hacer medias verdades: la verdad a medias siempre termina en mentira entera. En aquel entonces, le tendieron trampas, pagaron a Judas para que lo traicionara, lo prendieron, lo pasearon por sus tribunales, lo azotaron, le escupieron y lo crucificaron... Hasta los discípulos verdaderos temblaron y se escondieron.

Los discípulos falsos lo siguen oyendo, pero es como el que oye llover. Incluso puede que cumplan con el culto exterior, les gusta eso del culto exterior; pero siguen crucificando a Cristo en todos y cada uno de los que sufren la injusticia que ellos urden, que ellos ejecutan, que ellos consienten, que ellos permiten. Y la injusticia lo mismo da si se la hace a un chulapo en Guinea que a un negro en Chamberí. Oyen la verdad, pero prefieren vivir sin ella. Y así viven.

Los discípulos falsos van a los oficios divinos, compungen sus rostros mientras su mente divaga, no tienen "piloto automático", pero llevan puesto siempre el dispositivo automático de cara-de-estreñimiento. Entonan el "mea culpa" y se dan golpes en el pecho. Esos puñetazos en el pecho se los tendrían que dar sus víctimas, diciéndoles: "por vuestra culpa, por vuestra culpa, por vuestra grandísima culpa".

Si los discípulos verdaderos no lo dicen... ¿quién esperamos que se atreva a decirlo? Si somos discípulos verdaderos, ¿qué es lo que tememos?

Y no, no culpemos a los judíos, ni a los musulmanes, ni a los masones, ni a los comunistas, ni a los ateos, ni a estos ni a los otros. No culpemos a nadie de fuera mientras permitamos que discípulos falsos lleven el nombre de cristianos. Cuando mataron a Jesucristo, sus discípulos verdaderos temían, temblaban y se escondieron... Pero: ¿podemos haber olvidado que el Espíritu Santo descendió sobre ellos? Dejaron de temer y fueron a por todas.

Quitadles las máscaras, empezad por los traidores.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

ESTUDIA O REVIENTA... Y REVIENTA DESPUÉS

ALGUNOS CONSEJOS PARA LOGRAR UN EMPLEO Y CONSERVARLO A PORFÍA EN TIEMPOS DE CRISIS


"Estudia" -da igual si lo has oído en un tono imperativo (cual el de un padre despótico) o bien lo escuchaste, modulado en cursilera jerga de almíbar, propia de papi-chachi-piruli-amiguito de sus niños, comprensivo y pasado por la piedra de la psicopedagogía más blandengue. De una manera o de otra. Seguro que lo has escuchado.

"Estudia": así nos educaron. Estudiar era, por lo visto, el camino. La meta era una posición social y económica, construir un hogar y ser un ciudadano que vota de cuatro en cuatro años.

¿Para qué emprender nada? Hay que estar loco para emprender algo. (Esto ya lo trataremos otro día. Ahora vamos a la chicha de hoy.)

TRABAJAR PARA LO PÚBLICO

Estudia... Si en lo tuyo hay oposiciones, pon codos y gánalas (aunque el interino tenga ocupada tu plaza, consuela mucho saber que se posee la perseverancia y la disciplina que se requiere para estar en el paro con dignidad). Si tienes suerte, trabaja para el Estado: logra ser del aparato funcionarial del Estado (o de sus mini-estados autonómicos).

En el caso de trabajar para el funcionariado autonómico, además de ganarte el puesto cuenta con que también vale otra alternativa: arrimarte al sol que más calienta. Ya estás tardando en afiliarte al partido predominante. En ese caso:

-Si la autonomía es de las beligerantes (Vasconia, Cataluña, Galicia... Suele coincidir con alguna que tenga la lengua vernácula como arma contundente, arrojadiza o explosiva, ve a lo seguro -¿para qué perder el tiempo con partidos "españolistas"? Bah, esos ni chicha ni limoná, en esas comunidades autónomas hay que ser nacionalista, ya te buscarán acomodo.

-Si la autonomía es de las pasivas (Andalucía, Extremadura, etcétera...), afíliate a uno de los dos partidos mayoritarios. Pero, ten presente que, según tu alcurnia, será mejor que te hagas de uno o de otro. Sí, sí... Olvídate de ideologías: en el PP y el PSOE las diferencias son psicológicas. En el PSOE son buenos pagadores, si eres de orígenes plebeyos. La verdad sea dicha: cuidan de los suyos (y nadie vea aquí, en modo alguno, ironía alguna: todo lo público es para los compañeros del partido); los otros -los del PP- no son lo mismo, si quieres que te miren la cara, tendrás que ser muy muy amigo, o de algún clan reconocido y con derecho de pernada. El primero que se piensa que no hay nada más tonto que "un obrero de derechas" es el político de derechas, por mucho que se vista de centro. Y, bien mirado, todo es asunto -como llevo dicho- de psicología. Los del PP (digo los de pedigrí) siempre tuvieron criada, así que piensan que nacieron para que se les sirva. Si el afiliado desconocido se acerca a un jefazo del PP, el jefecillo del PP -si es que se digna atenderlo- puede que pregunte: "¿Y tú de quién dices que eres hijo?". Si tu padre no estaba con Fraga, la has cagado. Y el jefecillo pensará para sus adentros: "Hay que ver cómo está el servicio... En vez de barrer, quiere que le dedique mi tiempo." En fin, cosas de señoritos.


TRABAJAR PARA LA EMPRESA PRIVADA

En caso de no haber oposiciones, te queda la empresa privada. Son pocas, la verdad -y cada vez menos, están en peligro de extinción, como el lince ibérico. Pero no te preocupes, siempre habrá un tiesto para una mierda.

En la privada se entra de muchas maneras, pero casi siempre se sale por la ventana y de cabeza. No obstante, hay medios para mantenerse dentro. Lo primero es que hay que estar al día, lo cual significa que "ojo al toro" (¿el que contrataron a la vez que a ti -te sonríe? Pues ten por seguro que habla mal de ti: te habrá puesto un mote para desprestigiarte y valer más que tú; ¿El más tonto? Eso es que te lo parece a ti, míralo con qué arte se escaquea: ese hace relojes, seguro que los hace en su casa cuando nunca está allí donde se le necesita).

Siempre hay que tener presente que tienes que estar presto a satisfacer al jefe. ¿Que la empresa hace papel higiénico? No se te ocurra limpiarte el culo con otro papel y lleva el carrete contigo, que tu jefe vea lo fiel que eres a la empresa de su papel de mierda. ¿Que se dedica a hacer chorizos? Ve preparando tus carnes, que en cualquier San Martín te sacrificarán como a un gorrino... Para algo fuiste cebado, incluso durante los fines de semana, fiestas de guardar y vacaciones.

¿Qué es lo que cuenta en la empresa privada?

Puedes pensar:

-¿Mis habilidades?

-Buuueno, sí (ummm) Pero... cun-sí y cun-sá.

-¿Mi profesionalidad?

-Sí, bueeeeeno, pero... buffff.

Hay que ser prácticos. Olvídate de esas nimiedades... ¿Que en vez de papel higiénico te sale papel de lija? No pasa nada, ¿acaso tu jefe se va a limpiar el culo con el papel que tú haces?

Que en los chorizos cayó un poquico de arsénico... No pasa nada. ¿A ti qué te importa? ¿Vas a ver como se muere el desgraciado al que le toque el pato? La familia del difunto siempre podrá acusar a algún médico por negligencia. Pero, no te vayas a pensar: tampoco importa mucho a tu empresa, siempre y cuando -eso sí- no trascienda. El régimen interno: que es una dieta muy de feed-back... El jefe hace una y se cuenta dos... ¡Vaya vidorra que se raspa el tío! El jefe se come dos perdices y tú te comes sus cuatro mierdas. La empresa privada es muy orgánica: y a ti te tocó ser el culo.

¿Que te llevan a una reunión de empresa? Pon cara de alucinado. Hay que ver lo interesante que es la última gilipollez que le han vendido a tu jefe. Este tipo de ocasiones son magníficas para que los compañeros confraternicen. Estás compartiendo -a costa de tu sábado y domingo- un seminario de formación de empresa... O de técnicas de ventas... O de márketing... O de inglés para vender enciclopedias a españoles. En fin, es lo mejor que podría haber hecho el jefe y tienes que decírselo a tu jefe, pues no ganarás nada si te lo guardas para ti. Aunque te parezca mentira tu jefe no puede leer tu pensamiento -aunque te controle el correo electrónico, te tenga pinchado el teléfono y haya puesto un detective para saber que sí que vas al médico y no a putas. Recuérdalo: tu jefe no puede leerte el pensamiento, por eso tienes que decirle lo mucho que te gustan sus ocurrencias, aunque te hayan jodido el finde.

Si te han desgraciado el plan de fin de semana, tómatelo bien. Ya decía Epicteto -¿que quién es ese? Pues un desgraciado que también tenía un jefe como tú; ya decía Epicteto -venía diciendo yo- que el sabio toma el cuchillo por el mango y el necio por la cuchilla. Te han jodido el fin de semana, dalo por hecho, así que tómatelo por el lado positivo: con este cursillo de auto-motivación laboral vas a triunfar y mira, mira cuánto estás creciendo como persona... La azafata de la minifalda, esa que pone las botellitas de agua mineral, está haciendo muy bien su trabajo, pues con solo contonearse, con esas curvas y volúmenes, aporta mil y una razones para que -además de crecer como persona- te esté creciendo otra cosa en la bragueta.

Cuando regreses al día a día todo cuanto quedará de ese finde desperdiciado no será otra cosa que el vago recuerdo de la azafata -¿era rubia? ¿morena?: ¡lástima que no pudieras ligártela! Pero, tío, esa tía tienes muchas vueltas y ha visto a muchos gilipollas como tú que le cuelgan la chaqueta al jefe en la percha, se te nota a la legua que eres un mandao. Una tía como esa sólo se iría con un jefe (tranqui, con el tuyo seguro que no; es que no hay quien lo aguante). El interés despertado por la última gilipollez que se ha cuajado tu jefe tiene los días contados, después de las sonrisitas y la buena voluntad, nadie pondrá en práctico lo "aprendido" -si es que se aprendió algo. Pero tú quieres permanecer en la empresa, que la cosa está muy malita... Hay que ponerse manos a la obra: ¿Lo que nunca falla...? Pues muy sencillo: ya estás tardando en comprar una esponja, mojarla bien en agua y aprestarte a limpiarle el culo al jefe. Tiene que tenerlo siempre limpio pues todos, uno a uno (hasta el más independiente de sus empleados) tendrá que vérselo todos los días.

Siempre habrá algún inepto encumbrado, no lo dudes. ¿El fundador de la empresa? ¿Sus descendientes? ¿Sus pelotas arraigados? Por más abuelas que tenga, el inepto siempre está falto de halagos, así que tienes que adular, chaval, adular. Chaval, así es el mercado laboral-liberal o liberal-laboral: quien paga el salario siempre tiene razón, aunque no la use ni por descuido. También vale contar chistes, hay que ser simpático a la fuerza, estás obligado a ser feliz... ¿no ves que trabajas para el tío más chachi del mundo? Baila el agua, por sucia que esté en la jofaina. Y, a ver: ¿esa sonrisa de dientes límpidos y sin sarro? Bien, un poco más convincente, por favor... ¿Quién se creería tu sonrisa si parece que te están jodiendo vivo...?

¿Eh? ¿Qué dices? Ahhh... Sí. Ya. Se te oye desde aquí, creo que estás diciendo, textualmente, esto:

"Es que verdaderamente me están jodiendo vivo, no es que lo parezca".

¿Y que qué puedes hacer?

¿Y me lo preguntas a mí?

Pues...

Estudia.

martes, 13 de diciembre de 2011

QUIJOTADAS DEL HIDALGO DE TÁBARA

León Felipe, con capa española, de la misma guisa que la noche en que pudieron matarlo las milicias


DEL HONRADO Y VALIENTE HIDALGO Y POETA DON LEÓN FELIPE

El español -el título más grande que se le puede dar a alguien- Felipe Camino Galicia de la Rosa, más conocido como León Felipe, nació en Tábara (Zamora) el 11 de abril de 1884 y falleció, en el exilio político, en Ciudad de México, cuando corría el año 1968, siendo el 18 de septiembre. Allá por septiembre de 1959 cundió por España la noticia de su muerte en México. Cuando lo supo, Camilo José Cela no se lo creyó y por eso escribió "León Felipe no ha muerto" (Papeles de Son Armadans, 1959) escribiendo encomiásticamente el gallego:

"No; León Felipe -pensaba quien estas líneas redacta para dar alas a su voluntad de no imaginárselo desaparecido para siempre- es un violento toro ibero que de haber muerto, lo hubiera hecho, como corresponde, con un duro estrépito, con un eco sonoro y prolongado en miles y miles de cabezas y peidras y conciencias españolas".


En efecto, no le faltaba razón a Cela. Más de uno daba por bueno que el viejo y nietzscheano poeta de Zamora hubiera muerto, allá lejos en su exilio de México, donde añoraba su Castilla nativa.

En la introducción de la "Antología poética" de la obra del poeta León Felipe, Jorge Campos refiere, pasando de puntillas, que en Valencia León Felipe tuvo ciertas desavenencias con los "intelectuales" de la Segunda República. Jorge Campos nos dice textualmente: "alguna disensión surgida entre un sector de los allí albergados, con unas polémicas que saltan a la prensa, coincidentes con su postura aislada que refleja en el poema La insignia le crea una situación incómoda".

¿Qué había pasado para que León Felipe se pusiera en el punto de mira de los fusiles marxistas? A León Felipe le había sorprendido el Alzamiento Nacional de 1936 en Panamá, donde además de ejercer la docencia, desempeñaba el cargo de agregado cultural de la embajada española. Adicto incondicional de la Segunda República, desde que se conoce la noticia del levantamiento militar contra la República española León Felipe tiene problemas en Panamá: las noticias de lo que está ocurriendo en España no son del todo claras y, por si fuese poco, periodistas panameños la emprenden con él; también parece ser que ciertos miembros del personal de la embajada española adoptan una posición favorable al Alzamiento del 18 de Julio, todo esto provoca que, ni corto ni perezoso, León Felipe embarque rumbo a España, contra lo que dictaba la prudencia (mientras todos hacían por escapar, él venía al peligro: algo que, de por sí, ya nos dice mucho del arrojo del personaje). Con la franqueza que le caracterizaba así lo dirá él mismo:

"Me voy [de Panáma, a España] porque quiero saber la verdad sobre la tragedia de mi Patria y nadie me la dice. Ni los mastines, ni mis amigos tampoco. Quiero encontrarme frente a frente con la realidad exacta e inmediata...".


León Felipe llamaba "mastines" a los miembros de la Generación del 98.

NO PASARÁN se convirtió, como todo el mundo sabe, en el famoso eslogan. Los que lo habían lanzado, mientras tanto, se habían ido a Valencia. A ninguno de los intelectuales propagandistas -ponemos a un lado la egregia figura de León Felipe- se le ocurrió sucumbir en Madrid.



Es así como el matrimonio llega a Madrid y León Felipe se pone al servicio sin reservas de la causa republicana. Cuando arrecian los bombardeos sobre Madrid, Rafael Alberti, Dolores Pasionaria y el resto de la comparsa abandonan a los madrileños, dejándoles la consigna "NO PASARÁN", mientras ellos ponen sus posaderas a salvo, buscando la querencia del refugio valenciano. Una ciudad en el litoral levantino. Frente al Mediterráneo. Para poder escapar sin muchos problemas. Con el gobierno republicano a la cabeza. Sin embargo, León Felipe no parece querer huir y tiene la ocurrencia -diríamos que numantina- de autoinmolarse prendiendo fuego a la biblioteca de la Alianza de Intelectuales Antisfascistas. Así se lo confía a Rafael Alberti, pero éste, mucho más cuerdo y mucho más calculador, hizo desistir a León Felipe de su idea kamikaze.

Su estancia en Madrid le había causado situaciones comprometidas, donde a punto estuvo de ser pasado por las armas (y no por los fusiles falangistas ni requetés, sino por los de las milicias del Frente Popular). Nos lo relata un testigo nada sospechoso de franquista, Pablo Neruda:

"Volvía León Felipe de una de sus conferencias anarquizantes, ya entrada la noche, cuando nos encontramos en el café de la esquina de mi casa. El poeta llevaba una capa española que iba muy bien con su barba nazarena. Al salir rozó, con los elegantes pliegos de su atuendo romántico, a uno de sus quisquillosos correligionarios. No sé si la apostura de antiguo hidalgo de León Felipe molestó a aquel "héroe" de la retaguardia, pero lo cierto es que fuimos detenidos a los pocos pasos por un grupo de anarquistas, encabezados por el ofendido del café. Querían examinar nuestros papeles y, tras darles un vistazo, se llevaron al poeta leonés entre dos hombres fornidos"

("Confieso que he vivido", cap. 6).

Neruda recurrió a dos milicianos armados que venían del frente, rogándoles que intercedieran por León Felipe ante la cuadrilla pistolera. A León Felipe, con sus barbas nazarenas y su capa española, se lo llevaban a la tapia: "...lo conducían al fusiladero próximo a mi casa, cuyos estampidos nocturnos muchas veces no me dejaban dormir" -dice Neruda.

Milicianos en uno de sus saqueos eclesiásticos, denunciados sin eufemismos por León Felipe

Una vez instalados los "intelectuales antifascistas" en Valencia, León Felipe sigue metiéndose en líos. Los "intelectuales" de la Segunda República, trasladados a la ciudad del Turia se albergaban en la Casa de la Cultura. Es entonces cuando ocurre lo que Jorge Campos refiere -a lo que aludíamos más arriba.

El problema le vendrá a León Felipe por sus poemas. No sólo por "La insignia", sino también por el titulado "El hacha".

En "La insignia" León Felipe decía:

"Ahí están -miradlos-
ahí están, los conocéis bien.
Andan por toda Valencia,
están en la retaguardia de Madrid,
y en la retaguardia de Barcelona también.
Están en todas las retaguardias.
Son los Comités,
los partidillos,
las banderías,
los Sindicatos,
los guerrilleros criminales de la retaguardia ciudadana.
Ahí los tenéis.
Abrazados a su botín reciente,
guardándole,
defendiéndole,
con una avaricia que no tuvo nunca el más degradado burgués."

León Felipe leyó este poema en público, en la misma Valencia frentepopulista y más tarde lo recitó en el "Coliseum" de Barcelona, el 28 de marzo de 1937. Hacer esto, cuando campaban las milicias a fuero de "aquí te pillo, aquí te mato" era de una valentía que no sabríamos si aplicarle el calificativo de temeraria. Y además, León Felipe en su visionario ministerio de vate, no salvaba a ninguno:

"Y aquí estáis anclados,
Sindicalistas,

Comunistas,
Anarquistas,

Socialistas,
Trotskistas,
Republicanos de Izquierda...
Aquí estáis anclados,
custodiando la rapiña,
para que no se la lleve vuestro hermano".

Como podemos ver, sin concesiones.

En el poema de "El hacha" no era menos furibunda su denuncia de la degeneración a la que se habían dado el milicianaje del Frente Popular:

"En España no hay bandos,
en esta tierra no hay bandos,
en esta tierra maldita no hay bandos.
No hay más que un hacha amarilla
que ha afilado el rencor."

La postura individualista de León Felipe significaba una brecha en el compacto bloque de esa "intelectualidad" ideologizada, en su gran parte sumisa a los dictados de Moscú, instrumentalizada por la propaganda soviética.

Aquella disputa le granjeó a León Felipe no pocas molestias y si en Madrid -según nos cuenta Neruda- faltó poco para que unos anarquistas lo fusilaran, en Valencia fue el amparo armado del sector anarco-sindicalista el que lo preservó de la liquidación que algunos marxistas habían dictado contra el poeta díscolo.




Poeta consciente de su alto ministerio, hombre de española integridad.

La valentía de León Felipe, denunciando sin paliativos la barbarie de sus propios correligionarios, es algo que lo engrandece. Y, desde luego, es algo que explica que León Felipe apenas sea mencionado en los manuales de texto de Literatura, se le haya apartado discretamente de las librerías y bibliotecas y no se hable de él, como de otros que no tuvieron ni de lejos la bravura de alzarse contra el salvajismo sectario. Pero si el mundillo cultural regido por la izquierda acomodada y sectaria ha marginado a León Felipe, excomulgándolo de su panteón de poetas ilustres por serle tan incómodo, habrá que reivindicarlo desde otros campos.

Desde el campo de la honestidad y la españolidad más auténticas, por ejemplo.