jueves 12 de enero de 2012

ARRABALADAS DE ARRABAL


ARRABAL, MÁS QUE ARRABALADAS

Fernando Arrabal es un pintoresco español. Pese a levantar tan poco del suelo nunca ha dejado de destacar, que siempre dio la nota. Su exilio a Francia se convirtió en larga residencia y, de vez en cuando, nos honra con alguna visita. Su obra literaria es publicada, traducida a varios idiomas. Y, como tantas veces ha ocurrido, no ha sido profeta en su patria, sino punta de lanza de España en las vanguardias, siendo más conocido en el extranjero que en el ruedo ibérico.

Sin embargo, en España se le conoce. Y se le conoce más por sus excentricidades que por otros méritos, pues de todos es sabido que las tribus que hogaño viven en la península son menos leídas que las de antaño. Es por eso mismo que Arrabal (que no tiene ni un pelo de tonto) les ha dado a los españoles lo que los españoles quieren: espectáculo y astracanada. Muy pocos españoles hemos disfrutado leyéndolo. ¿Qué español puede decir que haya leído uno de sus libros? ¿"Pic-Nic"? ¿"Baal-Babilonia"? ¿"La torre herida por el rayo"?

No las tengo yo todas conmigo. Si tuviera que pasarle revista a usted, español, sobre las obras que ha leído de Arrabal... ¿cuál ha leído? Al menos: ¿podría decirme los títulos de sus obras dramáticas o novelas? Y tendrá que reconocerme que somos muy pocos los que formamos el reducido grupo de lectores de Arrabal. Pero si le digo que Fernando Arrabal fue aquel que en 1989 -en cierto programa de Sánchez Dragó- anunció, cual heraldo catastrofista, que "el Apocalipsis va a llegar", entonces sí. Hasta los adolescentes han visto el vídeo, aunque sea en You Tube (pinchando ahí puede verse). Allí estaba Arrabal, celebrando la ceremonia de la confusión, por poco si no se cae de la mesita central alrededor de la cual se sentaban los contertulios. Arrabal estaba en un estado etílico difícil de olvidar. Y todos reiremos aquel simpático incidente retransmitido en televisión.



Aquella proeza de Arrabal nos lo hizo prójimo. Aquellas escenas televisivas han hecho historia en nuestro corral nacional. Podemos aventurar que en aquella ocasión Arrabal no pudo culpar al cisne de haberse bebido su bodega. (Diré, para los profanos, que ese cisne es un personaje surgido del delirio que aparece en el "Laberinto Segundo" de "Arrabal celebrando la ceremonia de la confusión": un cisne que abandona el estanque y que nos pinta Arrabal bebiéndose los licores todos de su bar casero). En esa ocasión, la bodega se la había trincado el mismo Arrabal. Menuda tajada que llevaba.

Pero si lo traigo hoy a colación es por haberle visto (y escuchado) recientemente en un programa televisivo. Era el programa de El Gran Guayomin: cuando uno está aburrido es que ve cualquier cosa. El caso es que celebré encontrarme con Fernando Arrabal, aunque el "lugar" televisivo fuese tan poco recomendable. Y allí pude escucharle algo que me lleva dando vueltas desde que se lo escuché: ¿será verdad lo que contó o lo vio en alguno de sus "viajes"?

Contó Fernando Arrabal que había visto a la Virgen María (bueno, eso ya es antiguo. Lo ha contado muchas veces). Pero también contó que los anarquistas españoles, supongo que durante la transición, lo invitaron a conferenciar y que, fiel a su histrionismo (¿quién sabe si a algo más?), Fernando Arrabal dijo, ante todos los anarquistas, que él había visto a la Virgen María y que los anarquistas -él, el primero- tenían que pedir perdón por el genocidio de católicos perpetrado durante los años 30. Y dijo más Arrabal, dijo que él se puso de rodillas, delante de su auditorio, y que buena parte de anarquistas lo secundó. Y pidieron perdón por las masacres y el incendio de conventos e iglesias.

La anécdota podría pasar -para muchos- por una payasada más de Arrabal, una "arrabalada". En cambio, yo no quiero dejar pasar por alto el episodio relatado por Arrabal. Pues ora fuere un suceso realmente sucedido, ora fuere una fantasía imaginada por el estro poético de Arrabal... Sería un magnífico antecedente que recordarle a muchos, para que se aplicaran al cuento.

7 comentarios:

Alphonse Marquis de Montauran dijo...

Mi muy estimado amigo:
Jamás dejará de sorprenderme haber encontrado por medios electrónicos a alguien como usted, con quien comparto tantas extravagantes aficiones.
Quisiera por ello, con motivo de esta entrada sobre Arrabal, reclamar su atención sobre mi admiración hacia la escuela patafísica, reflejada en el enlace permanente que tengo en la parte inferior de mi bitácora hacia la obra de Alphonse Allais, acompañado de una de sus celebradas frases: “El hombre está lleno de imperfecciones, no resulta sorprendente si se piensa en qué época lo hicieron”.
Y sí, por supuesto, Arrabal ostenta el título de “Trascendente Sátrapa” otorgado por el Colegio de Patafísica.
De hecho, aunque la patafísica tiene su origen en la obra póstuma de Alfred Jarry “Gestes et opinions du docteur Faustroll, pataphysicien” publicada en 1911, no me cabe duda de que Alphonse Allais es el precursor de esta “ciencia de las soluciones imaginarias”, como dejan patente sus obras a los lectores avezados. Quiero decir que la lectura de Allais deja claro que nada está claro, no dejando claro nada, ni siquiera lo que nos quiere decir, si es que nos quiere decir algo.
Por eso Alphonse Allais, que yo considero más patafísico que fumista, si se pueden distinguir ambas escuelas, es citado en el Almanaque del Padre Ubu de Jarry como: “Alphonse, celui qui ira” (“Alphonse, el que irá”, ya que “allais” es el imperfecto de “aller”, es decir “fui”).
Y llegado a este punto, es precisamente la patafísica, la más vasta y profunda de todas la ciencias, que las contiene a todas, quieran o no, la ciencia de las soluciones imaginarias, la que explica que personas como usted o como yo seamos capaces, en ocasiones, de ver un programa de televisión, y no cualquiera, sino uno de los más abyectos y pestilentes, como es el del Gran Wyoming.
Porque sin saberlo, todos los hombres practican la patafísica, y de hecho dejar de respirar sería para ellos más sencillo que no hacerlo, pues la patafísica, la principal de las ciencias exactas u inexactas, de las bellas y feas artes, de las actividades e inactividades literarias de todo tipo, está en todas partes. Abra usted un periódico, encienda la televisión, hable y… Voilà! Pataphysique.
Porque usted y yo somos excepciones, como lo son todos los hombres, ya que en el mundo únicamente hay excepciones, la regla es sólo la excepción de la excepción, y el universo es una excepción de sí mismo.
Disculpe que emplee su bitácora para rendir mi surrealista homenaje a los fundadores patafísicos, pero la culpa la tiene usted por hablar bien del fundador del pánico. Cuando quiera hablamos del milenarismo.

Alphonse de Mon Taurin

Barandán dijo...

¡Magnífica exposición, Alphonse! Sólo los indocumentados pueden sostener que el Tradicionalismo está de espaldas a la cultura. No hay cultura sin Tradición. A los advenedizos les molesta mucho hacerse cargo de una gran verdad: la cultura es lo más Tradicionalista.

Embajador en el Infierno dijo...

Estimado Barandán,

Entre mis más preciados recuerdos de niñez y adolescencia recuerdo como si fuera hoy la conferencia esa de Arrabal en la CNT hablando de la Virgen María. Lo vi en la TV, concretamente en el telediario de mediodía de TVE, cuando solo habían dos canales. Yo era un niño pero sabía lo que era la CNT, aunque no conociera al tal Arrabal. Me pareció un cachondo mental de tomo y lomo.

Herederos dijo...

Lamento no compartir mi admiración por la bufonada mediática, tantos grandes autores de teatro español proscritos al purgatorio y al olvido, el gran Martín Recuerda entre ellos. Sobre la tradición Eugenio D'ors lo dijo mejor que nadie. Arrabal sería parte de ese plagio que suponen las vanguardias, ni una gota de teatro y menos de teatro español en su tinta.

Barandán dijo...

Embajador: Ayer te daba las gracias por corroborar que la anécdota había sido real. Y hoy he visto que no se publicó mi comentario. Disculpa por la demora.

Herederos: Cada cual hace muy bien en tener la libertad de decir lo que le gusta y lo que no le gusta; por lo tanto, no hay nada que lamentar en relación a disentir con lo que aquí contaba yo. Sí creo que hay determinadas expresiones concretas (aunque pertenezcan a lo que llamamos vanguardias artísticas) que tienen su mérito. Otra cosa es que algunos "artistas" poniéndose la etiqueta de cualquier -ismo ya piensen que son genios. Creo que Salvador Dalí es un genio (con o sin surrealismo).

Un saludo

Herederos dijo...

Mi estimado Barandán,

Recuerdo una entrevista con Ramón Gaya por la radio, le preguntaron sobre Dalí, perplejo contestó "estabamos hablando de pintura ¿no?". A Borges le preguntaron por un libro que había publicado Dalí, este dijo: "no conocía que tampoco supiera escribir"

Mal ejemplo me pone, un genio de la publicidad en cualquier caso. Lo único vanguardista es siempre la verdad, que rompe con una mentira anquilosada, los grandes vanduardistas han sido siempre arcaizantes: Eliot, Pound, Ghelderode... En España Solana, que fue vanguardista precisamente por romper con la modernidad en ciernes.

Discrepancias de un amigo que le envío con un abrazo

Barandán dijo...

Hubo una larga etapa final en la trayectoria de Dalí en que, en efecto, se dedicó a escandalizar y vivir de la publicidad.

Eliot y Pound (en poesía y ensayos) y Ghelderode (en teatro) son muy buenos ejemplos traídos por usted. A los tres los tengo en muy alta consideración.

Las discrepancias nunca enturbiarán el afecto que es mutuo.

Un saludo