jueves 19 de enero de 2012

ASÍ LAS "CAZABA" EL CAPITÁN AHAB


BROMITAS CON MOBY DICK

Si hay algo que me guste más que el humor es el chicoleo. Que pase a mi lado una mujer -con todo lo que tiene que tener una mujer- y no le faltará el piropo, se pongan como se pongan esas que, de feas que son, no soportan que se le requiebre a las guapas. A mis amigos, a veces, les gasto bromas. Les digo: "Te voy a quitar el coche" o "Estas cervezas las pagas tú". Y, como me entienden a la primera, como saben que no me montaré en su coche sin su permiso y que haré lo posible por pagar mis consumiciones, mis amigos me ríen la gracia -si están de buen humor y, si no lo están, pues la broma pasa sin que la sangre llegue al río.

Otra cosa es si soy ministro y tengo las cámaras delante de mí, grabándome. Entonces, si le digo "¡Gibraltar, español!", pongamos por caso, a Charles Tannock... ¿qué pasaría? Pues que si soy yo, el eurodiputado británico me la monta parda y ya tenemos conflicto diplomático. Pero si el que se lo dice es José Manuel García-Margallo la cosa cambia un huevo. Tannock se hace el longui y los que están sentados en su casa se dicen: "¡Qué tío, qué grande!".

Pero, no nos entusiasmemos, que Gibraltar sigue siendo británica. Y es que las bromas son eso, bromas. Bromeando se puede ir a cazar ciervos con caña de pescar, que no pasa nada: el ciervo no te ensartará en su cornamenta, pero no cuentes tampoco con cazarlo. Bromeando se puede querer "cazar" a Moby Dick con una ratonera.

Nos podemos reír todos. El que hace la broma, el que la recibe y el que la ve. Pero, entonces, ¿por qué tanto revuelo con una broma? Con algo como Gibraltar no tendría que bromearse.