miércoles, 18 de enero de 2012

MOVIMIENTO RETORNA Y PUEBLA

LA OPERACIÓN SALIDA


En el mes de mayo de 2012 empezaron a salir de las ciudades largas colas de vehículos, una luenga caravana. Parecía una "operación salida", pero no había ni puentes festivos ni vacaciones: sería miércoles a secas. En los atascos se veían muchos camiones, muchas furgonetas y pocos vehículos de clase turística. Se veían furgonetas con familias que apenas llevaban consigo sus trastos. Las firmas bancarias les habían aliviado el equipaje, aligerándoselo considerablemente. Pero la gente se iba. No podía estarse por más tiempo en la ciudad.

Las oficinas de atención a los desempleados empezaron a computar muy poca clientela. Los parados habían desaparecido. Que se supiera, tampoco es que hubieran sido contratados. A la puerta de una oficina de la capital, un equipo de periodistas preparaba su retransmisión en directo, para el parte del mediodía.

"Llega un momento en que te plantas, ya está uno harto de estos notas" -dijo un tipo vestido con chandal a un noticiario. "¡Que se vayan a la mierda!" -se oyó decir a espaldas del cámara que estaba grabando aquella escena. El que gritó no apareció en imagen, pero tenía un buen vozarrón. La chica periodista (muy posiblemente becaria) siguió entrevistando a aquel individuo del chandal con aspecto de desempleado y, acercándose el micro a su boca, va y le pregunta: "Pero, ¿qué hará usted ahora?".

-Pues lo que no voy a hacer es lo que he hecho hasta hoy, venir aquí para que me digan siempre lo mismo. Así que me he unido al movimiento y voy a un pueblo abandonado.

¿A qué movimiento se refería aquel hombre? No era el movimiento de ocupación típico, el subvencionado por las concejalías más progresistas, se trataba de un movimiento sí que de ocupación, pero sin vinculaciones ideológicas ni plantaciones de marihuana. El movimiento como tal, para desmarcarse de los okupas, se hacía llamar MOVIMIENTO "RETORNA Y PUEBLA". Estaba formado por gente normal, jóvenes matrimonios de misa dominical, y la mayor parte de sus miembros tenían titulación universitaria. RETORNA Y PUEBLA se había ido formando en las oficinas de CARITAS, un joven sacerdote católico -y, a decir de muchos, más tradicional que los Seises de Sevilla- era el líder del movimiento (al menos, eso decían en las tertulias televisivas). Lo cierto es que no se le había ocurrido al presbítero, pues la idea la había leído en un blog llamado LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS.

El Padre Hernández (así se llamaba el curita) reconocía que la inspiración para fundar aquel movimiento le había venido de LIBRO DE HORAS, pero también de la experiencia que se desarrollaba durante décadas en el pueblo de Marinaleda, provincia de Sevilla, a cuyo frente estaba Juan Manuel Sánchez Gordillo. El Padre Hernández, ni corto ni perezoso, pidió permiso a su Obispo y empezó a organizar en la oficina de CÁRITAS de su parroquia la operación salida. Se había consultado mapas y un grupo de geógrafos -en paro, como casi toda España- se habían aplicado a estudiar las condiciones de los núcleos abandonados de población: agua potable, estado de las cañerías (si es que las había), iglesias y ermitas derruidas, fuentes, estudios edafológicos habían servido para escoger los pueblos a los que retornar.

Cuando todo estaba previsto, el cura comunicó desde el púlpito que se abría el plazo de inscripción. Durante semanas, la revista parroquial -que se fotocopiaba en la sacristía- venía anunciando el MOVIMIENTO RETORNA Y PUEBLA. Los feligreses afectados por el paro de larga duración tenían prioridad, por eso se requerían ciertos papeles. Con su papelamen fueron a inscribirse.

Y así empezaron a llegar las gentes a pueblos de Soria y Guadalajara. En otras parroquias, otros curas se dedicaron a organizar la "operación salida" de sus parroquianos. Pronto, el MOVIMIENTO RETORNA Y PUEBLA se fue multiplicando en otras diócesis, adoptaba otros nombres, a veces de indudable sabor tradicional: el MAESTRAZGO, la LOMA, la ALCARRIA, la ALCUDIA.

Aquellas familias, cuando llegaban a los pueblos, tenían por delante mucho que hacer. A veces las ruinosas casas estaban inhabitables y, mientras que eran reparadas, la gente vivía durante el día, trabajando de albañiles y carpinteros, y por la noche se juntaban al fuego de una hoguera, yéndose a dormir a tiendas de campaña o en barracones.

Se habían puesto a trabajar. Las tierras que no se cultivaban durante décadas, volvían a sembrarse. Y en los pueblos españoles habían vuelto a corretear los chiquillos, a jugar a la peonza y los campanarios sonaban.

Como el lector sabe, estamos en el mes de enero de 2012. Mayo no ha llegado todavía. Y cuanto aquí se ha escrito es un presentimiento.

Pero, ¿verdad que sería hermoso que algo así ocurriera?

3 comentarios:

Alphonse Marquis de Montauran dijo...

Sin duda sería magnífico, aunque no se haga usted muchas ilusiones.
Sin embargo todo llegará, por las buenas o por las malas.
Por mi parte no me cabe duda, pasará algún tiempo, pero el futuro de mi familia, en el sentido más amplio, está en la casa del pueblo, las tierras, las vides, los olivos...

Barandán dijo...

Querido Alphonse:

En efecto, pocas ilusiones hay que hacerse. Mientras que el común persevere en el error de creer que le va a ir mejor en la ciudad, esperando una oportunidad que difícilmente llegará, y mientras persistan los prejuicios anti-rurales que han arraigado durante largas décadas, es difícil convencer a nadie de retornar y poblar.

El retorno y la puebla no hay que ofrecerlo como una vía bucólica ni idílica, sino como una salida a una situación que no mejora y que, a todas luces, empeorará.

La situación actual de España es tan lamentable que se hace algo como esto o los españoles tendremos que irnos y con España se quedarán "otros".

Y si esto se hace, mejor será que iniciativas así surjan en la Iglesia Católica Apostólica y Romana. La encomiabilísima acción social de la Santa Iglesia no tiene que quedar restringida a ser dispensario de alimentos y ropa.

Creo que las Diócesis tienen que empezar a trabajar en el sentido de este pequeño relato con el que he querido ofrecer una solución. Espero que me estén leyendo muchos sacerdotes y obispos.

Señores Obispos: permítanme sugerirles que formen inmediatamente una oficina episcopal de repoblación rural.

Uno siembra al viento y si hay buena tierra y la semilla agarra, ya habrá cosecha.

Saludos muy cordiales, Alphonse.

Gonzalo dijo...

Buf... es algo que me ronda la cabeza hace años. Y cuando digo años hablo de muuuuuchos años.